Construyeron tres hoteles en San Antonio Oeste: Siglo XX, Comercio y Americano. “El pueblo más pujante…”

 

“Mi padre fue un típico gallego producto de aldea, iniciado como grumete en la marina mercante alemana, como forma de tener algún horizonte y “escapando” de las cortas posibilidades que le ofrecía su aldea natal en Coruña y dentro de una familia numerosa”.

“Como grumete, al principio, navegó muchos mares aprendiendo el oficio de marino mercante”, cuenta su hijo Antonio en “Una vida Patagónica”, texto inédito del cual es autor.

José García Brantúas nació el 6 de enero de 1884 en Culleredo, provincia de la Coruña, España.

Por el año 1900, siendo ya piloto, su barco, el “Columbus”, rompe una hélice y, buscando aguas tranquilas donde repararla, ancló en las mansas aguas del Golfo San Matías y decidió quedarse.

Con el lastre que traía el barco levantó, en el Puerto del Este, dos piezas y una cocina, con la intención de seguir construyendo un hotel, pero tuvo muchas dificultades porque los médanos vivos que, según el viento, cambiaban de posición y cuando no era del sur, era del norte o del este o del oeste, siempre terminaban tapando la construcción.

En ese tiempo, Adolfo Russo otro marino mercante, también decidió establecerse en el Saco Viejo, trabajaba para la firma Contín Benito y Cía, quienes le encomendaron explorar La Caleta con el fin de cerciorarse que era navegable para que la empresa pudiera establecerse en el oeste.

Así lo hizo el “Lobo de mar”, como le llamaban a Adolfo. A bordo de la embarcación “Antonio Calcagno” comprobó que era navegable y abrió la posibilidad para que las barracas instaladas en el Saco Viejo se instalaran en el oeste.

Adolfo Russo y José García Brantúas se hicieron amigos, tal vez porque ambos habían tenido el mismo destino en la vida, los dos fueron grumetes desde muy temprana edad, navegaron muchos mares aprendiendo el oficio y cada quien por su lado había decidido anclar su vida en el Saco Viejo.

Al ver las complicaciones que enfrentaba su amigo José con la construcción que había iniciado, Russo le cuenta de lo reparado del lugar y de las posibilidades de que el verdadero movimiento se diera en el oeste.

José García Brantúas decidió trasladar lo poco que había construido en el este hacia el oeste y volvió a levantar aquella construcción en la Avda. Comercio del flamante Puerto San Antonio Oeste, con el mismo sueño que tenía en el Puerto del Este, convertir esa cocina y esas piezas en un hotel.

Los tiempos no eran fáciles, comenzaba a gestarse Puerto San Antonio Oeste, eran los primeros pobladores producto del éxodo desde el Saco Viejo y todo estaba por hacerse.

José tenía una máquina para pasar películas y, a la par que construía el hotel, se ganaba la vida pasando películas no solo en San Antonio Oeste, sino también en los pueblos de la zona.

 Algunos años después, aquella cocina y dos piezas, dieron lugar al primer hotel sanantoniense, el “Hotel Comercio”, que debió su nombre a estar ubicado en la Avda. Comercio, calle principal de entonces, frente a La Marea.

 “Eran edificios, o quizás galpones de típica arquitectura primitiva patagónica, esto es, estructura de pinotea rústica, paredes exteriores y techos de chapa zincada inglesa, forro interno de paredes y pisos de tablas largas de pinotea; este conjunto constructivo presentaba una solución a los requerimientos patagónicos de características admirables, tal es así que han perdurado a través del tiempo”

                                                                                            Texto de “Una vida Patagónica”. Antonio García.

Cuenta Adolfo Lavalle, nieto de Adolfo Russo, que esta amistad de su abuelo con José Brantúas los une en sociedad y un tiempo después del Hotel Comercio, construyen el hotel Siglo XX en la esquina de Avda. Comercio y la actual calle Sarmiento.

En esa misma época, Domingo Díaz hacía un servicio de diligencia desde Patagones y entraba a San Antonio solo cuando la marea baja se lo permitía, pero también estaba marcando postas posiblemente con la intención de que su servicio se extendiera un poco más.

Domingo instaló una posta en la entonces Avda. Comercio y calle Sarmiento, en diagonal al Hotel Siglo XX, ocupó toda la cuadra desde la mencionada esquina hasta el final de la calle Sarmiento sobre La Marea y parte de la Avda. Comercio.

Luego de instalarse trajo con él a su familia, su madre Amelia, y sus tres hermanas: Amelia, Elena e Inés.

En un sector, frente a la marea, sobre la calle Sarmiento, Domingo delimitó el patio de las mulas y caballos y, sobre la Avda. Comercio, construyó un salón para descanso y recepción y envío de correspondencia y encomiendas. En ese salón de descanso también instaló una biblioteca y alquilaba los libros a los habitantes de San Antonio.

 Sus hermanas trabajaban con él. Amelia lavaba ropa, Elena, atendía la librería e Inés que era la menor fue la profesora de piano de la localidad.

Cuando se construyó la sala de cine, Inés, que era una excelente pianista, tocaba el piano en los intervalos.

Así, el nuevo asentamiento iba tomando forma.

En la Avda. Comercio el movimiento comercial se hacía cada vez más intenso, el Hotel Siglo XX y el Hotel Comercio daban alojamiento, la Posta de Domingo Díaz ofrecía el servicio de correo, un poco más adelante, en la misma cuadra, sobre la Avda. Comercio estaba instalada La Fonda de Paderno.

Tarruella y Gerohl ya habían trasladado la herrería desde el este.

Don Isidro Álvarez vendía leche fresca y quesos de sus cabras y también leña que recolectaba con su carro llamado “El Solito”.

Desde el paraje Los Molinos la estación meteorológica brindaba informes del clima a los barcos y a las caravanas de arreo de ganado.

Juan Rodríguez, Tarruella y Victoriano Azilú vendían el agua ya fuera por baldes o llenando bordalesas.

Sobre La Marea los carros iban y venían en un incesante acarreo hacia y desde las barracas a los muelles que se iban sumando uno tras otro…uno, dos, tres…seis muelles!!!

Cada vez había más barcos atracados desde donde transportarían los frutos del país hacia Buenos Aires y el mundo y, en todas partes, se oían voces venidas de otras tierras al mismo tiempo que los pobladores del este continuaban con el éxodo.

Uno de estos días, José García Brantúas se cruzódesde el Hotel Siglo XX hacia la sala de espera de los Díaz a buscar un libro.

Elena, como siempre, atendía la biblioteca y mientras tanto tejía un almohadón.

José, tal vez por pura curiosidad o por entablar una conversación o quizás el libro fue solo una excusa, jamás lo sabremos, le pregunta aElena para quien tejía ese almohadón

¡Para usted! – respondió Elena

Poco tiempo después Elena y José se casaron en el Hotel Siglo XX yvivieron allí por un tiempo.

Puerto San Antonio Oeste seguía creciendo, la cantidad de niños hizo imprescindible la creación de la Escuela nº 23, el Ferrocarril del Estado descarga en el muelle de Punta Verde todos los materiales para la construcción de la línea San Antonio – Nahuel Huapi y desde Inglaterra llegan las casas que se instalaban sobre la costanera para el personal jerárquico ferroviario.

Puerto San Antonio Oeste era, entonces, el pueblo más pujante de la Patagonia y de importancia a nivel nacional.

En la Avda. San Martín había una casa comercial en venta, José García Brantúa y Adolfo Russo compraron el edificio para la construcción de un nuevo hotel. El Hotel Americano.

Cuenta Adolfo Lavalle que “su abuelo extrañaba el mar y le propuso a su socio deshacer la sociedad, que él se quedaría con el Hotel Siglo XX y le cedía a José G. Brantúas el Hotel Americano. Así lo hicieron y Russo alquiló el Hotel Siglo XX y se dedicó nuevamente a las tareas del mar”.

El Hotel Americano era de categoría superior a los de la Avda. Comercio, su construcción fue hecha con ladrillos, las habitaciones eran más espaciosas y contaba con dos elegantes comedores y un Recreo en el patio.

El mobiliario y vajilla de porcelana y plata fueron traída desde Inglaterra.

En este hotel se alojaron muchos viajeros importantes, el más emblemático fue Antoine de Saint Exsupery.

 Se cuenta que Antoine Saint Exsupery se alojaba en la habitación del primer piso que daba a la calle y por las noches solía sentarse en el balcón a mirar las estrellas y, como buen francés, comer otras y beber champagne.

 Decía que “nunca había visto un cielo tan puro y estrellado como acá”. Así rememoró Miguel Neman, un piloto local y amigo de Exsupery, en una entrevista que hace años le realizó el periodista Carlos Lambertucci.

 En el Hotel Americano nacieron los dos primeros hijos del matrimonio de José y Elena: Darío y Raúl.

Cuando finalizaron la educación primaria, José decidió volver a España para que sus hijos continuaran con sus estudios.Alquiló los dos hoteles y volvió a su tierra natal en La Coruña

En España nació Antonio, su tercer hijo.

Pasado un tiempo, José comienza recibir noticias alarmantes del funcionamiento de sus hoteles y regresa. Vende el Hotel Comercio para invertir ese dinero en recomponer la situación del Hotel Americano el que continuó por muchos años siendo un negocio de la familia y ofreciendo sus servicios con el mismo señorío de sus comienzos.

“…La cocina era clave, mi madre Elena tuvo siempre una excelente y reconocida mano para ello, además de gusto y arte para la preparación y presentación de los platos a los comensales. Otras de sus cualidades invalorables fueron la utilización de los frutos de mar de la zona…”

                                                                                            Texto de “Una vida Patagónica”. Antonio García.

Los hijos del matrimonio cumplían muchas de las tareas, desde llevar mensajes, atender el despacho del bar a la hora de la siesta, cuidar los pavos criados en el patio trasero del hotel destinados al comedor, hacer mandados, actuar como mozos, exterminar nidos de cucarachas, arreglar techos y también matar gatos vagabundos para que el peletero Malinsky hiciera los quillangos que se entregaban acada huésped en invierno.

Los años pasaron, el Hotel Americano, conservando su fachada, dejó de funcionar como tal, se alquiló como local partidario durante un tiempo, también perfumería y por último se vendió a la familia Flehr que remozó su imagen e inició un nuevo ciclo como confitería y restaurante

 Texto: Patricia Capovilla. Escritora sanantoniense.

 Fuentes: Relatos de Fernando y Roberto García. Nietos de José García Brantúas.

 Relatos de Adolfo Lavalle. Nieto de Adolfo Russo.

“Crónica de un pueblo con sed de progreso”. Patricia Capovilla.

“Una vida patagónica”. Antonio García. Libro inédito.

  Diario Río Negro.

 

 

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