La geoda misteriosa y la espiga. Enigmas en cualquier lugar

Hay en la naturaleza misterios insondables que no tienen respuesta. Enigmas que desvelan a los investigadores y que la ciencia aún es impotente para dar una señal o un indicio. Solo algunos aventurados arriesgan algunas hipótesis rayanas en lo fantástico.

Y las preguntas se suceden unas a otras: ¿Quién diseñó las “líneas de Nazca? ¿Qué significaban las figuras de Altamira? ¿Qué adelantado diseño los misteriosos mapas del almirante turco Pirí Reis? ¿Quién ideó una pila eléctrica hace 2.500 años? ¿Qué función cumplían las gigantescas esculturas de la isla de Pascua?

Todos misterios sin resolver. Enigmas. Y aquí en plena Patagonia, en las alturas de la maravillosa meseta de Somuncurá: Pozos que respiran, la pila bautismal de la Gotera, la “piedra que camina”, la cabeza barbada, la cruz templaria, la laguna del Señor de las Aguas, la vieja dueña de Yamnagoo, y otras maravillas similares, cada una con su misterio y su leyenda.

En las antípodas, en el hemisferio Norte, otra curiosidad que es el tema de nuestra nota. Inexplicable. Asombrosa.

Louis Pauwels y Jacques Bergier, en su interesante libro “La rebelión de los brujos”, se refieren a este hallazgo:

“El 13 de febrero de 1961, en California, a unos diez kilómetros al Norte de Olancha, Mike Mikesell, Wallace y Virginia Maxey se dedicaban a recoger geodas. Las geodas son piedras esféricas u ovoides, huecas y con el interior recubierto de cristales. Las recogían para su tienda de piedras raras y de regalos.

A veces. Las geodas contenían piedras finas, que vendían también. Recogieron una piedra que tomaron por una geoda, a pesar de que presentaba vestigios de conchas fósiles. Al día siguiente, cortaron la falsa geoda en dos, por medio de su sierra diamantina. La piedra no era hueca. Lo que obtuvieron fue la sección de un  material de porcelana o de cerámica, extraordinariamente duro, con una brillante espiga metálica de dos milímetros en su centro.

Varios investigadores de hechos extraños y amantes de lo insólito, examinaron con rayos X aquel conjunto (cerámica, cobre, espiga metálica) que hace pensar en un vestigio de equipo eléctrico.

Si este objeto no está –dicen los autores- envuelto en una concreción lodosa, sino en una capa sedimentaria, nos hallamos en presencia de un formidable enigma”.

Sabemos muy bien nosotros, los pobres y curiosos aficionados, que conviene soñar, porque los sueños están permitidos. E incluso podría ser que fuesen recomendables para hurgar en el pasado. Es el arma principal de combate contra la profunda oscuridad de los tiempos sumergidos. Y el combate contra el tiempo es la única actividad digna del hombre que siente, que sabe que hay algo eterno dentro de él”.

 

Texto: Jorge Castañeda

Escritor –Valcheta (Río Negro)

 

 

 

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