Cuánto influyó la magia en nuestras vidas. “La realidad manejada a nuestro antojo”

 

Quienes se han dedicado a estudiar y analizar los efectos de la magia en la vida del hombre, se preguntan si ha habido  una “edad de la magia” antes de la aparición del espíritu  religioso.

No falta los que sostienen que la magia habría precedido a la religión al considerar que ésta es un sistema reflexivo de conceptos abstractos y aparecen entonces otros factores como  el “destino”, la “suerte” o la “fortuna”. Surge entonces la creencia que a la “suerte” se la atrae o se la tienta, al “destino” se lo hace vacilar y la “fortuna” sonríe a los audaces.

Algunos filósofos advierten e historiadores consideran que los pueblos tienen algunos aspectos mágicos,  otros se recuestan más a lo científico y muchos hacia lo religioso.  Otros entienden que existen dos tipos de comprender la magia; la primera más tradicional que comprende la creencia que mediante rituales, hechizos y saberes arcanos pueden  manipularse fuerzas sobrenaturales.

La segunda, conocida también como ilusionismo, se refiere al arte de producir ilusión en un escenario, mediante trucos que dan la sensación que hay fuerzas invisibles o sobrenaturales puestas en acción, concepto este de la magia que ponen en práctica ilusionistas y prestidigitadores con el fin de entretener.

Ambos casos son fruto de una tradición que imagina la existencia de saberes y poderes entre la religión y la ciencia, cercanos a la alquimia,  la necromancia o sea la (invocación a los muertos), la taumaturgia vinculada a la facultad de (efectuar milagros o prodigios)  y demás formas del ocultismo.

Se afirma que estos supuestos saberes que se atribuyen a las antiguas culturas paganas, fueron perseguidos antiguamente por las religiones monoteístas y castigada con mano severa como sucedió con la brujería y el herbalismo.

No obstante, se debe aceptar que la magia resulta atractiva, porque supone que la realidad puede ser moldeada o manejada a nuestro antojo, claro que para ello hay que conocer las formulas o encantamientos necesarios.

A todo esto es conveniente recordar que la palabra “magia” proviene del latín, a su vez heredada del griego “mageia” expresión que los antiguos utilizaban para referirse a cualidades que se atribuían a sacerdotes persas.

Estos, según textos históricos, tuvieron gran influencia en la sociedad entre los siglos V y VI a. de Cristo cuando hacían ritos y canticos frente a hogueras de tal modo que en Occidente le atribuían poderes sobrenaturales y demoniacos.

En aquel momento, el término “magus” de los romanos era reservado para quienes como los sacerdotes practicaban el ocultismo y otras artes.

En este caso, se las consideraba siniestras y fueron entonces los cristianos quienes iniciaron la persecución de los magos, a los que acusaban de pactar con el demonio y ser herejes servidores de satanás.

En nuestra América colonial hispánica, a los indígenas se los consideraba herederos de tradiciones mágicas o espirituales pecaminosas, mientras que a los esclavos africanos se les atribuía prácticas de nigromancia, que era conocida como ritos “vudú”.

Por todas estas razones, la magia despertaba en los seres humanos desde tiempos ancestrales la fascinación y al mismo tiempo desconfianza.  Por su parte, los ilusionistas son reconocidos desde épocas remotas y por ello alimentado la creencia de poderes y tradiciones ocultistas

Es importante destacar que existen registros sobre la existencia de “magos” en el Antiguo Egipto hace más de 4.000 años y el oficio de ilusionistas en el siglo XVI.

Conocida la existencia de la “magia”, aparecen entonces las denominaciones anexas como “blanca” y  “negra”, una con fines bienintencionados y la restante totalmente opuesta.

En el capítulo “adivinación” surge contundentemente, que se trata de la “magia” que predice el futuro, o  que ve lo que no puede verse y aparece en escena la bola de cristal, en la que supuestamente pueden verse imágenes del futuro.  Se contempla asimismo la aparición de naipes como los del tarot, la lectura de las manos y otros métodos

Como otras variantes aparecen como ya lo señalamos,  “la necromancia”, invocación a los muertos, “la piromancia” o sea la magia del fuego, “la magia del sexo” considerando a este como practica sagrada y poderosa, “la invocación”, tipo actitudes que acuden a los rituales para atraer a los demonios, “la taumaturgia”, como también lo señalamos anteriormente, como antecesor de la “alquimia”  y el “mal de ojo” una de las formas más comunes de magia, que consiste en embrujar al otro o hacerle daño con solo mirarlo, en especial cuando es fruto de la envidia.

Para atacar  esos efectos se recomienda el empleo de amuletos, como el azabache o semillas de peonia, en especial en niños.

Texto: Eduardo Reyes, escritor y periodista de Viedma

Las Grutas  –  Río Negro

 

 

 

 

 

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