Los misterios que esconden las aguas y algas del volcán Domuyo en Neuquén

 

Quien fue pionero en las investigaciones de las aguas termales del volcán Domuyo, sus propiedades medicinales al igual que las algas, fue el Dr, Gregorio Álvarez, médico dermatólogo que realizó estudios y consideró que tenían cualidades para el tratamiento y curación de numerosas enfermedades.

El Dr. Álvarez en su excelente obra “Donde estuvo el paraíso” destaca que es incalculable la riqueza, belleza y los misterios que encierra la región, conocida como el “Triángulo encantado”. Aborda los estudios realizados sobre las aguas y algas del Domuyo, las que asegura, encierran un poder curativo que están en los informes asentados en nuestro país y el extranjero, relacionados con los estudios y la evolución experimentada por los pacientes que fueron tratados con las algas del Domuyo, que en muchos casos  aseguran la curación de distintos males.

El volcán está ubicado en el Departamento Minas, al Norte de Neuquén, a 100 kilómetros de Andacollo, tiene 4.707 metros de altura y se lo conoce como “El techo de la Patagonia”, a su ingreso se puede leer un cartel que anuncia la llegada a “la fuente de la eterna juventud.”

Pero además de la constatación efectuada por el Dr. Gregorio Álvarez sobre las aguas curativas, existen numerosas leyendas que torna a toda la región misteriosa.  Muchas de ellas las menciona el propio Dr. Álvarez en su libro “El tronco de oro”, en este caso en su también destacado rol de literato hace referencia a una interesante cantidad de fabulas o creencias, que agregan sensaciones diversas y que recorren el temor, la ilusión y la superstición que aflora con el enojo del cerro, cuando advierte la presencia de forasteros.

Algunas de esas leyendas hablan de tormentas de lluvia y nieve, lo que se considera que se trata de la actitud del cerro para impedir que se conozca el encantamiento que guarda y protege celosamente. Añade que allí arriba la laguna se encuentra peinando con peine de oro a una hermosa y joven mujer rubia.

A ese misterio le suma la presencia de un toro colorado y un renegrido potro que también custodian a la bella joven, el toro arrojando piedras y el potro con corridas y bufidos con lo que intenta desatar la tormenta. El Dr. Gregorio Álvarez asimismo, entre las fantásticas leyendas destaca la que da nombre a su libro, “El tronco de oro”, en el que cuenta que un baquiano a la orilla del camino observo un tronco de oro lo que al apearse de su caballo pudo comprobar.

Añade que como el temporal duró demasiado tiempo, marcó el lugar para retornar cuando haya mejor clima, pero la tormenta que se mantuvo por varios días tapo el cañadón, y como la nieve  nunca se derritió, el tronco permanece allí en las profundidades, dando origen además a la creencia que allí nace un filón de oro.

Pero volvamos a las propiedades curativas de las aguas y las algas, existentes en las fuentes termales  en ebullición y otras de menor temperatura. En algunas de las vertientes que surgen aguas hipertermales azufradas, se divisan también “geisers y fumarolas de vapor a gran presión”.

Estas características del volcán aparecen ya en los escritos del primer Gobernador de Neuquén, coronel Manuel Olascoaga, quien destaca también la presencia de una producción vegetal, perteneciente a las algas termales, que se las conocía como “algas azules” y de acuerdo a testimonios de los nativos el ganado las consumía para su engorde.

De acuerdo a un artículo que firma Elsa Bezerra, miembro de Número de la Junta de Estudios Históricos del Neuquén, Olascoaga ya mencionaba en 1890 respecto a las características de las algas, que más tarde, el Dr. Álvarez junto a su amigo el también Dr. Ezio Zani, miembro de la Sociedad de Hidrología y Climatología Médica para sus respectivos exámenes, ratificó.

Destaca que en una excursión realizada al volcán a caballo por el Dr. Gregorio Álvarez en 1957, observa producciones vegetales de diversas características, que se extendían cubriendo una amplia zona salpicada por importantes chorros de aguas termales con temperaturas que se acercaban a los 100 grados.

La gran cantidad de diversas algas que recogió el Dr. Álvarez fueron también llevadas a Buenos Aires para estudios y análisis, como así también las experiencias que el propio Dr. Álvarez había realizado,  muchas de las que fueron consideradas como positivas para los tratamientos indicados.

Quienes han seguido las tareas investigativas que llevó a cabo el Dr. Gregorio Álvarez, afirman que en 1973 presentó una síntesis de sus trabajos de exploración, entre los que destaca que se ha ocupado de hacer conocer la geografía física y humana  de la región y que las mismas fueron entregadas a las autoridades de la provincia de Neuquén.

En sus informes pone en conocimiento que la región cuenta con tesoros geológicos, termales, paleontológicos, arqueológicos y antropológicos, lamentando que sus investigaciones no fueron continuadas aplicando los adelantos y metodología que ofrecían los nuevos y modernos conocimientos.

Los informes brindados, surgidos de más de 30 años de labor y reconocidos por especialistas, afirman que tanto las aguas como las algas son eficaces para el tratamiento de la artritris remautoidea y la fibrosis, alergias, hepatitis e infecciones urinarias.  Para finalizar, solo nos queda afirmar que el aporte que el Dr. Gregorio Álvarez efectuó a la ciencia, para el tratamiento y curación de un gran número de enfermedades fue realmente de mucha importancia y como suele suceder, no se le ha reconocido como es su merecimiento

 

Texto: Eduardo Reyes, escritor y periodista de Viedma

Las Grutas  –  Río Negro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

About Raúl Díaz

Check Also

Río Negro capacitará personal de Neuquén en lucha contra incendios forestales

  Los gobernadores de Río Negro y de Neuquén firmaron un convenio marco de cooperación …