Y Pepe se fue a lo más alto. La locomotora del fútbol y de la vida en Río Negro

 

Éramos  un grupo  de jóvenes  entusiastas enamorados del  futbol  que a fines de los ’60 conformábamos el equipo llamado Juvenil. Teníamos ya la impronta del trato de la pelota contra el piso como una regla irrenunciable, como una forma de amar y entender este hermoso juego.

Luego, a partir de un torneo en Puerto Madryn, al que fuimos invitados, competiríamos ya con el nombre de Club Atlético Tigre, nombre con el que pasaríamos a integrar la Liga Regional Atlántica, con sede en San Antonio Oeste.

Ya, con Tigre, con algunas figuras con experiencia, conseguimos el subcampeonato en el año 1966. Luego, en el ’67, fuimos campeones de la liga, para algarabía de nuestro pueblo y,  en el ’68, otra vez subcampeones.

Siempre el  adversario a vencer era Talleres, de San Antonio, y en este último año se quedó con el título.

Teníamos algunas figuras sobresalientes, como Chacho Salinas, el legendario Rubín, el Flaco Walter, Pajarito Marileo, Beto  Berbel, Coco Salinas (el más grande jugador que vi por estos pagos)  y adelante sobresalían Rubén con su habilidad, que hacía un surco por el callejón de la izquierda y sus imparables  diagonales hacia el centro del ataque con  su fuerza y capacidad de definición, y el gran Bambi Flores con su velocidad, su pegada con ambas piernas y su optimista olfato de gol. Acompañábamos  a estos  colosos, Abelito, Juan Carlos, Horacio Chazarreta, Chiquitín. El Ruso Jorge,  Pocho, Fita, Tito Torres, Hugo Gérez, Carlitos Lai, Golano Tureo, Pocholo Ortiz, Omarcito Berbel y quien narra estos hermosos recuerdos (Perdón si olvido a alguien, creo me absuelve  el  despiadado paso de los años).

Pero en el callejón derecho, allí contra la línea, con su velocidad, su potencia, su ida y vuelta incesante en silencioso trajinar, allí andaba Pepe;  el gran Pepe Sella; “La Locomotora”, como lo llamaban en San Antonio. Pepe marcaba al puntero izquierdo adversario y, si alguna vez era superado…Tranquilos… Pepe lo alcanzaba y enfrentaba nuevamente hasta quitarle el balón. Luego arrancaba por el andarivel derecho, ponía en marcha  “La Locomotora” y arremetía  cortando el aire contra la línea lateral hasta el fondo, desde donde tiraba el centro para las cabezas de  Rubén, o del “Bambi”, o de algún otro compañero que apareciera, con la seguridad de que llegaría el centro de Pepe.

Pepe era un compañero silencioso. De muy pocas palabras; un callado obrero del fútbol y de la vida toda.  Uno de esos compañeros alejados del ruido, distante de la algazara, del tumulto y de todo lo que tuviera que ver con la notoriedad. En cambio, dentro de esa “Locomotora” no había una Bomba Inyectora ni un Generador: Lo que sí había era un enorme corazón, capaz de alimentar ese tren y acoplar todos los vagones que se “engancharan” a ese convoy.

Él había nacido y crecido en la chacra de sus viejos. Conocía del esfuerzo de la vida chacarera, Sabía de los alambrados, del arado, de los surcos, de las vacas de ordeñe, de la lucha por el riego para sus frutales. Sus viñedos: la uva Moscatel Rosada más rica de Río Negro. Sus vinos eran famosos en toda la región, a la par de los reconocidos y muy valorados vinos de Voltolini.

Allí, en la chacra que les habían legado  sus padres, Pepe y sus hermanos supieron del interminable trajín del cultivo de la tierra y de la feracidad que ella ofrece a los que con vigor y transpiración entregan su vida con la fe, con la esperanza y la ilusión de que  serán retribuidos, de que ella recompensará con creces  tanta energía, tanto  vigor y amor al laboreo de esas tierras de Dios.

Pero Pepe de pronto se encontró  con el partido de su vida. Con la final nunca pensada, jamás

Imaginada. Esta vez el adversario era ladino, perverso y mal intencionado. Este extremo tenía

Todas las mañas y sucias argucias y apeló a golpes descalificadores, a guadañazos alevosos y

perversos. Y Pepe soportó todo con entereza, y se fue por el lateral. Se fue por la punta, subiendo

…subiendo…subiendo…Cruzó la línea de fondo  y se elevó, se elevó más y más…Tomó las alturas;

Cruzó el  firmamento y se fue a jugar a esa celestial canchita en la que lo esperaban  Walter, Coco

Rubín, Beto, Alito, Chiquitín, Mario, Golano, Carlitos, Fita, El Negro Acosta y Omarcito…Esa canchi-

ta que El CREADOR  nos tiene preparada a los que tanto amamos al más hermoso de los deportes:

EL FÚTBOL.

Gracias por tanto, querido Pepe. Hasta cada momento querido Locomotora!!!

 

Texto: Daniel Lorca 120623

Foto: diario RÍO NEGRO

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