Una profesional proyectó sembrar hasta 300 mil hectáreas bajo riego con agua del río Negro

Hace unos años, Bichos de Campo entrevistó a Magalí Gutiérrez en un congreso de Aaapresid. La joven agrónoma de Bahía Blanca hablaba entonces de la posibilidad de crear una nueva región agrícola en el Norte de la Patagonia gracias a las aguas para riego que podía tomarse del río Negro. Se hacían por entonces los primeros ensayos y ella estaba a cargo. Todo era ilusión.

Ocho años han pasado desde que Magalí lleva a cabo esas experiencias y en el Sistema Chacras de Aapresid incluso la han ascendido de puesto: ahora es coordinadora técnica zonal y tiene responsabilidad sobre otros sectores de esa vasta red de ensayos agronómicos. Pero en una nueva entrevista ella confiesa que tiene su corazón siempre mirando al sur, anclado en la Patagonia. Ahora está segura que allí, con los conocimientos adquiridos y siempre y cuando llegue la infraestructura necesaria, es posible poner en producción 300 mil hectáreas.

“Hace ocho años arrancamos, junto a un grupo de productores, lo que es la investigación y desarrollo de campos en la Patagonia con sistemas bajo riego”, cuenta ahora la agrónoma sobre su tarea en la Chacra Valles Irrigados Norpatagónicos (VINPA), ubicada en el denominado Valle Inferior del Río Negro, en las zonas más cercanas a Viedma, capital de Río Negro. El objetivo de esa investigación era probar si se podría hacer agricultura extensiva en esos campos que tradicionalmente eran ganaderos y podían albergar una vaca de cría cada 20 hectáreas, debido a su escasa disponibilidad de pasturas.

El riego sería la clave

Magalí y los productores involucrados ensayaron con todos los cultivos, casi siempre de primera. Se sembró trigo, diversos cultivo de servicio (en especial vicia), maíz e incluso soja. Luego declararía al diario Clarín: “En esta zona se puede producir cualquier cosa por la benevolencia del ambiente. La clave es saber colonizar el suelo para que se genere cobertura. Luego, aprender a regar bien, conociendo la demanda de agua que se necesita. Y por último un ajuste fino de cultivos, posicionándose en la ventana de siembra que hay en la región, que es más corta que en la zona núcleo”, enumeró la referente de Aapresid.

Ahora comparte ese balance con Bichos de Campo:

¿Crees que ya hay resultados suficientes como para decir que hay potencial agrícola en esa región?

-S. Y la zona está creciendo. Obviamente siempre crece aledaña a donde está la infraestructura, donde está la luz, el pueblo cerca, el camino acomodado. Hay otras zonas que están viendo que se acercan las líneas de alta atención. Donde se terminen, y se están terminando ahora, se va a desencadenar un desarrollo más fuerte.

-La electricidad es un condicionante porque hay que bombear el agua para el riego.

-Exactamente. Pero también se necesita señal, caminos, conectividad, recurso humano. Muchas veces los proyectos (de colonización) son de mucha escala. Por lo tanto necesitás que desembarquen los servicios en la zona también. Es una limitante muchas veces, pero está creciendo mucho. En la zona de trabajo nuestra, que es el Valle Inferior., se están poniendo en producción suelos nuevos. Te diría que la zona se duplicó en cantidad de hectáreas en lo que eran estos proyectos de gran escala bajo irrigación. Todavía no es mucho, pero está creciendo a pasos agigantados. Y en las áreas aledañas a los Valles existen casi 300.000 hectáreas para poder desarrollar.

El agua necesaria proviene del río Negro, que  actualmente vuelca al mar gran cantidad de excedentes sin que nadie lo aproveche en el trayecto. Pero el costo de extracción es elevado, de entre 300 y 400 dólares por hectárea y por año. Por lo tanto, el desafío de esta Chacra Aapresid fue lograr rendimientos de esos cultivos que pudieran, de modo sustentable, hacer frente a ese costo adicional respecto de la agricultura de secano de la pampa húmeda. Magalí no deja de mostrar en sus redes sociales resultados muy halagüeños, como entre 9.000 y 10.000 kilos por hectárea de trigo;  de 15.000 a 17.000 kilos de maíz; y en hasta 4.500 kilos por hectárea de soja. Pero ella misma destaca que el principal logro ha sido la estabilidad de esas productividades.

-El agua está. ¿Perecía un pecado no usarla?

-Es un pecado no usarla. Hemos recibido gente del extranjero que se agarra la cabeza al ver que se está desaprovechando un recurso así en una de las zonas con mayores niveles de radiación de la Argentina, que tiene una condición para la producción fantástica. Eso también va de la mano de la generación de trabajo en esa región.

-¿Qué hubo que aprender sobre el riego en esa zona? ¿Qué fue lo desafiante?

-En primer lugar, entender cuánta agua iba a demandar un cultivo. Pensamos que íbamos a hacer un maíz con 600 o 700 milímetros, pero no era así porque la zona es muy demandante. Hace mucho calor, y hay mucho viento. Por lo tanto los cultivos transpiran más. Entonces, el primer desafío fue saber cuánta agua necesitábamos realmente. Después, recién cuando conozco la cantidad total y sabiendo cómo manejar la lámina, hay que estudiar la frecuencia de aplicación. Se deben sostener niveles de agua en el suelo adecuados para que el cultivo nunca sufra y nunca resigne rendimiento. Hay que ser bien eficientes con el uso de cada milímetro, porque el agua es obviamente un recurso muy preciado para todos.

-¿Y en términos productivos esos campos son redituables con el riego?

-Sí. Ni hablar. En general, para entender la zona al principio era compararse con la Pampa Húmeda y decir ‘bueno, voy a tener quizá 200 o 300 dólares de costo más por hectárea para gastar en riego´’. Pero los rendimientos son mucho mayores yu sobre todo estables. O sea, yo no espero cosechar mucho un año, sino hacerlo todos los años. Entonces, esta estabilidad nos sirve mucho por más de que el costo en riego sea importante. El plus de rendimiento es alto y además se estabiliza. Eso es lo más atractivo de la zona.

-Si están entrando nuevos jugadores, como iniciativa privada de gran escala, es porque evidentemente ahí hay un potencial de negocio…

-Los productores que formaron la chacra inicialmente han sido grandes vidrieras que mostraron un poco lo que es el potencial de desarrollo. Hoy en día eso se está viendo. Sus vecinos empiezan a desarrollarse, se animan, otras empresas desembarcan. Obviamente esto es lento, pero tiene un rumbo bastante claro.

-¿Y cuántos años más te pensás quedar en la Patagonia?

-Ahora tengo otras responsabilidades. Pero mi corazón estará ahí todo lo que se pueda.

Fuente: Bichos de Campo

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