Naturaleza curiosa: La damajuana y la jarilla en un campo de Río Negro

 

La naturaleza siempre hace de las suyas. Y a veces sorprende. En la foto que ilustra esta nota una vieja damajuana rota y una planta de jarilla han hecho no sólo razones de buena vecindad, sino que literalmente como se dice en el campo (precisamente allí están aposentadas)  se han “acollarado”.

El cineasta y amigo Salvador Néstor Cambarieri ha captado recorriendo el campo esta foto tan singular como para escribir un cuento bien patagónico cuyo título sería “La damajuana y la jarilla”.

Yo como escritor de ficciones enseguida me hago la cabeza y entro a preguntar cosas: ¿Qué historias se contarán para matar el tedio? ¿Qué habrá contenido la damajuana? Me imagino que seguramente “diez litritos del buen semillón”, como aquella del “encuentro por el cañadón”. Pienso que habrá calmado en años pretéritos la sed de aquellos camperos o tal vez de algún alambrador.

Lo cierto que la jarilla también debe tener cosas para contar. Dirá que sus congéneres muchas veces a falta de otra leña habrán alimentado las cocinas económicas, a pesar de los restos de hollín y también estará orgullosa porque los asados hechos con sus ramas le dan un sabor especial a la carne.

Al despertarse por la mañana, después de saludarse con un “buen día”, pasarán otro día de campo, donde –dicen- pasan pocas cosas. Tal vez alguna liebre perdida o unas martinetas. Y recordará la señora jarilla aquella vez que un zorrino dejó su hedor en las cercanías o cuando alguien piso al maloliente chinchemolle y su repugnante olor quedó por varios días.

Tal vez, ni la damajuana ni su amiga la jarilla, ni en sueños pensarían que una foto captaría tan extraña e inseparable amistad y que un  poeta de Valcheta sudaría a mares para escribir la crónica de tal extrañeza.

Yo me pregunto ¿Quién tiene presa a quién? ¿Estarán a gusto? ¿Le contarán sus penas al viento?

¿Alguién creyendo hacer un bien las separará?

Todas las preguntas no tienen respuestas. Ellas sabrán. Pero como ninguna de las dos tiene el don de la palabra nos quedaremos con las ganas.

Mientras tanto, bien amarradas seguirán durmiendo su sueño en el sopor de un  campo de la Patagonia. Y yo las dejo.

Texto: Jorge Castañeda

Valcheta – Escritor

 

 

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