Río Negro: El día que El Bolsón fue una República independiente

 

No está claro si fue una broma que pasó a mayores o un intento real, pero en el siglo XX existió la República de El Bolsón.

Antes que El Bolsón sea considerada como el refugio del hippismo en nuestro país, un grupo de pobladores de esa ciudad rionegrina, entre las celebraciones con la cerveza artesanal que producía el pionero Otto Tipp, creó un movimiento independentista que declaró la creación de la República de El Bolsón.

Sí, aunque parezca una idea descabellada, en los primeros años del siglo XX se nombró al presidente y a los ministros, aunque la patriada duró hasta que el Gobierno nacional envió al Ejército a neutralizarla

Lo que se charló en aquella reunión solo lo supieron quienes asistieron, pero se comenta que la idea surgió ante el cansancio del vandalismo y la ocupación de tierras por parte de inmigrantes europeos a quienes desde Chile les adjudicaron tierras sin respetar a sus anteriores ocupantes, por lo que los problemas generados los llevaron a cruzar la cordillera, donde aún quedaban resabios de esa frontera difusa y las disputas mantenidas entre chilenos y argentinos por el territorio.

En 1902 se había llevado a cabo en TrevelinChubut, el plebiscito en el que los miembros de la colonia galesa decidieron por unanimidad su pertenencia a la Argentina y allí quedó fijada la delimitación de ambas naciones.

Sin embargo, los pobladores de esa localidad de la Comarca del paralelo 42 no tenían una identidad totalmente definida y los actos de vandalismo constantes que sufrían los hicieron sentir desamparados, por lo que comenzó a cobrar fuerza la idea de independizarse.

La historia cuenta que el centro de convenciones era La Chilenita, el local que Otto Tipp había creado tras comenzar a llegar de Chile y comenzar a sembrar lúpulo y producir su propia cerveza. Cuando producía la bebida, dicen los memoriosos, el alemán izaba una bandera blanca en un mástil que podía llegar a verse desde lejos. Allí los parroquianos sabían que podían acercarse a pasar el rato… y tal vez más tiempo, porque el mito afirma que las fiestas en lo de Tipp podían durar hasta tres días.

Es por ello que algunos atribuyen la iniciativa independentista más a una cuestión de consecuencia de los grandes festejos ofrecidos por el alemán y los singulares parroquianos que bebían como si no hubiera mañana.

El historiador Juan Domingo Matamala escribió que no eran muchos quienes se reunían en La Chilenita ni tampoco tenían grandes aspiraciones. Solo buscaban, ante la nula conexión con el Gobierno central, una figura a la que obedecer y reglas de convivencia para vivir en paz. “No es difícil imaginar que habrán querido delimitar sus posesiones en una tierra ilimitada y pródiga y poseer la certeza de su pertenencia y conocer la autoridad ante quien reclamar si surgían inconvenientes a lo largo de la obligada convivencia”, manifiesta el autor.

La autoridad terminó siendo nada menos que el anfitrión. Otto Tip fue declarado presidente de la República de El Bolsón y él designó posteriormente al gabinete para gobernar a los “ciudadanos bolsonenses”. Cuenta la historia que el ministro de Hacienda fue Pascual Sabalsa, un inmigrante vasco que se dedicaba a la ganadería ovina en la zona de Ñorquinco.

Sin embargo, el sueño independentista duró poco. La conexión con el Gobierno central prácticamente no existía, pero esas noticias sí corrieron rápido, por lo que se encomendó la tarea de neutralizar la “revolución” a la Policía Fronteriza, que era comandada por Mateo Ghebart, un jefe del ejército prusiano temible y con fama de tener sangre fría.

Según dicen, el militar se excedió en sus tareas y no distinguió a niños, mujeres y ancianos para hacer sentir su autoridad, atándolos al alambrado o torturándolos para que le digan dónde estaban aquellos que decían haber fundado una nueva república.

La patriada terminó. Todavía no se sabe a ciencia cierta si fue un intento serio o una broma que traspasó las fronteras del entorno social de La Chilenita y terminó en una intervención militar.

Es una anécdota pintoresca, pero el final misterioso de la vida de Otto Tipp le da un costado dramático, dado que no se sabe qué fue de él. Tras un viaje a Chile, nadie lo volvió a ver y las hipótesis son variadas. Algunos dicen que enfermó y murió del otro lado de la cordillera, aunque también están quienes no descartan que lo hayan intentado “desaparecer” o por el sueño independentista, o para apoderarse de sus tierras fértiles.

Texto: Octavio Del Real

(Chubut)

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