Cabeza de Buey, extraño lugar poco conocido en Villarino, a 224 km de Carmen de Patagones

Dicen que su nombre se debe a una posta que había en la zona a fines del 1800. Una especie de paraje que recibía a los valientes viajeros que se animaron a descubrir estas tierras lejanas e intransitables, un paso obligado para que los bueyes y caballos descansen y tomen agua para luego seguir viaje. Según lo que contaron algunos baqueanos de la zona, en su entrada tenía la cabeza de un buey, seguramente porque el animal era el vehículo con el que se transportaban las cargas y con el que se trabaja la tierra.

Otros dicen que el nombre se debe al canal marítimo denominado Cabeza de Buey, bautizado así tal vez por los marineros de esa época y así se denominó al pescadero que muy pocos conocemos.

Este ambiente se formó hace 7.000 años. Los canales más amplios y profundos, como Embudo y Bermejo, permiten ser navegados por embarcaciones de mediano tamaño, posee una diversa fauna y flora acuática y terrestre. Los peces constituyen un valioso recurso económico y turístico.

En una de las islas se encontraba hace un tiempo una posada con capacidad para varias personas, donde era posible alojarse con todos los servicios incluidos. Se llamaba la Posada del Tiburón y hoy se encuentran todas esas instalaciones en total abandono.

Es un lugar muy curioso y llamativo, debe reconocerse que a simple vista no es atractivo, sobre todo si impresionan ver los cangrejos de todos los tamaños caminando de un lado al otro por el barro, un bicho realmente cómico e inofensivo, pero que a algunas personas intimida.

 En definitiva, Cabeza de Buey en su historia y en su interior tiene características que lo hacen realmente digno de ser conocido, hasta el punto que se logró protegerlo por ley, ya que resguarda un patrimonio natural que es único en el mundo. Y eso es justamente lo que se desconoce de este sitio.

Se accede por la ruta nacional N° 3 en el km 734 y por un camino vecinal de 12 km se encuentra el Pescadero Cabeza de Buey. Un lugar ideal para los amantes de la pesca de todo el país. Con un paisaje sumamente agreste donde habitan aves migratorias provenientes de Tierra del Fuego y de América del Norte.

Es casi una tradición entre quienes lo visitan periódicamente, instalar una red de pesca atravesando algún canal de agua y esperar la marea para obtener una buena cantidad y variedad de pescado.

Características geomorfológicas:

Los estuarios que conforman este paisaje son humedales costeros semicerrados en interfase entre la tierra y el mar. Las fuentes de agua dulce continentales, como ríos, arroyos y napas freáticas, contactan con el agua marina, dando agua salobre o mixohalina y gradientes de salinidad y temperatura que varían con las estaciones, vientos y mareas. La periodicidad de estas últimas es condicionante para la vida, con efectos antagónicos.

Por un lado, genera estrés por sumersión, salinización y anaerobiosis (privación del oxígeno) y, por otro, subsidia al sistema removiendo sales, aportando oxígeno y nutrientes.

Para soportar estos cambios, los organismos deben desarrollar adaptaciones; por ejemplo: las plantas eliminan la sal por las raíces (espartina o verdín), hojas (pelo de chancho) o diluyéndola en los tejidos (jume).

Los estuarios están entre los ecosistemas más productivos del planeta, superando a bosques y selvas templadas (incluso, al cultivo más eficiente, la caña de azúcar) e igualan a las selvas lluviosas. Esto se debe a la gran capacidad de las marismas o pastizales marinos para transformar la energía solar en compuestos aprovechables por las redes tróficas.

Las marismas son hábitats costeros que inundan las mareas colonizados por plantas adaptadas a tolerar la salinidad, como la espartina. Crecen en sitios protegidos, donde la baja energía de las olas permite la existencia de fondos barrosos.

Gracias a las mareas, los restos vegetales de las marismas y materia orgánica particulada (detritus), más los aportes de los cursos de agua dulce, son circulados en el sistema. Esto origina una alta disponibilidad de nutrientes, que serán el alimento de numerosos organismos; en particular, plancton e invertebrados bentónicos o del fondo.

Las redes tróficas de los estuarios son las más complejas, se las nombra redes del detritus, por tener las marismas como protagonistas. Esta fertilidad aloja poblaciones numerosas, permitiendo la existencia de actividades extractivas, como la pesca. El 70 por ciento de los peces de valor comercial del planeta habita o pasa parte de su vida en humedales costeros.

Al estuario de la Bahía Blanca se lo denomina “estuario de planicie costera”, por su relieve bajo y la presencia de una extensa planicie en forma de embudo elongado. El término ría ha prevalecido en la tradición local y su uso debe mantenerse. Limita con los partidos de Coronel Rosales, en la porción externa y con Bahía Blanca y Villarino, en la interna.

Tiene 80 km de longitud y una superficie de 3.000 km2, de los cuales 1.200 km2 quedan expuestos en marea baja (intermareales). Es superado en extensión por el estuario del Río de la Plata. Los principales tributarios de agua dulce (72,9%) provienen de la cuenca superficial del río Sauce Chico y el arroyo Napostá Grande.

El paisaje es dominado por un mosaico de planicies de marea, cangrejales y marismas que alternan con islas como la Trinidad, Bermejo, Embudo, Monte y Ariadna, con el reino vegetal representado por estepa halófila, monte y pastizal.

Los canales mayores se orientan de noroeste a sudeste; son el Principal, Bermejo, bahías Falsa, Verde y caleta Brightman, conectados por una red meandrosa de canales menores, como el Cabeza de Buey, La Lista, Tres Brazas, Embudo y riachos. En su conjunto, funcionan como conductos de nutrientes y energía mareomotriz entre el interior y el exterior.

Grandes o menudos, en el aire, en la tierra, en el agua, aves, mamíferos, reptiles o peces… la vida bulle, casi con sigilo, entre la vegetación de raros tonos azulinos, rojos, plateados, amante del sol y de la sal. Es en este ambiente en donde se encuentra la Reserva Natural de Uso Múltiple Bahía Blanca, Bahía Falsa, Bahía Verde vulgarmente conocida como “la ría de Bahía Blanca”.

La misma fue declarada Reserva Natural Provincial de Uso Múltiple por la Ley N° 12.101/98 del 7 de abril de 1998 y denominada “Bahía Blanca, Bahía Falsa, Bahía Verde”. Con una extensión de 210.000 hectáreas, las cuales incluyen las Islas Zuraitas, Embudo, Bermejo, Trinidad, Wood (Monte), Ariadna e islotes menores, planicies de marea y el mar circundante, dicha Reserva Natural pertenece a los partidos de Coronel Rosales, Villarino y Bahía Blanca, quienes tienen la responsabilidad de preservar este ecosistema tan rico y variado en composición de especies.

La importancia del humedal

Este espacio natural encierra como principal característica la presencia de humedales que es uno de los ecosistemas más productivos de la tierra, fuente de diversidad biológica, de aves, mamíferos, reptiles, anfibios, peces, invertebrados y vegetales, además de formar parte del patrimonio cultural de la humanidad (Tratado de Ramsar, 2 de febrero de 1971).

El uso sostenible de los humedales permite obtener beneficios para cualquier comunidad de manera compatible con el mantenimiento del ecosistema.

Cooperaron distintas instituciones académicas provinciales y nacionales para obtener datos del ambiente, interpretarlos y organizarlos, con el objetivo de crear este instrumento legal que regularon las actividades en el área y lograron de esta manera la sustentabilidad de los recursos naturales.

Esto se corresponde con la designación de “uso múltiple”, dado que se permite dentro de la Reserva la utilización de los recursos naturales de manera responsable para que se prolongue su explotación en el tiempo.

Los pescadores artesanales, ligados al paisaje por largos años, cuentan historias viejas y realidades nuevas: la captura disminuye en número y en tamaño, se enmalló una tortuga, una ballena encallada. Como consecuencia de estos hechos, los pescadores participan activamente en la creación del mencionado plan, aportando su invalorable experiencia sobre la “ría”.

También se avanzó en el relevamiento de datos biológicos e históricos, se respaldaron los proyectos referidos a conservación de la gaviota cangrejera, tiburones, delfín franciscana, tortugas marinas (hace unos años se liberó la primera de ellas con localizador satelital en la Argentina) y estudios de ecoturismo, relacionando además el arte con la reserva a través de distintas actividades plásticas con profesionales y alumnos.

En la actualidad

Se puede conocer Cabeza de Buey ingresando en la bajada del km 734. A unos km hay una casa en la cual habita un encargado que solicita el pago de un bono contribución, la idea es lograr mantener el lugar en condiciones para los turistas y pescadores que lo visitan, cómo también dar aviso ante cualquier eventualidad, como por ejemplo encajarse en algunos de los tramos del camino, algo bastante común en épocas de lluvia o de mareas muy altas.

Esta prestación se debe gracias al compromiso del Club Caza y Pesca de Médanos, que está a cargo de la labor desde hace muchos años.

Desde sus costas se puede visualizar toda la zona portuaria de Bahía Blanca y debo decir que de noche las infinitas luces del puerto reflejadas en el mar dan una vista que es espectacular.

Texto: Villarino Turístico en Facebook

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