El proyecto de una ciudad para 1.000.000 de habitantes en la desembocadura del río Negro

El proyecto había sido elaborado por el arquitecto y empresario entrerriano Luis Alfredo Urbàn, quien tituló a su idea como “Alpha XXI” y, según se supo, el ex presidente Carlos Saúl Menem y el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, quien también encabezaba desde hacía poco el gobierno del primer Estado argentino, sabían de la iniciativa y sus funcionarios y asesores analizaban la factibilidad de la propuesta.

De acuerdo a lo adelantado por el propio autor del proyecto en aquel tiempo, los habitantes primarios serían jubilados extranjeros (mencionándose como país interesado a  Japón), de más de 50 años, con ingresos superiores a los 3.000 dólares mensuales, que además recibirían un especie de indemnización de 100.000 de la misma moneda para instalarse en nuestra Patagonia

Según también lo adelantado por el mismo arquitecto y empresario Durbán, las obras de infraestructura estarían a cargo del Estado Nacional y la inversión sería descontada de la deuda externa de la argentina, que de tal forma saldaría  el 70 por ciento del endeudamiento. La ejecución de la obra se preveía concretarla en siete años y se estimaba que también iba a solucionar un  buen porcentaje de la desocupación.

Es importante agregar que el autor del proyecto, arquitecto Luis Durbán, estaba vinculado al movimiento liderado en ese entonces por el ingeniero Álvaro Alsogaray, la UCEDE.  Además, se informó en aquel tiempo que dicho proyecto fue presentado ante la Federación Interamericana de la Industria de la Construcción, la Fundación San Benito de Alcántara y la Presidencia de la Nación a través de la Secretaría de Recursos Naturales y Medio Ambiente.

El proyecto original, además de contemplar los edificios para un millón de habitantes extranjeros, consideraba la radicación de 5.000 argentinos, que se estimaba eran necesarios para  la construcción de las obras.

Según se calculaba eran necesarias 4.000 hectáreas para levantar los edificios que se distribuirían en cinco barrios de 49 manzanas, 7 de ellas con horizontales centrales de 23 pisos de altura y luego otro lote de manzanas de 17 pisos, las siguientes manzanas contemplaría edificios de 13 pisos y se completaba con los restantes de 10 pisos.

Cabe consignar que los edificios más altos ocuparían las manzanas centrales y el resto ya declinando en cantidad de pisos hacia los laterales conformando el resto de la urbanización. Es importante destacar también que el asentamiento proyectaba por otra parte la construcción de un puerto y espacios para la producción de cereales, hortalizas, frutales y crianza de animales.

Obviamente además estaba previsto la instalación de establecimientos destinados a la elaboración de los productos que se obtengan del sector productivo.

Figuraba asimismo que los primeros pisos de los edificios serían destinados a cocheras y también en cada manzana se contemplaban centros recreativos, cultural, social y religioso, como también comercios, estacionamientos, expendio de combustibles, cementerios, parques, clubes sociales, aeropuertos, hoteles, establecimientos educativos, mercados concentradores, la sede de las autoridades o municipios, central de policía, correos, tribunales y centros de convenciones entre otras instalaciones.

Entre los fundamentos esgrimidos por el autor del proyecto, se resaltaba la creación de una “Zona franca”,  que generaría un gran polo económico y de desarrollo, que se avanzaría en poblar la Patagonia, que se lograrían importantes fuentes de trabajo y hacía hincapié en la factibilidad de pagar la deuda externa en un 70 por ciento.  Esto se podría concretar, de acuerdo a la interpretación del autor, a través de la emisión de bonos de los países interesados por valores que tendrían que abonar para enviar residentes de sus países a nuestro territorio, que se destinarían al pago de la deuda externa.

La iniciativa hace mención asimismo a otras transformaciones que se irán produciendo con el correr de los años y que necesariamente habrá que tener en cuenta para promover los cambios y adaptaciones, entre ellos menciona la atención de la salud, la ley sindical, el sistema bancario, el crecimiento de la población, la prolongación de la vida del hombre y entre otras cosas modificar las políticas para terminar con el estado paternalista.

Si bien hay pruebas de la existencia del proyecto, que cuando se difundió fue considerado por algunos como faraónico y utópico, se supo que hubo quienes se mostraron partidarios de una obra de tanta envergadura. Algunas opiniones al respecto sobre el tema, recogidas en aquel entonces, consideraron que podría interpretarse como beneficiosa y que de alguna manera tendría cierta relación o parentesco con el anunciado traslado de la Capital Federal a esta zona, coincidentemente también por aquella época.

Se ignora, eso sí, qué tratamiento, consideración o análisis que habrá merecido en la esfera oficial, tanto en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, como en el seno del Gobierno Nacional.

Texto: Eduardo Reyes, escritor y periodista radicado en Viedma

Las Grutas – 24 – 03 – 2022

 

 

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