“Es un error hablar de folklore nuevo o moderno”. Es como hablar de “un helado caliente”

 

Días atrás escuché el comentario de un conductor de TV porteño afirmar en el programa que conduce presentar a un músico y cantante como representante del “folklore nuevo o moderno”.

Concepto absolutamente erróneo, ya que tras analizar el tema por aquellos investigadores y estudiosos de lo popular se inclinaron por utilizar la palabra anglosajona “folklore”, “folk” (pueblo, gente, raza), “lore” (acervo, saber popular, ciencia), por lo tanto debe interpretarse que se trata de todo aquello que está vinculado con “antigüedades populares” ya que es toda costumbre que se transmite de generación en generación, adaptada y modelada por el medioambiente que vive la gente, es la bebida, el vestuario, comida, danzas, la mitología, las leyendas, las canciones, las manifestaciones artesanales como la cerámica, talabartería, mueblería, remedios caseros, cestería, tejidos, construcciones, la manera o forma de sentir a los muertos, de celebrar a los santos, en resumen todas las vivencias de un pueblo.

Es importante destacar también que la palabra “folklore”; “folk” (pueblo) y “lore” (conocimiento) fue creada por el arqueólogo  inglés Williams John Thoms, quien consideró que se debía usar un término para lo que por entonces se llamaban “antigüedades populares”.

En una carta publicada el 22 de agosto de 1846 en la revista “Athenaeum” propuso el uso de aquellas dos palabras del antiguo inglés, folk y lore,  aunque su reconocimiento oficial se obtuvo recién en 1878, cuando en Londres  se constituye la “FOLKLORE SOCIETY” y desde entonces se acepta universalmente por los estudiosos de la nueva ciencia que tiene por objeto el estudio de la cultura tradicional del pueblo

En alguna oportunidad, la excelsa intérprete surera Suma Paz para negar la apreciación sobre “folklore nuevo o moderno” señaló que afirmar esta definición es como “hablar de un helado caliente.”

El investigador chileno Manuel Dannemann, por su parte, define al folklore como “el conjunto de manifestaciones culturales y artísticas por las cuales se expresa un pueblo o comunidad para satisfacer una necesidad natural, sea esta de carácter espiritual o material.

Algunos estudiosos por otra parte clasifican al “folklore” según sus características en varios estamentos como por ejemplo:

ANÓNIMO: Porque consideran que al producirse en grupos, es difícil identificar el autor del hecho social que se estudia.

ESPONTÁNEO: Puesto que su transmisión se da de manera natural entre las generaciones no obedece a reglas, tiempo u horarios, ni en general cuenta con lugares especiales para el aprendizaje.

ANTIGUO: Porque registra hechos del pasado, aunque algunos se conserven en nuestros días.  En numerosas ocasiones no se puede precisar la fecha de origen, que se pierde con el tiempo.

FUNCIONAL: Puesto que el saber del pueblo se aplica siempre para mejorar sus condiciones de vida.  Es decir, se pueden generar cambios en los elementos culturales, con el fin de superar los problemas cotidianos.

EMPIRICO: Porque el saber se fundamenta en creencias a partir de experiencias y no necesariamente en razones científicas.

Sin lugar a dudas, luego de consultar a destacados profesionales y estudiosos del tema, podemos afirmar que es un error y porque no hasta una irresponsabilidad hablar de folklore “nuevo” o “moderno”.

A partir de haber escuchado aquellos de “folklore moderno” que me pareció lamentable, por haber sido difundido en un canal de TV nacional por un conductor al que consideran de primer nivel, comencé a prestar mayor atención a los programas e informativos.

Entonces fue cuando me alarmó aún más la pobreza intelectual y baja calidad de informativistas, comentaristas, conductores, actores, libretistas, etc. Aunque no quiero explayarme demasiado sobre el tema, por haber  transcurrido gran parte de mi vida en radios, diarios, canales de televisión, semanarios y otras publicaciones, motivo por el que no quiero colocarme ahora en el papel de juez de estos trabajadores. 

Solo quise puntualizar algo que me pareció que ofende a quienes hemos defendido nuestra identidad folklórica y tradicionalista, ya sea como difusores, compositores e intérpretes de nuestra cultura nativista en cualquiera de nuestras numerosas manifestaciones vernáculas.

Texto: Eduardo Reyes, periodista y escritor de Viedma

 

 

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