La laguna Azul, el Corona y el Puntudo. Somuncurá, la fuerza de la tierra

Esta es Somuncurá: “Contrastes  sorprendentes, meseta de origen rocosa, agrietada, donde en cada grieta echan  raíces plantas, peñascos de basaltos, cerros volcánicos y arroyos que nacen de manantiales y  dan origen a pequeños vallecitos”.

Esta es Somuncurá: “Un horizonte en movimiento”; “un llamado de claves ancestrales al acecho”; reino de plantas enanas; con Los Quesitos en cercanías de Telsen con sus basaltos columnares como pilas de monedas; con los cerros testigos; con las lagunas azuladas; con tanta inmensidad y silencio que el alma del visitante se encoge de pequeñez ante tanta grandeza.

Esta es Somuncurá: El ámbito donde las piedras hablan; escoriales bajo los soles calcinantes de los veranos; regatos entre piedras y basaltos; pilquines curiosos trepados en las laderas;  pájaros de vuelo rampante que anuncia las nevadas; cañadones donde el agua de las tormentas se convierten en ríos enfurecidos; estrellas tan cercanas y diáfanas que parecen alcanzarse con las manos.

Esta es Somuncurá: Por acá anduvieron; aquí estás “En el principio, como estaba el aire por el que uno iba y que después y siempre se volvía lejanías de parva y polvareda, o como estaba el otro aire, grande y hecho cielo lleno solo de sol, circunvalando por los cuatro horizontes que son uno. Estaban –dice Francisco Chacho Rossi- por la misma razón por la que estaba el fuego en los fogones, el olor a tierra húmeda en el trueno, el esplendor en la hora de la puesta. Si mirabas la lluvia venir atropellando montes, los veías. Si pensabas en el viento, los pensabas. Eran un elemento más entre los otros elementos, otras fuerzas entre todas las fuerzas naturales. En el principio de todos los principios, en el principio aquel que fue la infancia no creías que hubiera tierra que no fuera campo ni otros que no fueran ellos, los hombres de a caballo”.

Esta es Somuncurá: Donde están ellos, porque son parte de su paisaje; “Pienso en vos Cóndor Verde, en vos Tigre del Sol, en vos Seis Ríos, Leguizamón, Linares, Pinchulef, Ovejero, Calfín de los remotos manantiales, todos a igual perdidos en la amarga piedra de Somuncurá, en la tierra más sola que parió la nostalgia” asevera el poeta Edgar Morisoli.

Esta es Somuncurá: Tunales de temibles espinas; berros en las nacientes; hábitat del puma predador; planiza azul interminable de atardecer rojos; lagunas de nombres toponímicos; piedras que en la noches van rodando y dejan su huella de mala impronta en los arenales; tropillas invisibles que abrevan y cobran peaje al timorato que algún vicio debe dejarles, tributo pobre para poder pasar.

Esta es Somuncurá: Urdimbre del hombre primario; tierra que no sabe de concesiones; reino del silencio donde las palabras huelgan; lugar del criancero; soledad de las chivadas; poquitos animales; el cuajarón de sangre en el degüello; viejos mitos que reglan la vida de los hombres más sufridos y olvidados del territorio.

Esta es Somuncurá: Un lugar entre muchos lugares, pero diferente; una escala a tiempos milenarios; una pila bautismal en La Gotera; un silbo vulnerable en los pozos que respiran; un templo laico y rústico en la Cueva de Curín.

Esta es Somuncurá: Tres hitos en uno: El cerro Puntudo, la laguna Azul y el cerro Corona. Sobran las palabras.

 

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

 

Foto portada: Salvador Luis Cambarieri

 

Foto interior: Meseta de Somuncurá (en Facebook)

 

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