Inicio Destacados Otra visión de misteriosa “absorción” de dos pilotos de rally por OVNI, en Patagones y Viedma

Otra visión de misteriosa “absorción” de dos pilotos de rally por OVNI, en Patagones y Viedma

La investigadora Silvia Pérez Simondini, coordinadora de prensa de CEFORA, entre las funciones que viene llevando a cabo, es tomar contacto con personas que acercan inquietudes de una u otra manera. Así fue que apareció, de forma inesperada, una documentación que nutre la posibilidad de ahondar ahora en los archivos de la Policía de la provincia de Buenos Aires que, definitivamente, se nutre de cientos de casos de denuncias de ovnis.

Silvia, desde el año 2012, viene teniendo contacto con Daniel LECOMTE, un interesado en el fenómeno ovni, de una localidad de la provincia de Buenos Aires, que en su interés sobre la campaña de la desclasificación de expedientes que viene llevando adelante CEFORA, le informa a la investigadora, que tiene en su poder una serie de expedientes de la Policía de la Pcia de Buenos Aires, que llegan a su mano por intermedio de un policía retirado.


Esta documentación, increíblemente, iba a ser desechada (arrojada literalmente a la basura), pero dado que el policía conocía el seguimiento que Daniel le daba al tema, decidió resguardarlos, entregándoselos.


Los documentos, que incluían denuncias de todo tipo en la región Sur de la provincia de Buenos Aires, guardaba en su interior una joya, en lo que a la búsqueda que venimos haciendo refiere, del caso de los pilotos del Rally de la Vuelta de América del Sur, sucedido el 23 de septiembre de 1978. Sin saberlo, el depositario, guardó la información tal cual se los entregaron, sin leerlos. Fue recién cuando en conversación con Silvia, que en su afán de conocer que tipo de casos encerraban los expedientes, cuando el protagonista decidió abrir la carpeta, encontrándose con el famoso caso.


Compartimos con todos ustedes entonces, algunas páginas del expediente policial.

Para los que no recuerdan o no saben del caso, les dejamos una crónica, muy bien documentada, quizás de uno de los maás conocidos en la década de los 70, que involucró dos pilotos chilenos, en la primera versión para Sudamérica del Rally de la Vuelta de América del Sur . Aquí los detalles del caso a través de investigación que en su momento realizara Guillermo Roncoroni y que fuera publicado en Ufo Press, N° 9, octubre de 1978.


Fuente: Alejandro Agostinelli – Blog Factor 304 http://factorelblog.com/2013/09/22/ufo-press-archivos-desclasificados/

FICHA TECNICA DEL CASO:

Lugar: cruce de la ruta 3 con el camino vecinal que conduce al pueblo por Cardenal Cagliero (hoy R1) – Carmen de Patagones – Viedma – Pcia. de Buenos Aires.

Testigos: Miguel Angel Moya y Carlos Acevedo


Miguel A. Moya


Carlos Acevedo

Fecha: 23 de septiembre de 1978

Hora: aprox. 3:00 am

Autoridad interviniente: Policía de Pedro Luro – Oficial inspector Daniel Osimi, cabo Jesús García y oficial José Bordenave.


Jose Bordenave


Testigos secundarios: Eduardo Forchesatto: (sereno de la gasolinera)


Eduardo Forchesatto

EL CASO:

El 17 de agosto de 1978, Carlos Acevedo y Hugo Prambs, partieron de la ciudad de Buenos Aires a bordo de un Citroen GS 1220, en cumplimiento de la primera etapa del Rally de América del Sur, organizado por el Automóvil Club Argentino y el Banco de Intercambio Regional.


La competencia de la que participarían era en verdad extenuante para hombres y maquinas: una verdadera maratón de poco más de un mes de duración en el transcurso de la cual deberían unir Buenos Aires con Caracas (Venezuela) para regresar por la costa sudamericana del Pacifico.

La tripulación del Citroen número 102 debió  enfrentar innumerables problemas, en especial en los últimos tramos del Rally, los que determinaron que debieran renunciar a continuar participando de la competencia. Sin embargo, fruto de la determinación de Acevedo y la ayuda de otros competidores, pudieron «reengancharse», luego de haber efectivizado su abandono, con el objeto de completar el recorrido.

El 16 de septiembre, en la ciudad de Bariloche, se produjo la deserción de Hugo Prambs por problemas personales, siendo reemplazado por Miguel Ángel Moya.

En la madrugada del 23 de septiembre, Acevedo y Moya recorrían los últimos 1.000 kilómetros del Rally.

Aproximadamente a las 02:00 hs se detuvieron en la estación ACA de Viedma (provincia de Rio Negro) donde repostaron combustible (llenaron el tanque estándar de 50 litros y un depósito suplementario de 40 litros), tomaron café y conversaron algunos minutos con otros competidores. A las 02:30 hs. el Citroen número 102 estaba nuevamente en lo ruta con rumbo a Bahía Blanca, luego de cruzar el rio Negro y atravesar la ciudad de Carmen de Patagones.


Aproximadamente a las 03:00 habían dejado atrás el cruce de la ruta 3 con el camino vecinal que conduce al pueblo de Cardenal Cagliero y se encontraban a la altura del Salitral del Algarrobo y la Salina de Pedro, a 30 kilómetros al Norte de la ciudad de Carmen de Patagones (coordenadas aproximadas de la localización de los testigos: 40* 29′ Latitud Sur, 62* 49′ Longitud Oeste).


Carlos Acevedo se encontraba al volante del Citroen. De pronto observó una potentísima luminosidad que se reflejaba en el espejo retrovisor de su automóvil.

Era una luz densa, de una coloración amarillenta. Al principio se distinguía solo como un punto en el espejo, sin embargo su tamaño aumentaba a ojos vista.


Acevedo y Moya viajaban en aquellos momentos a casi 100 kilómetros por hora. Pese a ello la luz parecía acercarse rápidamente, por lo que Acevedo supuso que se trataba de las luces frontales de alguno de los automóviles de la clase de mayor cilindrada (Citroen 2400 o alguno de los Mercedes Benz), por lo que decidió disminuir sensiblemente la velocidad de su automóvil y pegarse al borde derecho de la cinta asfáltica a fin de facilitar el paso de lo que suponía era otro competidor del Rally.


La luz ya llenaba el espejo retrovisor y continuaba acercándose a gran velocidad. De pronto el habitáculo del Citroen de Acevedo y Moya se »lleno» de luz.
«La luz inundo todo el habitáculo y no podía ver mas alla del capot del auto. Era una luz densa, muy brillante, de color amarillo con algunos tintes violáceos. En ese momento el auto me pareció fuera de control . Mire por la ventanilla y vi que estábamos a casi dos metros del asfalto. De inmediato pensé que habíamos saltado un ‘lomo de burro’ y comencé a volantear, preparándome para el momento en que tomáramos nuevamente contacto con el asfalto», relato Acevedo.

Sin embargo, el automóvil lejos de descender, parecía continuar elevándose incontroladamente.
«Tras algunos segundos, no sé, quizás 5 o 10. Reaccioné, me di cuenta que aquello era algo completamente anormal. Quise mirar nuevamente por la ventanilla pero lo único que se veía era esa luz densa.

Recuerdo que comencé a gritar ¿Que pasa?, pero Moya no me contestaba. Cuando mire hacia mi derecha mi compañero no estaba allí, o al menos yo no lo podía ver. En realidad ni siquiera podía ver el tablero de instrumentos. Solo veia esa luz, densa, que parecía como un liquido, no se, algo asi como pegajosa», recordó Acevedo.
Por su parte, Miguel Ángel Moya permanecía como paralizado por el temor y nos explicó :
«En un primer momento yo también pensé un ‘lomo de burro’ y me asusto algo la posibilidad de un vuelco, pero cuando note que el auto parecía flotar en el aire y no descendía me atemorice aun mas. Realmente era una situación que no podía comprender. Lo mire a Carlos y lo vi rígido, con los brazos extendidos aferrando el volante y la vista clavada frente. Parecía que estaba gritando pero yo no oí a nada. Lo veía todo como a través de una niebla amarilla, como si yo estuviera distante, en otro lado. Creo que mi primer reacción fue escapar de allí, y quise abrir la puerta pero no pude, parecía como soldada. Note que la temperatura se elevaba aunque a lo mejor era producto de mi estado de temor. De pronto la luz lo envolvió todo y yo ya no veía nada, creo que ni siquiera veía mis manos, ni nada».
los testigos perdieron entonces la noción del tiempo. De pronto sintieron una sacudida y notaron que el automóvil estaba nuevamente en tierra.
«Creo que había pasado un minuto, o dos, no se realmente, cuando sentí una sacudida leve, pero de inmediato tuve la impresión de que el auto estaba otra vez sobre la ruta. En ese mismo momento la luz amarilla pereció que se hacía menos intensa y de a poco pude ver a mi alrededor, vi el tablero, el capot del auto. Mire por la ventanilla y vi la tierra, estábamos en la banquina de la contramano, sobre la izquierda de la ruta, totalmente detenidos. De pronto la luz dejo el habitáculo y observe que hacia el oeste se alejaba. algo así como un cono de luz amarilla, pero que no terminaba en punta sino que estaba como truncado. No sé, sería como de cuatro o cinco metros en la base y dos o tres en la cúspide, y de unos seis metros, quizá siete, de altura. La base iluminaba el terreno, aunque en realidad no se veía que era lo que iluminaba, o sea no se veáa a través de la luz. Unos segundos después la luz se, ¿como podría decirlo?, se retrajo …o se levanto como una cortina, de abajo hacia arriba, y lo único que quedó a la vista fue una luz blanco-amarillenta, ovalada, que siguió rumbo al Oeste hasta desaparecer en la distancia», relató Acevedo.
Por su parte, Moya tardo algunos segundos en recuperarse de la impresión producida por la anormal situación vivida:
«De pronto todo paso, y estábamos solos en la ruta, nos miramos con Carlos pero no podíamos decirnos nada. Yo estaba como entumecido, me temblaban las manos y sentía una opresión en el pecho, me costaba respirar «.
Acevedo y Moya permanecieron en silencio por algunos segundos, sin atinar a realizar ninguna acción o actividad. Por fin, Acevedo descendió del vehículo para, según nos expresó, «ver si todo estaba en su lugar». Apenas un minuto después ascendió nuevamente al Citroen y, a toda marcha, continuaron por la ruta 3 rumbo al Norte.
Tras 15 minutos de marcha, poco mas o menos la tripulacion chilena del Citroen numero 102 arribo a Pedro Luro, localidad situada en la provincia de Buenos Aires a 123 kilómetros al norte de Carmen de Patagones. Se detuvieron en una gasolinera, a fin de averiguar la ubicación de un destacamento de Policía, y al decidir controlar el instrumental del automóvil, constataron dos hechos anómalos: el odómetro atestiguaba que, desde la ciudad de Viedma a Pedro Luro, habían recorrido 52 kilómetros, cuando la distancia real entre las dos localidades es de 127 kilómetros; por otra parte, habían arribado a Pedro Luro a las 05:10 horas, habiendo salido de la zona urbanizada de Carmen de Patagones a las 02:50 horas, aproximadamente. Habiendo realizado el trayecto a una velocidad media de 100 kilómetros por hora no deberían haber insumido mas de 75 minutos para cubrir la distancia existente entre ambos puntos, pero en realidad habían insumido 2 horas 20 minutos.

Los testigos constatarían un tercer hecho inexplicable: al decidir llenar el tanque principal de gasolina observaron que el deposito secundario estaba absolutamente vacio, pese a que habia sido llenado con 40 litros en la ciudad de Viedma.
Los hechos explicitados confundieron aun mas a los testigos, quienes, presa de un creciente temor, decidieron dar cuenta de los hechos a la policía de Pedro Luro, para lo cual se dirigieron al destacamento respectivo.


Alli fueron solicítamente atendidos por el oficial inspector Daniel Osimi, a quien relataron los pormenores del incidente protagonizado y solicitaron se les facilitara custodia hasta la ciudad de Bahía Blanca.

Aquí compartimos con ustedes, un trabajo documentado en su momentos por la representante de CEFORA, Daniela Ciancio, en su Blog Patagonia Ovni (http://patagoniaovni.blogspot.com.ar/2012/06/ovnilogia-historica-caso-rally-de-la.html), a través del documental que realizara el Programa Chileno Ovni, conducido por Patricio Bañado y producido por la TVN de Chile entre 1999 y 2000, con recreación del caso y testimonios únicos de los protagonistas.

Muchos medios periodísticos cubrieron la noticia, entre ellos medios como la revista temática Cuarta Dimensión, donde en el Nro. 58 Relata el caso en comparación con un suceso en Brasil de similares características

Fuentes para la realización de esta nota:

Investigacion Guillermo Roncoroni – Ufo Press, N° 9, octubre de 1978.

Alejandro Agostinelli – Blog Factor 304 http://factorelblog.com/2013/09/22/ufo-press-archivos-desclasificados/

Investigador Rodrigo Fuenzalida – Organización AION – Chile Asesor Programa OVNI

Produccion TVN de Chile, Programa OVNI

Usuarios de youtube:

Royosobocoto:
http://www.youtube.com/user/royosobocoto?feature=watch

Emocionrally:
http://www.youtube.com/user/emocionrally?feature=watch

Daniela Ciancia – Patagonia Ovni
http://patagoniaovni.blogspot.com.ar/2012/06/ovnilogia-historica-caso-rally-de-la.html

Ovnilogía Histórica: Caso Rally de la Vuelta de América del Sur – 23 de Septiembre de 1978
Autora: Daniela CIANCIA – PATAGONIA OVNI

El caso OVNI del Rally de la Vuelta de América del Sur, también conocido como «Incidente Acevedo-Moya», ocurrió en Norpatagonia argentina el 23 de Septiembre de 1978 y fue protagonizado por el fallecido empresario Carlos Acevedo Ramírez (piloto) y Miguel Ángel Moya (copiloto), ambos chilenos.
El suceso tuvo lugar en plena dictadura militar de Jorge Rafael Videla, cuando el conflicto del Canal de Beagle estaba en su punto más álgido, y la tensión en la Patagonia se hacía sentir.
A continuación, una transcripción del artículo publicado en la revista Cuarta Dimensión N° 58 del año 1978.

«El sábado 23 de Septiembre de 1978, dos corredores del rally de la Vuelta de América del Sur, Carlos Acevedo Ramírez y Mario Moya, circulaban por la ruta número 9 a bordo de la máquina número 102, un Citroën GS 1220, en dirección a Bahía Blanca.
A partir de Viedma, cuando ya habían dejado muy atrás la ciudad bonaerense de Carmen de Patagones, piloto y copiloto se dirigían a Bahía Blanca, a una velocidad aproximada de 140 kilómetros por hora. Fue entonces, en un punto desolado de la ruta, que Moya observó por el espejo retrovisor una potente luz que no era la de su auto. Creyendo que se trataba de otro automóvil, detectó que la luz se aproximaba «como a unos 300 kilómetros por hora». Se lo advirtió a su compañero, quien también observó la luz, e intentó maniobrar para dejar pasar al supuesto vehículo. Pero de inmediato se dio cuenta que le era imposible maniobrar, como si el auto no respondiera a su comando. «Vi que la luz se hacía potentísima y por la luneta trasera del Citroën todo se inundaba con una tonalidad amarillenta, con reflejos violáceos».
En ese momento sobrecogedor, Acevedo Ramírez advirtió que el motor se había detenido y «nos vimos suspendidos en el aire a unos cuatro metros del suelo, envueltos en una intensa luz». «Qué hacemos?… ¿Qué nos está pasando?…», dice que sólo pudo articular. En ese momento, ambos protagonistas sintieron una rara y extraña sensación, que no podrían precisar cómo era, salvo que ese tiempo en que se sintieron suspendidos les pareció «una eternidad». «Poco tiempo después la luz se fue haciendo menos intensa y parecía que estuviéramos bajando en forma vertical», agregó.

Regreso a la tierra

Cuando descendieron, se dieron cuenta que no estaban sobre el pavimento, sino sobre la tierra, en la banquina derecha, mientras el OVNI desaparecía en el horizonte, en dirección al norte.
Con un gran susto, piloto y copiloto revisaron el auto y después de comprobar que estaba en condiciones, volvieron a encender el motor y prosiguieron su camino. Al llegar a Pedro Luro, unos 20 kilómetros después de donde los «había dejado el OVNI», pararon en una estación de servicio, donde también había un policía. «Al relatar el viaje -explicó Moya- nos aclararon que por esa zona, varias personas habían pasado por situaciones similares».
Lo que les acusó una tremenda colisión fue descubrir «que el tanque de nafta auxiliar -que llevan todos los corredores- estaba totalmente vacío, cuando debería estar totalmente lleno, y el cuentakilómetros del auto carecía de registro de esos 70 kilómetros en que fuimos suspendidos». Es decir que durante un minuto -sacando bien los cálculos- viajaron a cuatro mil doscientos kilómetros por hora.

Los protagonistas

Carlos Acevedo Ramírez es un conocido industrial de Santiago de Chile, que goza de gran prestigio. Corredores que lo conocen y lo conocieron en el rally aseguran que se trata de una persona seria, lo mismo que su acompañante. Por eso es que se supone que ninguno de los dos es propicio al macaneo.»

DOCUMENTACION CEDIDA POR DANIEL LECOMTE

FUENTE DANIELA CIANCIA

Título original de la nota:

HALLAN EL EXPEDIENTE POLICIAL, DE LOS PILOTOS CHILENOS DEL RALLY DEL AÑO 1978

Acerca de Raúl Díaz

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