Inicio Destacados ¿Submarinos en Río Negro? Un piloto de Viedma y la búsqueda en agrestes lugares de la costa marítima

¿Submarinos en Río Negro? Un piloto de Viedma y la búsqueda en agrestes lugares de la costa marítima

Operaciones confidenciales, cascos enterrados en la arena y sorprendentes testimonios sobre los submarinos nazis en la costa argentina.

Esta nota fue publicada el domingo por Infobae (Buenos Aires)

La “Operación Calypso” de la Armada en busca de naves alemanas, la palabra de los testigos, los documentos oficiales y los relatos de los investigadores que siguen las pistas y la leyenda de los buques del Tercer Reich que habrían llegado hasta nuestro país tras la caída de Adolf Hitler.

Carlos, tengo un video impresionante! ¡Se ven dos submarinos nazis hundidos!

Exultante, el periodista Julio Ramos, director del diario Ámbito Financiero, acababa de entrar al despacho del presidente Carlos Menem.

-Está todo registrado con el magnetómetro…

Menem se contagió de su entusiasmo. Por eso decidió que comenzara una investigación oficial:

-Le voy a ordenar a la Armada que ya mismo inicie un operativo en la zona…

Esto sucedía en noviembre de 1996. En aquella época, el investigador Abel Basti trabajaba en la corresponsalía de ese matutino en Bariloche, donde además editaba La Mañana del Sur. Su relato nos permite reconstruir los hechos:

-Viviendo en Bariloche, yo había escuchado montones de relatos. La gente me hablaba de nazis, de submarinos, de desembarcos… Supe que un piloto, Mario Chironi, en 1957 había visto desde su avión el casco enterrado de un sumergible, un día de “sicigia”, con gran bajamar. Y empecé a investigar en un lugar que se llama Punta Mejillones, en Caleta de los Loros, eso es Golfo San Matías, entre Viedma y San Antonio Oeste. A Ramos le interesó y compró un magnetómetro protónico, que mide desviaciones y detecta anomalías magnéticas. Luego contratamos una embarcación, un equipo de buzos, un ingeniero. Y navegamos hasta el lugar, exactamente a los 41 grados 3 minutos de Latitud Sur y a los 64 grados 3 minutos de longitud Oeste.

-¿Y encontraron algo? -el cronista aventura una duda.

-Sí, se detectaron dos. Están tapados por la arena. Además tuve la suerte de conseguir una foto satelital en la que se ven las dos siluetas. A través del Centro Atómico nos conectamos con la NASA, uno de cuyos satélites en un momento de bajamar captó imágenes alargadas bien nítidas. Están en V corta, con el vértice apuntando a la costa, a una distancia de 80 metros. Uno de los dos se ve como fragmentado. Seguramente lo destruyeron con explosivos, para hundirlo. Poco después, la decisión presidencial se concretó. Y la Armada desplegó la Operación Calypso en 1997.

En el documento oficial, que estaba caratulado como “confidencial”, se decía: “Antecedentes históricos de la ARA reflejada en los acaecimientos de los libros de navegación del año 1945, indican la presencia de submarinos no identificados en la zona, los que fueron atacados con bombas de profundidad…“. Esta referencia a 1945 alude a una llamativa cantidad de episodios similares, ocurridos en el litoral marítimo argentino en esa época, muchos de los cuales permanecieron bajo secreto institucional durante medio siglo.

El resultado de la Operación Calypso, se refleja en la Orden de operaciones COOP número 3/97 – ORDOP: “Con esta información se realizaron vuelos exploratorios con aeronaves S 2T, detectándose anomalías magnéticas (MAD) que establecen la existencia de 1 ó 2 contactos fuertes en el área de referencia”.

-¿Entonces la Operación fue un éxito? -le preguntamos a Basti.

-No. Todo terminó de una manera confusa, porque se rompió el radar. Y todavía estoy tratando de conseguir el informe con el resultado oficial. Lo que te puedo decir es que en Alemania, en el Museo Memorial de Laboe, hay un mapa donde están marcados los lugares en los que quedaron submarinos alemanes hundidos. Y en el Golfo San Matías tienen una cruz.

A lo largo de los años, Basti reiteró su deseo de conocer las conclusiones de aquel Operativo Calypso:

-Una vez, ante mi insistencia, me llamaron de la Armada. Y un oficial me dijo: “Ya le dimos todo lo que teníamos Basti, no joda más. El resto lo tiene el Ministerio de Defensa”. En ese momento era ministra Nilda Garré. Hice el pedido correspondiente y el Ministerio de Defensa me contestó que se trataba de un secreto militar, expresión que no se había usado hasta ese momento. Entonces inicié una demanda judicial. Perdí en primera instancia. Apelé. Y en segunda instancia la Justicia me dijo que se trataba de un “secreto de Estado”, lo cual cierra todos los caminos legales. Salvo que el Poder Ejecutivo, quienquiera que sea el Presidente, ordene desclasificar los documentos…

-¿Pero se puede hacer nuevamente una búsqueda particular, como la de 1996, quizás con elementos más modernos?

-¡¡¡Seguro!!! Y no solamente en Caleta de Los Loros. También en Necochea.

Lo de Necochea es impactante. Enseguida vamos a contarlo. Pero antes conviene hacer una salvedad.

Es probable que haya lectores que rechacen este tipo de relatos. Con todo derecho, prefieren mantener las creencias tradicionales en la materia: Hitler se suicidó en el búnker, no hubo submarinos alemanes en el mar argentino y tampoco desembarcos en nuestra costa.

En cambio, para aquellos que sean aficionados a estas investigaciones, recomendamos la lectura de libros y artículos de diferentes especialistas: Carlos De Nápoli, Julio B. Mutti, Jorge Camarasa, Laureano Clavero, Pere Cardona, Pablo Javier Junco, Uki Goñi, Eric Frattini, el propio Abel Basti, sus adherentes Simon Dunstan y Gerrard Williams, entre muchos otros.

Y si lo consiguen en internet, Hitler está vivo. Probablemente sea el primer libro en el mundo que arriesgó esa teoría.

Se publicó en 1947, apenas dos años después de terminada la guerra. Fue escrito por un periodista argentino de origen húngaro, llamado Ladislao Szabó. Trabajaba en el diario Crítica, de Natalio Botana. Su trayectoria incluye dos hechos singulares. Por un lado, fue uno de los traductores del Martín Fierro al idioma magyar. Y además, fue jefe de publicidad de la Compañía Remington Rand Sudamericana, donde ingresó en 1953 y renunció en 1958, al tiempo que demandaba a la empresa por $ 300.000 de la época. Perdió ese juicio, en el que reclamaba inútilmente el reconocimiento de sus derechos de autor: un año antes había creado y consagrado el “Día de la Secretaria”.

Ahora sigamos con Necochea…

Hace pocas semanas, Abel Basti recibió un llamado desde esa playa bonaerense:

-Me dijeron que había aparecido en la arena un elemento de una embarcación. Algo muy pesado, de acero. Me fui para allá, lo vi y lo fotografié.

El objeto resultó ser un timón y quedó encajado en la costa, al norte de la ciudad. No entendí por qué despertaba tanto interés, y menos aún cuando el investigador me dijo:

-Saqué una muestra del material. Ya hicimos un primer análisis en un laboratorio. Es acero naval. Ahora estoy pendiente del dictamen de dos ingenieros, para determinar la composición del metal y la procedencia. Hay que comparar con elementos similares en Alemania.

Confieso que me perdí un poco cuando Basti me empezó a hablar de vanadio, silicio, oxígeno y tungsteno. Pero me sorprendí cuando afirmó, muy convencido:

-Estos pueden ser restos del submarino alemán que quedó hundido frente a la estancia Moromar.

Y me contó la historia.

-Esto está documentado en el memorando N.S. número 246 de la Armada Argentina, con fecha 30 de julio de 1945. Es oficial y tiene la firma del capitán de fragata Matías López, que se la envió al Ministro de Marina, que en ese momento era Héctor Vernengo Lima.

Lo que sigue me resultó más atractivo que el vanadio:

-Al atardecer del 27 de julio de 1945 el comisario Luis Mariotti recibió una denuncia de un poblador de Necochea. Decía que unas personas estaban haciendo señales luminosas desde la playa y que les contestaban desde el mar. Fueron al lugar y detuvieron al hombre, que era un vecino del pueblo. Era un artesano alemán, vivía en la calle 67 número 2632, le decían “Moreno”. El hombre admitió que se estaba comunicando con un submarino que se disponía a desembarcar.

Lo interrumpo:

-¿Y todo eso cómo se sabe?

-Está en el acta policial y así se lo elevaron al Ministerio de Marina. El comisario decidió que una brigada inspeccionara el lugar. Allí fueron, en tres autos particulares y encontraron infinidad de rastros y huellas de camiones, en una zona por la que era muy raro que pasara algún vehículo. También había marcas de objetos pesados, presumiblemente cajas o botes. Los policías siguieron esos rastros hacia el oeste y llegaron hasta la entrada de la estancia Moromar, que en es época era propiedad de la empresa alemana Safico. Cuando quisieron entrar, cuatro hombres que hablaban alemán, con ametralladoras en las manos, les impidieron seguir y los echaron violentamente. Los policías no tenían orden de allanamiento, así que volvieron a su comisaría. Desde allí telefonearon a La Plata, para informar a sus superiores. No habían pasado dos horas cuando el propio Jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires llamó personalmente y dio la orden terminante de concluir la búsqueda y dejar todo como estaba.

Según otras referencias, posteriormente el ministro de Marina Héctor Vernengo Lima envió a la zona a su propio edecán, para que recogiera testimonios de los pobladores. Se desconoce si hay documentación al respecto y si alguna vez será desclasificado. Lo que sí se conoce es el nombre de aquel por entonces joven oficial: Isaac Francisco Rojas, que mucho después sería vicepresidente de facto de la Nación.

Mientras espera el resultado de los restos del timón que encontró en las playas de Necochea, Basti afirma:

-En el mar, muy cerca de la costa, había unos fierros, unos rieles clavados verticalmente, con base de cemento, y las puntas a veces llegaban a sobresalir, cuando bajaba la marea. Tenían una argolla de acero, era un amarradero de los submarinos alemanes.

¡Entonces recordé lo que una vez me contó el notable pintor marplatense Néstor Villar Errecart!

Lo llamé. Está preparando su próxima exposición en Zurbarán. Amablemente, hizo una pausa, dejó los pinceles y me ratificó la historia:

-Yo hice la conscripción en la Armada, fueron dos años, 1957 y 1958. Me tocó a bordo del destructor “Misiones”, donde yo era sonarista, es decir el tripulante que está a cargo del sonar, el equipo de localización acústica. Una mañana estábamos en la zona de Golfo Nuevo y me dispongo a iniciar la rutina de contactos. Cuando empiezo a buscar, veo en la pantalla una imagen alargada. “Una ballena”, pensé ¡Pero comencé a escuchar de abajo del agua un sonido de máquinas! Y los animalitos no tienen motores. Le informé a mis superiores y enseguida lo empezamos a seguir ¡Era un submarino! Al rato, el submarino detectó que lo estábamos persiguiendo y entonces pegó la vuelta y se metió detrás de nuestro barco. Ahí se dificultó la búsqueda y finalmente se escapó.

Pero lo mejor de la evocación del gran artista plástico marplatense viene ahora:

-El comandante ordenó que bajara un buzo para investigar. Y cuando subió dijo que abajo había un atracadero de hierro para los submarinos, unas estacas con unos ganchos.

El mismo hallazgo, en diferentes lugares.

Más allá de la credibilidad que merezcan todos estos testimonios, es innegable que el tema tiene arraigo en la opinión pública desde hace décadas. Y una consagración mediática fue la historieta en la que el bonachón Ñancul, capataz de la estancia de Patoruzito, vio un submarino en la playa:

Quienes rechazan estas hipótesis aseguran que apenas puede ser el argumento de una historieta. ¿Pero todo esto es una fantasía? ¿Vinieron los nazis a la Argentina, lo hizo el propio Hitler?

Algunos documentos oficiales parecen confirmar que la historieta fue muy real. El agregado militar de los Estados Unidos en Suiza, general Barnwell Rhett Legge escribió en un informe del 28 de marzo de 1945: “Hemos logrado establecer la existencia de un puente aéreo regular entre Alemania y España. Los aparatos no vuelan sobre Francia, sino sobre el norte de Italia y el Mediterráneo. Esos aviones de cuatro o seis motores fueron construídos hace un tiempo ya, con el propósito de asegurar la fuga de los peces gordos del nazismo hacia Japón o Argentina en el momento propicio. En febrero de 1945 dos de esos aviones volaron a Buenos Aires. El dato ha sido verificado. Los nazis están ahora enviando fondos y correspondencia a Buenos Aires por la valija diplomática“.

Otro informe, en este caso del general Milton Ladd, agregado militar en la embajada norteamericana en Buenos Aires, al poderoso John Edgar Hoover, jefe del FBI, decía el 4 de septiembre de 1944: “Una gran colonia alemana en la Argentina proporciona grandes posibilidades para proveer de un refugio a Hitller y sus secuaces, uno de sus miembros, el conde Luxburg, ha sido mencionado como operando un rancho, el cual serviría para proveer un refugio.”

Y también asegura: “… ella (Argentina) serviría de punto terminal para Hitler después de un vuelo sin parada de 7.376 millas desde Berlín, en un vuelo construído especialmente, o como pasajero en un largo viaje en submarino”.

¿Pudo escapar Hitler de Alemania? Quienes sostienen esta tesis aseguran que fue un canje: su salida de Berlín a cambio de la bomba atómica.

Si esto fuese cierto, se entendería por qué Eissenhower demoró a Montgomery y a Patton, que estaban muy cerca de la guarida de Hitler. Y en cambio, permitió que el ejército ruso llegara primero. Eso le dio tiempo al dictador nazi para huir.

¿Fue así? En cualquier caso, no estará de más apelar a Erwin K. Oppenheimer, el científico alemán que había trabajado en Pennemünde en el proyecto de la bomba atómica nazi.

En su libro Prisioneros del mundo atómico escribe:”En enero de 1945 nosotros ya teníamos tres bombas atómicas terminadas. En esos días, Hitler sabía que perdía la guerra. Se hizo una reunión a la que fui invitado y en la que estaban el propio Fhürer y Gõring. Hitler dijo: ‘Yo desaparezco de escena porque el problema soy yo. Le tiramos una bomba atómica con una V2 a Londres y enseguida llamamos a un armisticio en condición de fuerza porque tenemos dos bombas más…‘. Ahí empieza una discusión, porque Göring le dice que el Instituto Kaiser hizo los estudios y se había comprobado que un bombardeo de Londres con la bomba atómica iba a irradiar a Alemania, que los vientos radioactivos llegarían a nuestro país… Entonces se decide negociar con los americanos a cambio de la nuestra bomba“.

Y también dice en su libro, editado en 1956:

“Fuera de un puñado de científicos del átomo y algunos políticos, todo el mundo creyó que las dos bombas que aplastaron a Japón en agosto de 1945 eran de fabricación norteamericana. En realidad estas bombas eran el arma secreta de Hitler”.

Cuando terminó la guerra, Erwin Oppenheimmer trabajó en los Estados Unidos y paradójicamente colaboró con su homónimo Julius Robert Oppenheimmer, científico norteamericano que trabajó en el proyecto Manhattan.

El submarino U 234 rindiéndose frente a los oficiales del USS Sutton cerca del puerto de Portsmouth

Todo esto parece increíble. ¿Será falso?

Lo que sí cierto es cómo se sucedieron los hechos, con una continuidad que parece confirmar la existencia de un plan acordado:

El 15 de abril el submarino alemán XB U-234 salió del puerto noruego de Kristiansand. De esto hay constancia documental. Fue aprovisionado para un largo viaje. Además los alimentos y el agua potable para los tripulantes, llevaba 1.200 fusibles infrarrojos, que era la “mecha” para detonar la bomba de plutonio. Misiles y cohetes de última generación, los últimos radares desarrollados por los nazis, un avión Messerschmitt 262 desarmado (primer avión de combate a reacción, antecesor del Pulqui que luego se construyó en Argentina), planos, microfilmes. Y algo fundamental: 560 kilos de uranio enriquecido, algo que los norteamericanos aún no tenían.

El 1ero de mayo Berlín se rindió ante los rusos.

El 13 de mayo de 1945 -inesperadamente- el submarino U-234 se entregó en el Atlántico norte, cerca del puerto norteamericano de Portsmouth. Fue directamente a rendirse. Los científicos y los materiales fueron llevados al laboratorio de Los Álamos, en Nuevo México, donde se desarrollaba el proyecto atómico de USA.

* El 16 de julio de 1945 se hizo la prueba “Trinity” en el desierto de Nuevo México, en Alamadordo, White Sands. Fue la primera prueba de un arma nuclear de los Estados Unidos.

* El 6 de agosto de 1945 Estados Unidos tiró la bomba atómica en Hiroshima.

* El 9 de agosto de 1945 hizo lo mismo en Nagasaki.

En sus memorias, Winston Churchill cuenta que en la conferencia de Postdam, en julio de 1945, él y Truman le contaron a Stalin sobre la experiencia en Nuevo México. Y la respuesta fue la de alguien que sin duda estaba al tanto de un pacto:

-¿Ustedes también han conseguido la bomba atómica? ¡Qué suerte! Esa bomba es tremenda, tírensela a los japoneses.

Frases atractivas, personajes interesantes, episodios sorprendentes. Las certidumbres y las dudas se entrecruzan.

Respetuosamente, el cronista le pide permiso al viejo Heródoto -padre de la Historia- para poner el punto final con una de sus enseñanzas:

-Me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no a creérmelo todo a rajatabla.

Texto: Julio Lagos para Infobae (Buenos Aires)

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