La casa con el pino grande y cerco de piedras al frente, en Valcheta

Mi amigo el escritor, herrero, motoquero y pintor de letras Jorge Íncola dejó una hermosa crónica al visitar mi casa de Valcheta, hace muchos años. Ahora es como de la casa. Gracias amigo.

“La cosa pintaba bien, fin de semana en Valcheta. ¿El motivo? Encuentro de escritores. El referente indiscutido y más cuando en Valcheta y de letras se trata es ese amigo del alma bautizado como Jorge Castañeda.

Sé donde queda Valcheta que no es lo mismo decir: conozco Valcheta. Me levanté a las seis de la mañana, siete y cuarto monto y pongo en marcha la Chanchi (es mi moto y fiel compañera de ruta). Voy por ruta tres hasta el cruce con ruta veintitrés, era todavía casi de noche cuando encaramos la veintitrés; al poco de andar veo por los espejos, como a mi espalda, al este nacía el sol proyectando hacia delante nuestra sombra y dándole al entorno un brillo dorado. Fue ese el momento cuando comenzó la magia. Con la Chanchi perseguía a mi sombra, imaginé entonces la metáfora de ir tras mi destino, feliz y entregado”.

“Nueve menos cuarto. Estaciono frente al Municipio pensando encontrar ahí quién me indique el lugar del encuentro. No hallé persona alguna, el Municipios estaba cerrado. Con el teléfono celular llamo a Jorge Castañeda, le pregunto por el lugar del encuentro, me da los datos precisos que por supuesto no entendí, tras lo cual hizo lo que él consideró más práctico. Me dijo –venite a casa y de acá vamos-. Fenómeno, le respondí, ¿pero? Cómo llego a tu casa. –De la YPF una cuadra más y doblás a la izquierda, media cuadra más y llegaste. Es la casa del pino grande y cerco de piedras a en el frente. Con esa descripción sonando en mis oídos y resonando en mi cabeza sentí que lo raro y lo mágico estaba en el ambiente y en mí. Dije saber dónde queda Valcheta. No conocerla. Vencí esa dificultar consultando con algún ocasional transeúnte. Llegué, y efectivamente ahí estaba, frente a mí, la casa del pino grande y cerco de piedras. Dos mojones inconfundibles”.

“Pulso el timbre, y mientras espero que Jorge me atienda, cosa que tarda largo rato en hacer, y no es una crítica, observo el enorme pino, miro con detalle las piedras que forman en cerco, estoy ensimismado en esa observación cuando acude a mi memoria el recuerdo de “la Abuela”, único nombre con el cual la conocí.

En realidad, es la madre de Jorge Castañeda. Y con ella, en mi imaginación nos fuimos a Las Grutas, ya ubicados en el kiosco de la tercera bajada en la Galería Casablanca nos pusimos a tomar mate y conversar como solíamos hacerlo en las temporadas que ella atendía el negocio. Esas mateadas me permitieron conocer a una mujer sensible y afectuosa. Algún tiempo después conocía a su hijo Jorge, en el cual encuentro las mismas cualidades”.

“Se entreabre la puerta y la mano de Jorge me indica que entre. La Abuela volvió al lugar del cual vino: mi imaginación. Ya dentro de la casa, después del afectuoso abrazo y un par de mates salimos al lugar de la reunión”.

“De ninguna manera voy a intentar el relato de todo lo sentido y vivido durante ese fin de semana en Valcheta; fue mucho y muy intenso”.

“Me volví a Las Grutas con una duda y una imagen. La duda es: Jorge Castañeda vive en Valcheta, o Valcheta es Jorge Castañeda. La imagen es: El domingo por la tarde volviendo por la ruta veintitrés veo por los espejos de la Chanchi como el sol en su ocaso, por el oeste, proyecta nuestra sombra hacia adelante. Sonreí y seguí persiguiendo mi sombra y mi destino”.

Hasta aquí el texto de Jorge. Ha corrido mucha agua bajo los puentes de la vida. La casa paterna, con el vino y el cerco de piedras está igual. Yo e Irma más viejos. Los hijos grandes. Y en nosotros siempre el recuerdo de mamá en su kiosco de Las Grutas, donde todavía hoy para muchas gente era y es “la abuela”. 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta  

Foto: Gentileza Salvador Luis Cambarieri (Otro amigo y de los buenos)

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