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Libro sobre San Antonio incorpora leyendas de diablos, salamancas y gualichos

 

En mi colección de libros raros y algunos inhallables, en el anaquel de los de historia regional, un pequeño opúsculo sería el primer estudio sistemático sobre San Antonio Oeste, seis años antes del excelente libro “Mi querido Puerto San Antonio” de don René Henry Lefebvre, un clásico ineludible sobre el tema. Después vendrán otros.

Su título es “Al Este de la Patagonia” – años 1800 al 1950 – Historia de San Antonio – e incorpora al cuerpo del mismo los siguientes temas: Los tehuelches –Fernando de Magallanes – Pedro Andrés García – Ignacio de Goicochea – Basilio Villarino – Jordán Wysocki.  Expediciones al Desierto – Organización Nacional – Puertos del Atlántico Sur – Primeros pobladores.  Geografía – Variedad ictícola – Flora y fauna – Mineralogía – Salinas y leyendas del Gualicho.

Su tapa, de color ocre, incorpora un mapa donde figura el Golfo de San Matías, el Gualicho, el cerro Chenque, la laguna Grande, el arroyo Salado (pespunteado y con salida al mar y finalmente para Arroyo Verde, ya en el límite con Chubut.

Fue impreso por la imprenta Martínez y Rodríguez de la ciudad de Bahía Blanca con una primera y única edición limitada de 1.000 ejemplares.

Su autor es Juan Carlos Ballor y en su primera página dejó estampado que “Esta obra eslabona fragmentos documentales acumulados durante 450 años”. Octubre de 1971.

Como curiosidades del mismo se detalla, por ejemplo, el reconocimiento del Golfo por la Flota de Magallanes describiendo el nombre de las naves, las toneladas de cada una y sus respectivos capitanes.

Como fuentes consultadas cita una enjundiosa bibliografía casi desconocida por aquel entonces como los siguientes libros: “Magallanes” de Stefan Zweig;  “Mi viaje alrededor del mundo” de Charles Darwin; “Diario de la expedición al desierto” de Juan Manuel de Rosas; “Viaje por los estados del Plata” de Hermann Burmeister; “Vida entre Patagones” de Chavorsth Musters; “La epopeya del desierto” de Alfredo Ebelot; “Mural ubicación postas y mensajerías” de Villar Sáenz Peña; “La Patagonia y sus problemas” de José María Saboré; “El complejo tehuelche” de Federico Escalada; “Guía del Territorio Nacional del Río Negro” de Martínez Rodríguez y Cía.; “El Fuerte de Río Negro” de Raúl Entraigas; “Panorama provincia de Río Negro” de la Org. Cruz del Sur y el excelente libro “El desafío de la Patagonia” del Ingeniero Domingo Pronsato.

Como se verá, eran escasos los libros de temática regional y ninguno de un autor local, haciendo muy valioso su texto por ser el primero.

Incluye una relación geográfica de San Antonio y sus accidentes, exhaustiva y muy interesante, muy difícil de encontrar aún en textos especializados, citando los arroyos, los acantilados, Las Grutas, la Isla de los Pájaros y otros.

Como final de su libro, Ballor se explaya sobre la leyenda más conocida de la región y cita textualmente: “En las oscuras noches salitreras, su figura de animal grande lo asemeja a un monstruo. Por lo general, la interpretación de los vocablos usados por las comunidades nativas relacionadas con el mal, definen a Gualicho como diablo”.

 Algunos andariegos perdieron la vida al equivocar el paso del caballo y mula, o desviarse de su orientación. Los menos atinaron a refugiarse en cuevas o reparos naturales que la tradición llamo “salamancas”. Allí existían diversas pinturas rupestres, ocres, rojo marrón, caliza colorada y arcilla amarillenta, que aquella gente de la tierra usaban para enfrentar al espíritu maligno, a la par que ofrecían dones y sacrificios al Bien litúrgico. La soledad e incertidumbre, las sombras nocheras, el rumor de los vientos, algunos soles y silbos de origen animal y las vidas sacrificadas, crearon el mito y la leyenda del gigante de los infiernos en el país del diablo.

Hay pobladores de la región del Este que comentan haber enfrentado al Gualicho y aplacado con misteriosas ceremonias y rituales. Casi siempre son puesteros que regresan de a caballo y éste detiene su andar cuando brilla la luz mala en la cerrazón de los salares y salitrales”.

En síntesis, no solamente tiene un valor histórico importante sino que también es de amena lectura y que aporta datos valiosos algunos inéditos. Merecería ser más conocido.

 

 

Jorge Castañeda

 

Escritor – Valcheta

 

Acerca de Raúl Díaz

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