Inicio Destacados La Patagonia regia. Tierra de aventureros. Un rey en Choele y un príncipe con plata

La Patagonia regia. Tierra de aventureros. Un rey en Choele y un príncipe con plata

 

La Patagonia es una tierra de misterios y de fantasías. Aventureros de toda laya fueron dejando su impronta sobre esta inmensa estepa mágica y legendaria, barrida por grandes vientos y tutelada por ríos impetuosos, glaciares en el cenit de su belleza y donde cerros y volcanes supieron acompañar la vida del hombre desde su sueño de remotas edades al acecho.

La Patagonia es regia porque personajes de una singularidad que asombra dejaron sus huellas tejiendo en una urdimbre de sueños y blasones la estirpe febril de sus prosapias. Fueron un poco la hechura de la vasta soledad, del silencio oracular, del cielo donde otras constelaciones desconocidas señalaron el rumbo hacia la riqueza o el infortunio.

Buscadores de oro al sur de todas las latitudes, científicos atrapados por su embrujo, escritores y curas fundado colonias, demóstenes con vincha fatigando con sus caballos las distancias y acechando la vida de los intrusos, galeses buscando los esplendores de una nueva arcadia, pistoleros americanos trocados en pacíficos colonos, afiebrados cuenteros vendiendo espejitos de colores y plesiosauros que nunca existieron, bandoleros y bandoleras (entre ellas la temible inglesa) cometiendo tropelías punta de fusiles y revólveres, exploradores marcados a fuego por su contacto y hasta  beatos con olor a santidad.

Se dice –y seguramente es así- que la Patagonia moldea el espíritu de sus hombres y de sus mujeres como el viento la copa de sus árboles. Que el hombre del Sur se mimetiza con la tierra como el temido collón de los mapuches. Que el carácter se templa ante tantas encrucijadas. Que en esta tierra de leyendas nada se regala.

Decimos que la Patagonia es regia. Y eso en forma literal. En ella hubo nobles y títulos y crecieron dinastías reales aún vigentes. ¿Acaso no soñó Dante Quinterno que Patoruzek II, primogénito de un joven faraón egipcio “durante una crecida del río Nilo, se extravió en su nave y terminó en la Patagonia? Queda para los investigadores establecer las conexiones entre la cultura egipcia y la tehuelche (los enterramientos piramidales, la barquera infernal, el camino de los antepasados, etc. ¿La emperadora Carlota no nombra acaso a un general al mando de sus naves en la gesta de la invasión brasileña frustrada a Carmen de Patagones a un “barón del Río de la Plata”? ¿No tenía Juan de la Piedra más estipendio que el Condestable de Castilla? ¿No emitió hasta moneda propia Julio Popper en su estado en el fin del mundo?

En medio del páramo y de la soledad, azotados por el viento inclemente sueños reales poblaron las mentes de muchos aventureros.

Pero sin duda el más atrapante de todos fue el del francés Orlli-Antoine de Tounens que se proclamó nada más ni nada menos que “Rey de la Patagonia y de la Araucanía” con la complacencia de algunas tribus reunidas en asamblea.

 Se sabe que estuvo en Río Negro, apareció en la isla de Choele Choel, cruzó los páramos neuquinos hasta Chile y estuvo preso en el Fuerte de Patagones. Soñador, intrépido, notable y además –cosa increíble- fundador de una dinastía que existe hasta nuestros días, pero devenida en un principado con sede en la Dordoña francesa.

Hace algunos días una noticia dio la vuelta al mundo: el fallecimiento del último descendiente de la Rey de la Patagonia, el príncipe Philippe I.

Desde esa casa real se otorgaron numerosos títulos nobiliarios, se imprimió moneda y estampillas alusivas, manteniendo relaciones protocolares con varios países del mundo, llegando a nombrar por ejemplo al cacique Amaranto Algo de Ruca Choroy como “Comendador de la Real Orden de la Corona de Acero”.

Hace unos años, verbigracia, El príncipe Philippe I hizo emitir una moneda de cortesía. “Se trata de una pieza de cien pesos en cuya cara se muestra en perfil la efigie de Boiry, circundada por las palabras Araucanía-Patagonia y, al pie, Felipe R. El reverso o cruz lleva en el centro el valor asignado a la moneda coronado por la frase Reino del Mapú y una constelación de once estrellas. Bajo el valor, el año de acuñación, 1988, la ceca y dos ramos de palma, en un diseño que sigue cercanamente al propio de la cruz de la moneda emitida por Tounens en 1874. El metal empleado en la acuñación ha variado entre plata, paladio y la aleación de plata níquel, y, a pedido, incluso oro”.

Una gacetilla indica que la Casa Real de la Patagonia funciona en la actualidad a través de una organización no gubernamental en defensa de los derechos de los mapuches y de los pueblos amerindios bautizada como “Auspice Stella”.

El escritor Mateo Martinic escribió que “algún día Felipe de Araucanía, aunque no acabe de asumir la realeza, habrá der ser recordado en las crónicas siquiera por sus relevantes hechos intelectuales y culturales, amén de su porfiada constancia en el empeño por sostener sus derechos a un reino absurdo”.

Para los estudiosos de la nobleza ¿tendrá Philippe un sucesor en el principado? ¿Se podrá decir como con Orlli Antoine I que “habemos rex”?

Volvemos al principio, la Patagonia es una tierra fantástica, una clepsidra donde el tiempo se detiene, un embrujo de populosos días, una marca en la frente, un sueño con los ojos abiertos.

Legendaria, mítica, misteriosa, persistente, irresistible pero también linajuda y regia.

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta 

 

 

 

 

 

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