Año 1937:¿Un extraño deslizador a 150 kilómetros por hora por el río Negro?

¿Hubo un extraño aparato de navegación por el río Negro que podía superar la velocidad de los 150 kilómetros por hora? ¿Quién fue su inventor y constructor, llamado Justo José Querel? Los hechos que se reconstruyen ocurrieron hace más de 80 años, en Viedma, Río Negro.

Un personaje enigmático

Justo José Querel nació en Rosario en los últimos años del siglo 19 y aparece radicado con su familia en Tornquist, provincia de Buenos Aires hacia la década del 20. De allí pasa a Bahía Blanca donde se dedica a la construcción, al frente de su propia empresa. No hay precisiones sobre el nivel de estudios alcanzados por Querel, si tenía el título de ingeniero o al menos había cursado algunos años de esa carrera. Pero, en Bahía Blanca un par de edificios públicos de gran importancia fue construido bajo su dirección: la Biblioteca Pública Bernardino Rivadavia y el Palacio de Tribunales.

También fue el ejecutor, en calidad de subcontratista, según parece, de la sede de la llamada Sociedad Sportiva de Bahía Blanca, sobre la avenida Alem, hoy Club Universitario. El proyecto arquitectónico y la dirección de esa obra estaban a cargo del ingeniero Adalberto Torcuato Pagano y en ese tiempo (años 1928-30) habría surgido la amistad entre ambos hombres, dos emprendedores de alma inquieta.

Querel aparece en General Roca en los primeros años de la década del 30. Pagano había sido designado gobernador del Territorio Nacional de Río Negro en septiembre de 1932 y es posible trazar cierta correlación temporal entre estos hechos.

Según el recuerdo de la señora Isabel Ubalda Querel (entrevista de M. Minervino en La Nueva Provincia, 30 de enero de 2005) su padre se radicó en el Alto Valle para construir unas bodegas.

El historiador Pablo Fermín Oreja (en su libro “La provincia perdida y otros recuerdos”) dice que “a comienzos de los años 30 recuerdo que circulaba por las calles de General Roca un extraño y potente vehículo, carrozado totalmente en aluminio, accionado por un potente motor Lincoln, con un escape estruendoso que conmovía la calma pueblerina de esos años.”.

“Al volante del fantástico automotor iba su propietario y diseñador, el ingeniero (sic) Justo José Querel, que había llegado de Bahía Blanca. Era un personaje tan original como su vehículo, alto, de facciones duras, con un sombrero aludo, como de la policía montada, breeches, botas deslumbrantes, chaqueta de gabardina y medallas y fetiches colgados de sus bolsillos y cintura” agrega.

Oreja apunta después que “este señor, que conmovió bien pronto el ambiente local, era amigo del entonces gobernador del territorio ingeniero Adalberto Pagano, y estaba intentando imponer para la navegación regular del río Negro un modelo de barcaza autopropulsada, de su invención, con flotadores.”

La hija del emprendedor dijo que el gobernador Pagano le consiguió a Querel una entrevista con el presidente de la Nación, el general Agustín Pedro Justo, para pedirle respaldo económico al proyecto.

Los astilleros y el deslizador

Un suelto del diario La Nueva Provincia nos indica que los astilleros de Querel fueron inaugurados en Viedma en diciembre de 1936. El vecino José Pappático asegura que “estaban en el mismo sitio en donde hoy se ubica el muelle de cemento, en la intersección de Colón y costanera; yo era un chico y con los amigos nos acercábamos a curiosear”.

La noticia de la construcción de la extraña nave y una breve descripción de sus características las encontramos en un recorte del semanario “La Nueva Era” en su edición del 24 de junio de 1937, hace 75 años. El suelto lleva por título “En los astilleros de Viedma ha quedado terminada la construcción del deslizador de la compañía Querel”.

La nota dice “en los primeros días de la semana en curso quedó terminada en los astilleros de Viedma la construcción del primer deslizador a propulsión aérea para la explotación del transporte de pasajeros y cargas generales del río Negro”.

Agrega que “la nueva embarcación que lleva el nombre de General San Martín tiene capacidad para 15 pasajeros y una tonelada de carga y correo. Es un tipo llamado a contribuir, como lo son los pronósticos de la compañía, al mejoramiento general de las vías fluviales de comunicación de la República.”

El artículo del periódico “La Nueva Era” explica algunos aspectos de la curiosa embarcación diseñada por el exótico señor Querel. Dice que “su estabilidad absoluta le permitirá afrontar con éxito las corrientes de los ríos Negro y Limay, aún en los períodos del año en que culminan sus dificultades por sus remolinos, especialmente en la confluencia de ambos ríos”.

La crónica terminaba anunciando que “la ceremonia de bendición del primer deslizador a propulsión aérea construido en los astilleros de Viedma se efectuará en la entrante semana. Más tarde se fijará la fecha en que la mencionada embarcación hará su viaje inaugural.”i

En una foto donde se puede observar en forma completa la nave no aparece visible su nombre; pero en uno de los dibujos del prototipo (que se supone fueron realizados por la mano del propio Querel) se puede apreciar sobre la banda de estribor la inscripción “Gdor. Adalberto T. Pagano”. Seguramente una forma de adular al jefe de la administración territorial.

En otro recorte, de la revista “La Brújula” (se ignora en donde se publicaba) de noviembre de 1937 se publican otros aspectos del emprendimiento

Se dice que “en las aguas del río Negro ha sido probado con éxito por su inventor, el ingeniero (sic) Justo José Querel, un aparato deslizador que viene a resolver el problema de la navegación en los ríos argentinos de corrientes rápidas y de escaso tirante de agua, como lo son en especial el Bermejo, el Pilcomayo, el Santa Cruz y el mismo río Negro”.

Explica también que “el ingeniero (sic, otra vez) Justo José Querel, cuyo apasionamiento por los trabajos mecánicos lo llevó a Fuerte General Roca, instaló allí su taller y se dedicó por entero a la tarea de crear y perfeccionar los aparatos deslizadores (…), después de prolongados estudios y prácticas lanzó al agua un pequeño deslizador con el que hizo un viaje a Viedma , donde levantó un taller más amplio…”.

Más adelante reseña que “después de tres años el ingeniero (sic, por tercera) Querel, ante la presencia del gobernador de Río Negro (el ingeniero Adalberto Pagano), de las altas autoridades y de autoridades técnicas, lanzó a las aguas del río Negro un gran aparato deslizador perfeccionado, que mereció la admiración de los entendidos en la materia, después que estos realizaran un viaje a bordo de la embarcación”.

El mismo artículo aporta datos técnicos, como que la nave podía alcanzar los 200 kilómetros por hora y le alcanzaban para navegar apenas 15 centímetros de profundidad en el agua; equipada con casco de hierro, laterales y carrocería de aluminio; y una planta propulsora de uno a cuatro motores de avión , con hélices por arriba de la superficie del río.

¿Por qué fracasó?

No se pudieron encontrar más datos. El proyecto fracasó, porque no aparecen en tiempos posteriores referencias periodísticas, ni tampoco se lo menciona en el completísimo estudio sobre la obra de gobierno del ingeniero Pagano, escrita por su hija Olga hace pocos años. Según Isabel Ubalda Querel la futurista nave de su padre chocó contra intereses empresarios y no pudo desarrollarse, quedando aparentemente sólo con la construcción del prototipo inicial. Un memorioso vecino viedmense, José Scalesi, le dijo a este cronista que “el deslizador explotó en el río y no se pudo usar más“.

Los rastros de Justo José Querel se perdieron como se pierden sobre el río las ondas que levantan las embarcaciones. Sabemos que murió en Buenos Aires el seis de abril de 1957. Se dedicaba en ese entonces a la elaboración de medicamentos sobre la base de hierbas de la región patagónica, después de haber estudiado un tiempo el conocimiento indígena de la herboristería. Una vida singular la de este hombre, construyó formidables edificios, diseñó una nave extraordinaria y terminó mezclando yuyos.

Carlos Espinosa

Periodista- Viedma

 

 

 

 

 

 

 

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