Patagones, año 1868: Julia Dufour, una mujer de profunda convicción patriótica

 

Julia Dufour desempeñó una tarea de singular relevancia para nuestra Patria, aunque sea una completa desconocida para los argentinos. Su actuación estuvo ligada a su esposo, uno de los hombres más descollantes de nuestra historia: don Luis Piedra Buena.

Él, erigido en centinela de las regiones sureñas de la Patria pudo contar con el respaldo absoluto e incondicional de Julia en todos y cada uno de sus gestos patrióticos y humanitarios, pese a que esa conducta le reportaría una vida dura, despiadada y llena de carencias. Julia, nacida en Buenos Aires en 1838, era hija de un práctico del río de la Plata, de nacionalidad francesa.

Joven de familia acomodada, gozaba de una vida tranquila, de amables paseos y tertulias, propios de la Gran Aldea, cuando conoció a Luis. Éste, que había entablado amistad con su padre, visitaba asiduamente su casa en ocasión de sus arribadas al puerto de la Capital Federal.

Piedra Buena comandaba el bergantín goleta “Espora”. Por su condición de lobero, ballenero y marino mercante, transportaba al mercado porteño cueros, grasa y aceite de cetáceos y anfibios, y regresaba al sur cargado de mercadería para los puertos patagónicos.

En aquellos años, las costas y mares australes, escenario de la vida de Piedra Buena, eran testigos del accionar del marino maragato en pro de la soberanía argentina. Ya en 1859 había establecido un puesto comercial en la isla Pavón -sobre el río Santa Cruz- y en 1862 un refugio para náufragos en la Isla de los Estados, en los que flameaba la enseña nacional. A la vez, había financiado una expedición científica de relevamiento del río Santa Cruz. Todos éstos fueron actos de afirmación de los derechos argentinos en aquellas latitudes que posteriormente la diplomacia nacional pudo oponer a la chilena. Al mismo tiempo, logró captar a la tribu tehuelche del cacique Casimiro Biguá para que actuara en concordancia con los intereses argentinos. Estas acciones, si bien extraoficiales, contaban con el visto bueno del presidente Bartolomé Mitre.

El 2 de agosto de 1868, Piedra Buena y Julia contraían matrimonio. Cuenta uno de sus biógrafos que la joven esposa, no trepidó un instante en embarcarse con su esposo en una cascarita de nuez que, pese a los continuos baldeos, olía a brea y a aceite de lobo; nada en verdad envidiable para un viaje de bodas. El destino del viaje era el puesto de Isla Pavón. Más tarde la Isla de los Estados y finalmente, sobre el Estrecho de Magallanes, Punta Arenas.

Quiso la suerte, que la vida de la pareja comenzara justamente en una etapa muy aciaga para la vida del prócer. El presidente Sarmiento sostenía una política contraria a mantener pretensiones soberanas en la Patagonia, lo que determinó el abandono a su suerte de los colonos galeses del Chubut y con más razón la negativa a cualquier acción en las tierras más australes.

Don Luis se estrelló una y otra vez contra el desinterés oficial en aquellos territorios. De cualquier modo, instalado con su familia en Punta Arenas -Chile-, fue un celoso guardián de los movimientos expansivos que el gobierno trasandino practicaba en la región. Las cartas de Julia revelan la felicidad con que su espíritu sostenía cada sacrificio realizado en aras de los grandes ideales de su esposo.

En cierta ocasión el gobernador de Punta Arenas prohibió a los comerciantes vendieran víveres a Julia, que con sus pequeños hijos esperaba el regreso de su esposo, ausentado por meses con las faenas de lobos y pingüinos. Viel pretendía que la mujer regresara a Buenos Aires, para sacarse de encima la pertinaz vigilancia que sobre sus movimientos ejercía Piedra Buena. En carta a su cuñado decía Julia: “Están hechos con nosotros una furia que yo desprecio…“Al gobernador o aunque fuera presidente, le diré: “Señor, prefiero comer cáscaras antes que nadie tenga que echarle en cara a mis hijos que su padre fue un traidor, que por más crítica que sea nuestra situación vendiese a su Patria o parte de ella. No se dirá ¡no! Que Luis Piedra Buena, de quien tan poco se acuerda el gobierno argentino… haya recibido de los chilenos ni un centavo, que perjudicando a su Patria hiriese al mismo tiempo su dignidad de hombre pobre, pero horado”.

La pobreza en la que transcurrió su vida, las angustias ante el temor de ver a su esposo atacado, debido a su enérgica defensa de la soberanía nacional y el clima áspero en que levantó su hogar, la enfermaron prematuramente. El 6 de agosto de 1878, moría en Bs. As de tisis pulmonar.

En tanto, su esposo navegaba rumbo al Sur, prosiguiendo sus actos de afirmación de nuestros derechos territoriales. Julia no estuvo detrás de su hombre; siempre a su lado sosteniendo con profunda convicción sus mismos ideales patrióticos, precisamente en el momento en que más obstáculos se le plantaron.

Fuente: Museo Emma Nozzi, Carmen de Patagones, provincia de Buenos Aires

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