
En el paraje Anecón (Departamento Ñorquinco, provincia de Río Negro, se disfruta de la cordialidad y hospitalidad de sus habitantes y, además, de la belleza de su naturaleza, donde se impone en el interior de la estepa el robusto “Cerro Anecón Grande” (una altura de 2.200 metros sobre el nivel del mar, altitud media 1.700 y altitud mínima 1.504 metros).
El cerro entrega postales de ensueño, silencios largos y el aire pre-cordillerano fresco; este emblemático cerro está ubicado a 30 km de la localidad de Clemente Onelli (formando parte de su comisión de fomento) y a 84 km al Oeste de Ingeniero Jacobacci. Guarda historias, secretos, de los antepasados mapuches y de quienes se resisten a abandonar el lugar dando continuidad a una economía de campo.
Allí el diálogo, las charlas, fueron lentas; el tiempo parece detenerse por momentos e invitando a los silencios típicos que esconde el paraje.
“La bendición ya pasó por acá”, marca con cierta angustia Teresa Prafil de Agustín (de 74 años) y se explaya en la charla resumiendo el cambio que viene viviendo”. Su abuelo, originario, raza auténtica del paraje y su hermano, hoy, el lonko de Anecón.
El sustento de las familias es la cría extensiva de ovejas o chivos, algunos animales de granja y pequeñas pensiones o jubilaciones del Estado nacional. La localidad y su economía se vieron muy afectadas por las cenizas del volcán Puyehue (erupción 2011).
En el paraje se ubica la Escuela Primaria 197, que funciona de septiembre a mayo y donde asisten cinco niños de familias de pequeños campesinos mapuches que viven en la zona (hay 5 maestros). A la par funciona la sala de salud.
De regreso de hacer cima (unas 7 horas y 20 minutos de trekking y ascenso) Miguel Paillalef y su hija nos hicieron disfrutar de un chivo sabroso, acompañado de un puré de papas elaborado con productos de la huerta.
“La economía mía es la cría de chivas; la lana se paga mejor que la de la oveja (10 contra 4.5) y la carne es muy sabrosa”, confiesa Miguel (quien nos invitó al paraje el pasado 1 de enero durante la señalada en el establecimiento Las Cortaderas, cerquita de Comallo).
Anecón (cerro) tiene historias largas y cortas, en el vocabulario mapuche leyendas profundas; para saber de él es mejor visitarlo y escucharlas de sus propios habitantes nos recomendaron quien confesó que “la abuela sentada te espera en la cumbre”.
Cerro que gruñe de día y noche esperando las primeras lluvias y posterior nevadas de cada nuevo ciclo, para alimentar los sedientos cañadones por donde viaja la esperanza y el progreso que se reflejan kilómetros abajo (unas 20 familias).
Texto y fotos: Gino H. Avoledo
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