
El viento patagónico, que la vio crecer, no la preparó para el sol y el calor de Córdoba. Pero Malena Bösenberg, ingeniera mecánica, de 27 años, ya estaba acostumbrada a los cambios. Desde su infancia, el deporte le enseñó a ser disciplinada y curiosa. Hizo hockey, vóley, gimnasia y natación, pero ahora se dedica al rugby, el deporte con el que ganó el campeonato regional el pasado domingo 31 de agosto con su equipo del Patagonia Rugby Club.
Esa misma resiliencia la ayudó a forjar un camino poco convencional, a pesar de las opiniones que la hacían dudar de su destino.
Malena nació y se crió en Neuquén capital. La ingeniería la sedujo por la influencia de su padre y sus dos hermanos, quienes, con sus charlas de sobremesa, despertaron en ella una curiosidad por el diseño y la estética de los autos. Estudió un año Ingeniería Mecánica en la Universidad Nacional del Comahue (UNCO) de la región. Sin embargo, no pudo acomodarse a los viajes y los horarios que propone el plan de estudios y decidió mudarse a Córdoba para estudiar en la casa de estudios de dicha ciudad, además de tratarse de una decisión personal de crecimiento y tener la experiencia de vivir sola.
Durante su etapa universitaria, se enamoró de la vida cordobesa, una ciudad que le ofrecía una nueva experiencia. “No me voy a volver a Neuquén, no me voy a volver a Neuquén”, se decía mientras estudiaba. La carrera la hizo con fluidez y se recibió de ingeniera el 23 de marzo de 2023. Sin embargo, al momento de elegir su futuro, la nostalgia y la realidad laboral la hicieron cambiar de opinión. La falta de oportunidades y los bajos salarios en Córdoba, sumado a la distancia de su familia y amigos, cambiaron su escenario por completo y tomó una decisión que no esperaba: volver a su Neuquén natal.
Un encuentro inesperado con la industria petrolera
A pesar de sus planes iniciales de no trabajar en la industria petrolera, Malena se encontró con una gran cantidad de oportunidades. “Todos me decían, vas a terminar trabajando en el petróleo, y acá estoy”, relató entre risas. Ella primero quería trabajar en una automotriz, para detenerse en el diseño y la estética de los autos, el aspecto que más le gusta del rubro. Pero las oportunidades la llevaron por otro camino. Su tío y conocidos, que trabajan en el sector, le contaban sobre la industria. Los comentarios sobre la presencia de la mujer en el ambiente no eran alentadores, pero su curiosidad y la necesidad de trabajar pudieron más que los prejuicios.
Al regresar a la Patagonia, la joven comenzó a buscar trabajo y se topó con los programas de jóvenes profesionales. “Están buenísimos si sos recién recibido y no tenés ninguna experiencia laboral, porque es un proceso en el que te van enseñando a insertarte en el ámbito laboral”, explica en diálogo con VacaMuerta.ar. Se anotó en varios y quedó seleccionada en el de YPF. Ahora, trabaja para AESA, una empresa subsidiaria de la estatal que se dedica a prestar servicios petroleros, un mundo que en un principio no estaba en su radar.
El programa de jóvenes profesionales en el que Malena participó comenzó en el edificio de YPF, en Puerto Madero, Buenos Aires, para conocer el funcionamiento de la empresa desde la torre de control. Luego, volvió a Neuquén y empezó a trabajar en la base de Añelo. El programa duró seis meses. En ese tiempo, rotó por los diferentes servicios petroleros de la empresa, como montaje, soldadura, producción y mantenimiento. Al finalizar, tuvo una reunión de cierre donde conversaron de la experiencia vivida y le comunicaron su puesto de trabajo final. Ingresó a su área junto con otros tres jóvenes, de los 106 seleccionados para el programa. Malena valora el apoyo que recibió, y relata que ninguno de sus compañeros quedó sin trabajo. “Les dan trabajo a todos”, dice.
Rutina, desafíos y proyecciones de vida
El día de Malena comienza muy temprano. Sale de su casa a las 5:20 de la mañana para tomarse un colectivo que la lleva a la base de AESA, en Centenario. Desde ahí, toma otro colectivo que la transporta a la base en Añelo. Su jornada laboral va de 8 de la mañana a 5 de la tarde. El regreso es tan extenso como la ida, y los viajes consumen unas cuatro horas al día. “La ruta, la verdad que es una vergüenza”, se lamenta.
La infraestructura vial de la zona es un desafío. A pesar de la presencia de controles policiales, el tránsito pesado de camiones y vehículos especiales dificulta la circulación, y las rutas se deterioran. “Es una vergüenza”, reitera y agrega: “En vez de invertir y hacer una buena ruta para que todos los que trabajamos en Añelo podamos ir y volver a nuestras casas seguros”, refiriéndose a los controles que agregaron recientemente en la Ruta 7 luego del trágico accidente el pasado 1 de agosto donde fallecieron dos trabajadores estatales de la provincia.
Malena se dedica a lo que se conoce como “ingeniera de proyectos”. Su trabajo consiste en la programación y planificación del mantenimiento de los separadores trifásicos. Estos se utilizan para medir cuánto gas, agua y petróleo sale de los pozos, un trabajo fundamental en la cadena productiva. La profesional confiesa que el ritmo de vida, con viajes de cuatro horas diarias, es el principal problema. Sin embargo, dice que uno “se acostumbra”. Para aquellos que no quieren vivir en Añelo, hay otras opciones.
Las empresas ofrecen diagramas de 9 por 6 o de 14 por 7, que permiten la permanencia en el corazón de Vaca Muerta para evitar el viaje diario, un ritmo que a la joven le gustaría cambiar en el futuro.
“La industria, la verdad que me gustó mucho”, confiesa. En un principio, no pensaba que le iba a gustar, pero se encontró con un ambiente de trabajo interesante y respetuoso. “El 80% de mis compañeros son hombres, y me llevo bien con todos, son respetuosos, hay un lindo ambiente laboral”, explica. “No sé si eso es solamente en AESA o si en otras empresas también es así, pero tuve la suerte de encontrarme con un muy lindo grupo de trabajo”, relata.
La profesional destaca que su carrera de ingeniería la ayudó a tener una cabeza más abierta y un pensamiento lógico para resolver problemas. Aunque no aplica toda la teoría, los conocimientos sobre materiales, estructuras y soldaduras le son útiles en el día a día.
Un futuro de crecimiento y oportunidades
La rutina de Malena es intensa. Vuelve del trabajo a las 7 de la tarde, se cocina y se prepara la vianda para el día siguiente. Luego, se va a entrenar. Los martes y jueves practica rugby hasta las 10:30 de la noche. Los lunes, miércoles y viernes va al gimnasio. Su fin de semana es el momento para disfrutar de su vida personal. Se junta con sus amigos, comparte tiempo con su familia y descansa. Aunque vive con sus padres para poder ahorrar, dice que su trabajo no es un impedimento para vivir sola.
En otro orden de cosas, para la joven, el futuro de la industria petrolera es prometedor. “Trabajo hay un montón y yo creo que va a seguir habiendo por unos cuantos años más”, dice. Incluso el próximo 15 de septiembre, una nueva camada de jóvenes profesionales ingresa a la empresa, y a ella la seleccionaron como tutora. “Estoy re contenta por ser mi primer trabajo, estoy más que satisfecha”, concluye.
En consonancia con sus primeros pasos, la joven decidió sumar su aliento para otras mujeres hacia el final de esta nota para que se animen a incursionar en la industria. “El ambiente cambió un montón, el trato es respetuoso. Y eso también te motiva en el día a día para sostener la rutina”.
La historia de Malena es un reflejo de la nueva Vaca Muerta. Una industria que crece a pasos agigantados y que demanda un cambio de paradigma. Un lugar donde la juventud, el talento, la disciplina y la perseverancia son los pilares para un futuro más próspero.
Texto: EVA MURATI, Vaca Muerta News
Más Río Negro Noticias de la Provincia de Río Negro