Plan Andinia: ¿Teoría antisemita que judíos quieren “invadir” la Patagonia?

 

“El Plan Andinia es una teoría de conspiración antisemita que afirma que los judíos quieren establecer un segundo Estado judío y sionista en la región de la Patagonia, situada en Argentina y Chile. Este engaño se presenta como un “plan secreto” y, como muchas teorías de conspiración antisemitas, se basa en el mito que los judíos acaparan poder, dinero e influencia para dominar territorios estratégicos”.

La teoría fue esbozada por primera vez por el pequeño partido nacionalista Frente Nacional Socialista Argentino, creado por los hijos de Adolf Eichmann tras su captura en 1960 y posterior juicio. En 1971, el argentino Walter Beveraggi Allende, entusiasta difusor de ideas antisemitas y nacionalistas, volvió a introducir la conspiración en el discurso público, adaptándola a los intereses del nacionalismo antiperonista en el que militaba.

En el caso de Chile, fue el ideólogo Miguel Serrano —con fuertes convicciones antisemitas y negacionistas del Holocausto— quien sostuvo que el supuesto “Plan Andinia” consistía en que un gobierno judío pretendía arrebatar la Patagonia a Chile y Argentina para construir allí un segundo Estado judío.

Una versión moderna de esta teoría sostiene que los mochileros israelíes, que viajan por América del Sur tras completar su servicio militar, son en realidad soldados disfrazados en misiones de reconocimiento. Según esta narrativa ficticia, su presencia refuerza el supuesto plan de observar la tierra y dibujar mapas para una futura ocupación.

Promover ideas relacionadas con el Plan Andinia es un claro ejemplo del uso contemporáneo de la antigua teoría de la “conspiración judía para gobernar el mundo”. Este tipo de discurso de odio se ha difundido tanto en grupos de extrema derecha como entre ciertos militantes de izquierda, incluyendo figuras políticas de Chile y Argentina.

 Fuente: ADL

29-01-2015

La sombra del Plan Andinia

El reciente incidente en el Lago Puelo, donde un grupo de turistas israelíes fue violentamente atacado por su condición de judíos, nos llama la atención sobre una teoría conspirativa que lleva decenios circulando en Argentina: la del Plan Andinia. Creer en una teoría conspirativa aquieta la mente: nos da una geografía simple del mundo que nos rodea. Ordena, encuadra, hace categorías, ubica a “buenos y malos”. Permite que todo se acomode tras una sola causa que todo lo explica: de allí que resulten tan fáciles de difundir y seguir. Si algún evento o dato la contradice, se la refutará como parte de esa misma conspiración.

Por Ricardo López Göttig

El reciente incidente en el Lago Puelo, en donde un grupo de turistas israelíes fue violentamente atacado por su condición de judíos, nos llama la atención sobre una teoría conspirativa que lleva decenios circulando en Argentina: la del Plan Andinia.

Escrito por Walter Beveraggi Allende, un antiguo profesor de la Universidad de Buenos Aires, el panfleto sobre el supuesto Plan Andinia es un hijo directo de los Protocolos de los Sabios de Sión, un texto cuya falsedad se ha demostrado en varias ocasiones. Los Protocolos habrían sido escritos por la policía zarista, la Ojrana, como instrumento de propaganda antisemita para ser difundida en Francia a principios del siglo XX. Un 40% del texto fue plagiado de una obra satírica de Maurice Joly, de 1864, llamada Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. A pesar de la avalancha de pruebas sobre su falsedad, los Protocolos fueron ampliamente difundidos, leídos y creídos en los años de entreguerras, ya que eran un instrumento útil de propaganda antisemita.

Beveraggi Allende no sólo se inspiró en ese texto falso, sino que lo citó y adaptó a la República Argentina, sosteniendo que hay un plan del gobierno secreto del Kahal para implantar un nuevo Israel en la Patagonia argentina y chilena. ¿Su gran prueba? Los ex soldados israelíes que viajan como mochileros por las latitudes australes, que estarían recabando datos para la eventual invasión y posesión.

Beveraggi Allende se las ingenió para ir adaptando el texto de acuerdo a las cambiantes circunstancias políticas de Argentina y Chile en los años setentas y ochentas. De acuerdo a su visión conspirativa, en este plan concurrían gobiernos títeres manipulados por el sionismo en las sombras, a saber: Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética, el Vaticano –Juan Pablo II-, el presidente Raúl Alfonsín e, infaltable, la orden masónica. El primer paso de este plan de dominación fue dado en 1889 con el desembarco del primer grupo de inmigrantes judíos que se establecieron en Moisés Ville.

En el libro Los pasajeros del Weser, de Silvio Huberman, se relatan los pesares y tribulaciones de esos inmigrantes: timados a lo largo del viaje desde Rusia hasta Argentina, sobrevivieron hacinados durante dos meses en la Estación Palacios, en la provincia de Santa Fe, perdiendo a sesenta niños por tifus o psitacosis. Huberman narra detalladamente cómo fue el arribo de esa gente desesperada por huir de las persecuciones en la Rusia zarista y que, en rigor, sólo tenía una vaga idea de qué era Argentina. Algunos, incluso, creyeron que se podía ir en tren. Signada por la improvisación, azotada por fraudes y promesas incumplidas, el Barón Maurice de Hirsch los auxilió a través de la Jewish Colonization Association por razones humanitarias meses después de haber arribado a Argentina. No hubo un plan coordinado, sino una necesidad de salvar a los judíos de los pogroms avalados por las autoridades rusas.

Theodor Herzl, fundador de la Organización Sionista a fines del siglo XIX, planteó los posibles lugares en donde crear el futuro Estado judío: la región de Palestina –entonces bajo dominio del Imperio Otomano-, o las tratativas con el gobierno de Argentina para que cediera una parte del territorio.

En la centuria decimonónica no era extraña la compra de territorios: Francia vendió la Luisiana a los Estados Unidos en 1803, y el Imperio Ruso vendió Alaska por 7.200.000 dólares en 1867. El objetivo de recrear el Estado judío con capital en Jerusalem ya es evidente en el nombre de “sionismo”; e incluso fue rechazada la propuesta británica de crear tal estado en Uganda, en un acalorado debate en el congreso sionista de 1903. Lo cierto es que toda la labor diplomática de Theodor Herzl estuvo enfocada a lograr el visto bueno de las cancillerías de Francia, el Reino Unido, el Imperio Alemán, el Austro-Húngaro y el Otomano para posibilitar el retorno a Jerusalem.

En el actual Estado de Israel, el servicio militar obligatorio se extiende por tres años para los hombres, y dos años para las mujeres. Riguroso y disciplinado, bajo la permanente tensión de recibir un ataque inminente, es reconocido y respetado por su capacidad de combate por las fuerzas armadas de todo el mundo. Los soldados, cuando terminan esta conscripción tan extensa como exigente, suelen tomar un año de viaje por el planeta, viajando por Europa, India, Sudeste asiático y el continente americano.

Según Beveraggi Allende y los cultores de la teoría conspirativa del Plan Andinia, estos veinteañeros serían agentes encubiertos que desde hace más de cuarenta años recaban datos, como si fueran expertos en geografía, geología, hidrografía y estrategia… A esta teoría también se sumó, en los años noventa, Norberto Ceresole, personaje que circuló en las más diversas corrientes autoritarias, recalando en sus últimos años en la negación de la Shoá.

¿Qué tendríamos que pensar, entonces, de las grandes cantidades de turistas japoneses, coreanos y chinos que fotografían y filman todo lo que hallan a su paso? De ser así, ya habrían conquistado Europa y Estados Unidos hace más de cuarenta años.

Creer en una teoría conspirativa aquieta la mente: nos da una geografía simple del mundo que nos rodea. Ordena, encuadra, hace categorías, ubica a “buenos y malos”. Permite que todo se acomode tras una sola causa que todo lo explica: de allí que resulten tan fáciles de difundir y seguir. Si algún evento o dato la contradice, se la refutará como parte de esa misma conspiración.

Durante milenios, la humanidad creyó que toda enfermedad se debía a un designio maligno, hasta que la medicina avanzó sobre las tinieblas de la superstición y logró explicar el funcionamiento del cuerpo humano. Esa superstición es la que nutre los panfletos y libros repletos de odio y prejuicios de hace cuarenta o cien años, que siguen dando frutos emponzoñados. Ante ellos, hay que hacer el esfuerzo de explicar que los fenómenos sociales son mucho más complejos y dinámicos que lo que puede resumir la simpleza de cualquier teoría conspirativa.

Fuente: Infobae.com (Buenos Aires, Argentina)

Ricardo López Göttig
Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa), respectivamente. Doctorando en Ciencia Política. Es profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Belgrano, y profesor en las maestrías en Relaciones Internacionales de la UB y de la Universidad del Salvador. Fue profesor visitante en la Universidad Torcuato Di Tella, en la Universidad ORT Uruguay y en la Universidad de Pavía (Italia). Autor de los libros “Origen, mitos e influencias del antisemitismo en el mundo” (2019) y “Milada Horáková. Defensora de los derechos humanos y víctima de los totalitarismos” (2020), ambos publicados por CADAL y la Fundación Konrad Adenauer, entre otros. Fue Director de Museos y Preservación Patrimonial de la Provincia de Buenos Aires (2015-2019).

 

 

 

About Raúl Díaz

Check Also

Estafas a IPROSS: Siguen investigando a médico, psicóloga y otros profesionales

  El Ministerio Público Fiscal de Río Negro imputó inicialmente a un médico clínico y …