Superada la penosa y triste historia protagonizada por la banda de delincuentes mapuches que asaltaron, asesinaron y hasta cometieron repugnantes actos de canibalismo con los conocidos “mercachifles” que recorrían la región Sur de la provincia de Río Negro ofreciendo diversos productos, la Patagonia se pobló de bandoleros, muchos de ellos procedentes también de Chile.
Las andanzas delictivas de los mapuches registradas entre 1905 y 1909, contada en forma excelente y precisa por Don Elías Chucair en su libro “Partidas sin regreso”, dio paso a que se instalaran en la Patagonia bandidos de toda laya que asolaron la zona cometiendo delitos de los más diversos.
Una nómina interesante de estos delincuentes encontramos en publicaciones de la época, como también en libros consultados donde no faltan otras obras de Chucair, como la bandolera inglesa Elena Greenhill, los conocidos bandidos norteamericanos, Butch Cassidy y Sundance Kid, el mítico Juan Francisco Bairoletto o Vairoleto, David Segundo Peralta (“mate cocido”) y muchos más.
Pero quien aporta una lista numerosa de bandidos o bandoleros que asolaron la Patagonia es Gabriel Rafart en su libro “Tiempo de violencia en la Patagonia” en el que detalla investigaciones realizadas sobre estos delincuentes, jueces y policías, entre 1890 y 1940.
Entre las historias y andanzas de bandidos, nos encontramos en el libro de Rafart con Juan Balderrama, Juan Manuel Sepúlveda y Lapalma todos llegados del vecino país.
Según Rafart, Balderrama era el ejemplo o prototipo del bandido patagónico: cruel y asesino, que de alguna manera lo consideraban, no obstante, un hombre interesante que reflexionaba como quien dispone de un potencial intelectual solido.
Le reconocía entonces el temple puesto de manifiesto en sus actuaciones y enfrentamientos con la Policía y en líneas generales de acuerdo a lo que surgían de los estudios psicológicos, opinaba que era un hombre pensante, ya que advertía que en sus razonamientos surgía un claro deseo u objetivo de cambiar las cosas
El escritor destaca que la escasa población estable del lado argentino y las extensas llanuras con abundantes cabezas de hacienda, era tentador para los bandidos del otro lado de la cordillera, los que en acciones sorpresivas incursionaban por nuestras tierras, para alzarse con arreos de distinto ganado que también con celeridad pasaban tras la cordillera.
Gabriel Rafart sostiene al respecto que “el bandolerismo es un producto de la desolación, del desierto y de la inclemencia de la misma naturaleza patagónica.” Agrega al respecto, “que se debe tener en cuenta que esta naturaleza esquiva, los vientos terribles y el clima frío, aún en verano, estimula a los fuertes, pero a los débiles los vencen, y de esa masa de vencidos, salen los vagos, los tumberos, los merodeadores y los bandoleros”.
Por lo tanto, afirma que un territorio tan extenso y accidentado con una falta crónica de población se convierte en propicio para el dominio de partidas bandoleras.
Según informaciones de la época, como lo indica también el escritor Rafart en su libro, tres figuras que tuvieron participación en hechos delictivos graves fueron los ya mencionados Balderrama, Sepúlveda y Lapalma, aunque si bien no coincidÍan en su preparación, ni formación, ni su forma de ser, no se diferenciaban en cuanto a sus propósitos.
Por lo tanto, a pesar de notables diferencias en cuanto a sus personalidades, como formas de proceder, los mismos actuaban en gavillas, bien armados matando y robando dinero y hacienda, sin que las autoridades policiales puedan darles caza.
Son reiterativas y coincidentes las informaciones y reclamos de las autoridades como de medios de comunicación escritos en que las operaciones de estos bandoleros se favorecían por la facilidad que encontraban en huir hacia el vecino país. Allí, los malhechores negociaban lo robado y programaban nuevas incursiones para continuar sus acciones delictivas.
Hubo entones quienes consideraban que la situación, especialmente en el sector rural de Chile, provocó que un sector de la población que no logró insertarse en el esquema de acceso a la propiedad se decidiera por otras alternativas, como por ejemplo el bandidaje dentro del territorio chileno y fuera de este, optando por el espacio cordillerano neuquino, rionegrino y hasta el chubutense.
Obviamente que esta situación involucró a las etnias que habitaban la región, las que fueron perdiendo posibilidades para lograr alimentos como otros elementos que utilizaban para confeccionar sus viviendas y vestimentas, por lo que se sumaron también al bandidaje, complicando o agravando más la situación, que durante muchos años dificultó el desarrollo y futuro de la Patagonia.
Texto: Eduardo Reyes
Las Grutas — Río Negro
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