La guanaca cantora, leyenda tehuelche. Patagonia milenaria

 

En el libro “Cuentan los Chonkes”, de Mario Echeverría Baleta, sobre leyendas de la Patagonia Tehuelche, encontramos con un nutrido grupo de leyendas recogidas por el autor del libro, en las que los protagonistas son los integrantes de la rica fauna que convivía con los humanos y entendiéndose con un mismo lenguaje.

Posiblemente, ese entendimiento les posibilitó interpretar actitudes, comportamientos, costumbres, como voces o sonidos, que seguramente dieron origen a muchas de las leyendas que se conocen.

El autor ubica la escena en proximidades del Lago Buenos Aires donde se encontraba un asentamiento de Chonkes, (tehuelches),  entre los que se observaba un buen número de ancianos que no participaban de las cacerías, que a lo largo de su vida ya habían ofrecido sus energías para esas actividades.

Una anciana mujer del grupo comentó entonces que había escuchado cantar a una guanaca, lo que despertó la sorpresa de los presentes que negaban esa posibilidad y algunos comenzaron a dudar sobre el estado mental de la mujer.  Ante las expresiones de la mayoría que eso no podía ser cierto, se preguntaban, ¿cuando han oído que una guanaca cante?

La anciana reaccionó con vehemencia para sostener con firmeza; Yo no estoy loca, solo digo lo que vi y escuché, para añadir, “canta al amanecer” y reafirmaba sus dichos sin tomar en cuenta las opiniones del resto.

Uno de los que negaba esa posibilidad afirmó entonces, “lo creería si lo viera” lo que provocó que la anciana se afirmara más aún en sus dichos, desafiando a que la acompañen a subir por la noche a la meseta y esperar el amanecer para comprobarlo..

Tras un breve intercambio de opiniones se decidió acompañar a la anciana quien encabezó la caravana,  llegado al lugar que indicó la mujer y como aún era de noche decidieron acampar y esperar el amanecer.

La anciana ordenó al resto permanecer acostados de panza contra el suelo, a efectos de no asustar ni perturbar a los animales, los que  al amanecer  comenzaron  a abandonar los dormideros hacia lo alto de la meseta, al tiempo que se advertía que la expectativa aumentaba ante la posibilidad que se comprobara o no, lo asegurado por la anciana respecto que ella conocía una guanaca cantora.

A medida que avanzaba el día y los guanacos iniciaban sus actividades, principalmente en búsqueda de sus alimentos, crecían las expectativas de los Chonkes por comprobar si la anciana tenía razón y conocía una guanaca que era cantora.

Finalmente, el momento más esperado llegó, cuando una guanaca se ubicó sobre una roca, alzó su cabeza e hizo escuchar su estridente voz y dejar entonces que los presentes puedan apreciar su canto llenando de asombro a los Chonques, que de esta manera tuvieron que aceptar que la anciana tenía razón.

Ello le permitió a la mujer expresar con firmeza y convencimiento: “Vieron que yo no miento, ni estoy loca. Ustedes lo vieron y la oyeron.  Esta guanaca canta al amanecer”

Los presentes no salían de su asombro y durante largo rato se quedaron sorprendidos por lo que habían presenciado, sorprendidos los componente del grupo quedaron observando la manada de guanacos que se dirigían hacia la orilla del lago.

Quienes habían estado observando lo ocurrido durante un largo rato, tras regresar a sus toldos, comentaban lo que habían presenciado y que les costaba creer.

Desde entonces y por un prolongado tiempo se decía que los amaneceres en la meseta, y aunque parecía extraño y casi imposible de creer, eran anunciados por el canto de una guanaca.

Texto: Eduardo Reyes, escritor de Viedma

Las Grutas – Río Negro

Del libro “Cuentan los Chonkes”, (Leyendas de la Patagonia Tehuelche) de

Mario Echeverría Baleta, escritor de Santa Cruz

 

 

 

 

 

 

 

 

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