No fueron necesarias movilizaciones, presiones, leyes o decretos, solo el raciocinio y la inteligencia de una etnia nativa que supo elegir a conciencia quien estaba capacitada para conducirlos.
Esa fue Mariquita, recién nacida, luego María la Bella, más adelante solo María y con sus años María La Vieja, quien supo conducir a los tehuelches entre 1820 y 1841, en uno de los períodos de mayor organización merced a su capacidad, habilidad, inteligencia y otros dones que fueron reconocidos y respetados.
Datos de los historiadores afirman que durante su cacicazgo no se registraron guerras tribales, ni tampoco tribu alguna tomaba decisiones sin consultarla; había logrado algo más que importante, como que la población blanca, en especial cazadores, colonizadores y aventureros reconocieran que los tehuelches eran los propietarios del ganado.
Un acontecimiento para destacar es el encuentro que María tuvo con el gobernador de las Islas Malvinas, Luis Vernet antes de la usurpación por parte de Inglaterra. Vernet cuenta que se encontró con María que estaba respaldada por más de mil lanzas en la Península Valdez y esta lo invitó a negociar los distintos animales capturados, entre yeguarizos, lanares y vacunos entre otros.
Vernet relató que María le explicó que los animales que habían capturados eran de los tehuelches porque se encontraban en territorios que ellos ocupaban. Vernet explicó que invitó a María a visitar las Islas Malvinas para continuar negociando y acordar un intercambio comercial entre las islas y el continente.
De acuerdo a los registros históricos, el gobernador Vernet le dio a María el tratamiento propio de una “reina” y el día de su arribo, la esposa de Vernet obsequió a la cacique un vestido y el gobernador le entregó frenos, espuelas y estribos confeccionados por un herrero de la isla.
Esa misma noche la esposa del gobernador Vernet, María Sáez tocó el piano en homenaje a María y ésta retribuyó cantando una canción de sus ancestros que resultó conmovedor. Durante su estada en las Islas María y su comitiva fueron alojados en la residencia del gobernador adaptándose a los usos de los anfitriones sin inconveniente alguno.
Durante su estadía María recorrió saladeros, almacenes, herrerías y otras instalaciones y avanzaron con acuerdos y negocios que se frustraron con la invasión Inglesa de 1833.
Quienes conocieron a María dejaron sentado que era una gran jinete, gran negociadora y con mucho conocimiento sobre el comercio, destacándose en el intercambio permanente de todo lo que llegaba a su territorio.
En ese aspecto destacan además que se manejaba muy bien con la carne de guanaco, pieles, mantas, y plumas de avestruz que canjeaba por cuchillos, tabaco, yerba, azúcar, harina, alcohol, monturas, frenos y otros elementos.
A María se le adjudicaba además de una gran influencia sobre su gente, su amistad y colaboración con investigadores y expedicionarios como Luis Piedrabuena, el Perito Moreno, Carlos Moreno y Ramón Lista, entre otros.
Quienes se han ocupado de este personaje coinciden en sostener que supo construir con inteligencia, sagacidad y capacidad un sólido liderazgo, que tuvo su basamento asimismo en su respeto y haciéndose espetar.
Coinciden quienes han escrito sobre esta hábil cacica que todo lo logrado lo obtuvo por derecho propio y al ser reconocida por su gente, como por quienes negociaban con ella.
Quien se refirió también a ella, aunque no llegó a conocerla, fue el propio Rosas que conocía de sus procederes y los respetaba, ya que había hecho público el reconocimiento que los tehuelches bajo la conducción de María, era un pueblo no beligerante con el que se podía negociar.
Nunca más apropiado aquello que predicó con su ejemplo”, ya que todo lo conseguido estuvo basado en su capacidad e inteligencia para negociar, ordenar y respetar, condiciones y valores fundamentales para sostener la convivencia de los habitantes de la Patagonia.
María murió en 1840 y si bien la ceremonia fúnebre fue sencilla a lo largo y ancho de la Patagonia hubo durante tres días se encendieron hogueras en su honor y reconocimiento.
Texto: Eduardo Reyes, escritor de Viedma
Las Grutas — Rio Negro
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