Durante muchos años los sanantonienses no necesitaron del reloj despertador para levantarse temprano, el reloj a cuerda casi era un adorno en la mesita de luz. La sirena de los Talleres Ferroviarios sonaba puntualmente a las seis de la mañana y, por las dudas, se repetía a las 6.45 y a las 7.
El ulular de la sirena resonaba en todo el pueblo, todos sabían que hora era sin miedo a equivocarse.
Más de 200 empleados, en bicicleta, atravesaban las calles de San Antonio Oeste, vestidos con mamelucos azules. Eran las 7 de la mañana, horario de entrada de los empleados de los talleres del ferrocarril.
Y entonces, los inmensos galpones que durante la noche veían interrumpido su silencio solamente por el retumbar de los pazos del sereno, cobraban vida y todo era un constante movimiento.
Los ebanistas fabricaban los moldes para que desde los hornos de fundición el hierro o el bronce caliente y chispeante se transformara en piezas para las locomotoras y vagones.
Los herreros forjaban y templaban los elásticos de la suspensión de esos trenes.
Los torneros fabricaban los mecanismos de encendido y movilidad, en otro sector se reparaban a nuevo las calderas, y un poco mas allá se restauraba la pintura para que las formaciones lucieran como nuevas.
El toque final: las plantillas perforadas con el número perteneciente a una locomotora que se estampaba en dorado sobre el cuerpo negro de la máquina.
Había especial dedicación en reparar los tanques del tren que traía el agua desde el arroyo Valcheta casi a diario.
La sirena volvía a sonar al mediodía, las amas de casa sabían, sin mirar el reloj de la cocina, que era hora de tender la mesa y las bicicletas dejaban de estar colgadas en la hilera de ganchos a la entrada de los talleres para volver a casa repitiendo el ritual de pintar de azul mameluco las calles del pueblo.
Desde la década del ´30 el ferrocarril fue el impulsor del crecimiento de San Antonio Oeste.
Hasta la década del ´60 en la Argentina, el ferrocarril era el medio de transporte fundamental para la circulación de mercaderías, productos y personas gracias a los caminos marcados por los más de 47.500 km de vías férreas que llegaron a conectar el país.
A mediados de 1961 el presidente Frondizi lanza el decreto 4061 que congelaba el déficit ferroviario, condicionaba los aumentos salariales y de tarifas, suprimía 4.000 Km. de vías y propugnaba la privatización de servicios y la entrega de los talleres de la Empresa Estatal Ferroviaria (EFEA).
El régimen laboral sería modificado y miles de trabajadores quedarían en la calle.
El objetivo del plan, según lo señala el primer mandatario en sus discursos, era mejorar el transporte en una Argentina que contaba con nuevos centros de producción y, al mismo tiempo, terminar con el déficit ferroviario, que representaba “casi el 80% del déficit total del presupuesto de la Nación”.
En agosto el decreto seguía vigente y los dirigentes gremiales no conseguían arrancarle un compromiso al gobierno,decidieron entonces realizar paros nacionales de 48 horas a partir del 26 de octubre.
La respuesta de las bases fue contundente.
Frondizi respondió con cesantías y cierre de talleres ferroviarios en el interior.
La bronca estalló y los sindicatos se llamaron a un paro por tiempo indeterminado.
El 30 de octubre, más de 200.000 ferroviarios se plegaron a la huelga. Piquetes, manifestaciones y enfrentamientos se suceden a lo largo y ancho del país.
La maquinaria del estado se puso a funcionar para quebrar a los huelguistas.
Se inicia una campaña de requisición obligatoria mediante la fuerza policial, obligando a los trabajadores a presentarse a trabajar o quedar detenidos.
Los trabajadores siguieron firmes y Frondizi intentó dividirlos proponiendo una indemnización de 5.000 pesos por año de servicio, hasta 145.000 pesos para quienes solicitaran el retiro, con ajuste salarial para los que quedaran luego del alejamiento de 75.000 trabajadores.
Esta decisión incluía el cierre de los talleres ferroviarios de San Antonio Oeste.
Aquella mañana no sonó la sirena de los talleres, sin embargo, quizás por costumbre, a las 7 de la mañana, las calles sanantonienses vieron pasar los hombres en sus overoles azules rumbo a los talleres.
Frente al portón de entrada cerrado con cadenas y candado los empleados miraban sin entender nada.
Los jefes locales, tan angustiados como el resto, hablaban de racionalizar los ferrocarriles por órdenes de la Gerencia cumpliendo un decreto del Gobierno Nacional.
Pasado el primer momento de aturdimiento mezclado con incomprensión e indignación, entendieron que la gravedad de la situación no admitía dilaciones, al cierre de los talleres ferroviarios le seguiría la misma suerte a San Antonio Oeste.
Tomaron conciencia de que no solo se estaba poniendo en riesgo la fuente de trabajo y la seguridad de cada familia sino también la provisión de agua potable, la explotación del hierro de Sierra Grande, el futuro Puerto de San Antonio Este, la explotación de la riqueza pesquera del Golfo San Matías, la planta de carbonato de sodio, la producción de las salinas del Bajo Gualicho, la caliza de Aguada Cecilio y Bahía Bustamante, todo esto peligraba con el cierre de los talleres ferroviarios.
Eran argumentos de peso para rechazar las indemnizaciones del gobierno e incluir como aliados a todas las autoridades que quisieran acompañarlos para hacer posible la reapertura de los talleres ferroviarios.
El gremio ferroviario, en solidaridad, continuaba con la huelga por tiempo indeterminado que se prolongó por más de 46 días pero que no lograba conmover la voluntad del poder.
Se formó una Comisión Provisoria electa por el personal cesanteado de los talleresferroviarios de San Antonio Oeste y, acompañados por el intendente municipal Celso Rubén Breciano, y el presidente de la Unión Ferroviaria, Don Serafín Barbalace, se reunieron en Viedma con los ministros de Economía y Gobierno Francisco Muñoz y Agustín Beveraggi.
El entonces gobernador de la Provincia de Río Negro, Edgardo Castello, dio instrucciones para solidarizarse con los obreros y negociar con el Gobierno Nacional una solución justa al problema.
Muñoz se contactó con las autoridades nacionales quienes concedieron una audiencia.
Se pactaron las condiciones para que la reunión pudiese llevarse a cabo: dejar en libertad de acción de los cesanteados y el final de la huelga.
En tanto, la población de San Antonio Oeste consciente del problema, tomó como propia esta lucha y colaboró para paliar las necesidades económicas de las familias involucradas.
El ministro Muñoz se adelantó a la Comisión Provisoria y presentó a las autoridades nacionales los puntos de un acuerdo:
1 – Reapertura de los talleres ferroviarios como una cooperativa constituida por los empleados cesanteados.
2 – El personal no cobrará las indemnizaciones que constituirán parte del pago de los talleres.
3 –El ferrocarril pagará los haberes no abonados hasta la fecha de la reapertura.
4 – En el acto de entrega se firmará un contrato de trabajo entre el ferrocarril y la cooperativa por un plazo de dos años renovable según la modalidad de ajuste calzado.
5 – La firma del acta de reapertura habilitaría el inicio de los trabajos de forma inmediata.
Estos puntos llevaron varias y largas reuniones entre las autoridades nacionales y Juan José Sánchez y José Dante Pisanu designados por la Comisión Provisoria para representarlos junto a Francisco Muñoz.
Pasaron muchos meses de reuniones en Buenos Aires y de redacción del Estatuto y Reglamento de la cooperativa. Los representantes de la Comisión Provisoria jamás bajaron los brazos, pero comenzaron las deserciones.Algunos obreros aceptaron las indemnizaciones, otros pedían su reincorporación al ferrocarril y el espíritu solidario de los sanantonienses comenzaba a decaer.
Comprendiendo la situación, se reunió la Comisión Provisoria y acordaron informar a Buenos Aires que no habría marcha atrás en la constitución de una cooperativa de trabajo ni en los puntos acordados para la constitución de la cooperativa.
La presidencia de Frondizi estaba llegando a su fin y las pérdidas que significaron para el gobierno el paro por tiempo indeterminado del gremio ferroviario no le dejaba margen de negociación al gobierno nacional y accedieron a firmar un acuerdo.
Para la firma del acuerdo llegaron a San Antonio Oeste una comitiva del Gobierno Nacional encabezada por el Ministro de Obras Públicas Ingeniero Crivelli y, por Río Negro, el Ministro de economía Francisco Muñoz, quienes se reúnen con el intendente de San Antonio Oeste Celso Rubén Breciano, los representantes de los obreros y buena parte de los sanantonienses.
El 27 de octubre de 1962, en las oficinas de los talleres ferroviarios se firmó el acuerdo y luego de una comida se perfeccionaron las bases para el traspaso e inicio de las tareas y quedó así conformada la Cooperativa Obrera Metalúrgica San Antonio Limitada (C.O.M.S.A.L.).
Un aire de alivio corrió entre los vecinos de San Antonio Oeste aquella mañana en que se rompió el candado de los portones, cayeron las cadenas y el ulular de la sirena de la C.O.M.S.A.L. y las bicicletas y los hombres de mameluco azul inundaron las calles rumbo a lostalleres.
Texto: Patricia Capovilla. Escritora sanantoniense
Fuentes:
Boletín Informativo, de la Secretaría de Prensa de la Gobernación de Río Negro, 29 de octubre de 1962.
Aires Solidarios. José Juan Sánchez.
Diario La Nación.
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