No son pocas las leyendas que hacen relación a este personaje, especialmente aquellas que lo vinculan con su poder, valor y salvajismo, que se refieren a diversas participaciones durante sus acciones en vida, como luego de su muerte.
Como se sabe, Calfucurá fue uno de los actores trascendentes del poder indígena durante finales del siglo 19, ya sea enfrentando a las tropas del Ejército Argentino como a otras etnias, en especial a los tehuelches que habitaban la Patagonia desde Patagones hasta Punta Arenas en Chile desde hacía más de 15.000 años.
Entre las leyendas conocidas sobre el cacique chileno circuló la versión o leyenda que tenía dos corazones, algo bastante difícil de comprobar, como así también que en cada una de sus participaciones en enfrentamientos contaba con la ayuda o servicios de “Witranallve”, que según la leyenda se trataba de un jinete fantasma que le ayudaba durante las batallas.
Obviamente, igual que otras leyendas, esta posibilidad resulta difícil de creer, ya que lo que se conoce o se ha dicho respecto al tema son a raíz de dichos o comentarios que han perdurado en el tiempo por versiones orales, pero sin ninguna documentación que lo acredite.
Otra conocida leyenda que envuelve a Calfucurá desde que era apenas un niño de pocos años, indica que este recibió un meteorito azul de manos de Cherùwfe, que como lo indica la mitología mapuche, son criaturas antropomorfas de piedra y fuego que viven en el interior de los volcanes ya que ese calor es su única posibilidad de supervivencia y sus orígenes se remontan al origen de la tierra.
Por lo tanto, se trata de uno de los seres asociados o vinculados a los fenómenos volcánicos y su poder se manifiesta en forma de piedras de fuego, que salen disparadas desde la cima del volcán o de bolas de fuego que surcan el cielo anunciando calamidades.
La leyenda sostiene que “Cheruwfe” le regaló la piedra azul que no solo significa su nombre, sino que le dio fortaleza y atributos de guerrero invencible.
Claro que así como historiadores e investigadores destacan sus acciones de valor como la destreza en la batalla, otros ponen de manifiesto su salvaje accionar y la falta de escrúpulos aplicada al servicio de acumular poder y dominios.
En ese sentido, existen documentos de historiadores, quienes destacan que Juan Calfucurá cruzó la cordillera desde Chile para instalarse en nuestra Patagonia con el propósito o intención de convertirse en el máximo exponente de las tribus que habitaban la región, en especial los tehuelches que dominaban la Patagonia desde 15.000 años.
Con ese propósito y al mando de un numeroso grupo de integrantes de su tribu mapuche, inició su campaña con el propósito de convertirse en el único jefe.
Para ello organizó una especie de reunión festiva con varios caciques, en la que abundaron los comestibles, principalmente carne asada de diversas especies y sobró alcohol especialmente ginebra, wisky y otros licores. Los invitados cayeron bajo los efectos del alcohol y Calfucurá los asesinó.
Existe documentación, que en su intento de convertirse en una especie de Rey de las Pampas o Supremo de las Salinas Grandes, Calfucurá logró integrar un verdadero ejército de más de seis mil hombres. Para ello no dudó en lograr acuerdos y desacuerdos entre las distintas tribus y asociarse o enfrentarse con ellos, como con autoridades y jefes militares.
Aprovechando el poderío logrado, acordó con Rosas, quien le concedió el rango de coronel del Ejército de la Confederación Argentina y consolidó una alianza con “borogas”, “tehuelches”, huiliches”, entre otras tribus.
A todo esto y a pesar de la actividad bélica y criminal desarrollada por Calfucurá, no descuidaba sus propósitos de ladrón y negociante y se las arreglaba para llevarse para Chile arreos de hacienda de miles de cabezas de no menos de 200.000, entre vacunos, yeguarizos y lanares.
Uno de los últimos concretado fue tras su ataque a la Fortaleza Protectora Argentina de Bahía Blanca con unos 5.000 guerreros que a pesar de haber sido rechazado se alzó con 65.000 cabezas, emprendió luego una negociación con Urquiza y para demostrar su poderío arrasó Azul provocando la muerte de 300 habitantes, se llevó 100 cautivas y 60.000 cabezas de ganado.
A pesar de los sucesivos enfrentamientos que logró sortear y de los que pudo huir con miles de cabezas, sembrando la muerte y el terror, cayó vencido en el Combate de San Carlos de Bolívar con las fuerzas del Ejército que comandaba el general Rivas apoyado por las tribus del cacique Catriel.
Este fue el combate o enfrentamiento que puso fin a las andanzas del temido Calfucurá, que llegó a reunir para sus actividades delictivas alrededor de 8.000 hombres, pero no pudo continuarlas tras las acciones ordenadas por el presidente Domingo Sarmiento en 1872.
Algunos historiadores e investigadores aseguran que los éxitos que alcanzó en los enfrentamientos con fuerzas nacionales y otras tribus, dieron fuerza a las creencias y leyendas que lo ayudaban, como el de un fantasma que lo acompañaba, que tenía dos corazones o que lo protegía la ya mencionada “Piedra Azul”.
Calfucurá murió en junio de 1873 y lo sucedió su hijo Manuel, lo que generó un nuevo conflicto que involucró a varios de sus descendientes, pero esa es otra historia.
Texto: Eduardo Reyes, escritor de Viedma¸ radicado en Las Grutas — Río Negro
Más Río Negro Noticias de la Provincia de Río Negro