La construcción de la magnífica sala de cine y teatro fue iniciativa del empresario José Caruncchio y comenzó en el año 1947. Se inauguró a comienzos del mes de noviembre de 1949, hace 75 años.
La obra estuvo a cargo del constructor José Marello, bajo la dirección del calificado estudio de arquitectura Costa Varsi, de la ciudad de Bahía Blanca.
Llamaba la atención su vestíbulo luminoso, de dimensiones generosas, con varias puertas batientes a la calle; a la izquierda del ingreso se ubicaba la boletería y a la derecha el kiosco. Para pasar a la sala se transponen puertas de madera y espesos cortinados que aíslan acústicamente los ruidos del exterior.
La sala con cerca de 500 butacas tiene un pronunciado declive que terminaba en sentido inverso a partir de la fila número seis, para permitirle a los espectadores una mejor visión de la pantalla. El piso es enteramente de parquet, la calefacción original funcionaba con radiadores de agua caliente a través de una caldera central alimentada a gasoil y el sistema de proyección era el más moderno de la época, al igual que el equipamiento de sonido, ubicado detrás de la pantalla.
La boca del escenario original tenía forma semicircular, pero hacia 1955 con la llegada del cinemascope de pantalla alargada fue necesario modificarla y darle la forma rectangular que todavía conserva.
Durante las décadas de los ’50 y los ’60 el cine San Martín ofreció funciones de martes a domingo, con cinco programas de dos películas distintas, de manera tal que los cinéfilos podían disfrutar de diez “cintas” (como se decía por entonces) diferentes, entre estrenos y reposiciones.
La programación central se presentaba los sábados y domingos, con una doble cartelera que se alternaba de la siguiente forma, un combo iba el sábado a la noche (21,30) y el domingo en “ronda” (17,15) y otro se invertía, el sábado a la tarde y al día siguiente por la noche. De tal forma, los amantes del cine (y los muy enamorados que necesitaban la complicidad de la sala en penumbras) podían aprovechar la ocasión, si las cintas ofrecidas les complacían, para hacer doblete de salida durante el fin de semana.
Otro dato: esta misma programación, pero invertida, se ofrecía en la sala del cine teatro Cervantes ) de Carmen de Patagones, que administraba la misma familia Caruncchio.
Los recuerdos de aquellas inolvidables tardes y noches de biógrafo están asociados, por supuesto, con el sabor de los caramelos “Mu Mu” de dulce de leche; las garrapiñadas de chocolate; los masticables “Sugus”, las tabletas de “Aero” y otras golosinas que acompañaban la función. En el interior de la coqueta sala el despacho de tanta dulzura estaba a cargo de Lázaro Fresán, el mismo kiosquero que para entonces ya tenía suficientemente consolidado su local de la calle Buenos Aires al 200, con despacho de diarios y revistas.
La magnífica sala del cine San Martín también fue el sitio elegido para la presentación de grandes espectáculos musicales. El periodista Galo Martínez recordaba que “cuando recién me iniciaba en la actividad de promotor de espectáculos me ofrecieron traer a Los Fronterizos, que estaban empezando a ser famosos, pero la única fecha disponible era un miércoles. Lo fui a ver a Pepe Caruncchio para arreglar la contratación del cine y él me dijo: mirá, Galo, no es un día muy conveniente para una función de ese tipo. Pero igual lo programé, se hizo el anuncio una semana antes y en dos días ya se habían vendido todas las entradas disponibles”.
En otra ocasión, en abril de 1964, allí mismo se presentó el espectáculo “Esto es folklore” que reunió, en una misma función a Los Chalchaleros, Ariel Ramírez y Jorge Cafrune, bajo los auspicios de la incipiente comisión municipal de Cultura de la Municipalidad de Viedma.
También se presentaron allí conciertos de figuras como Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, las agrupaciones de Carmen de Patagones y de Viedma y se realizaron los actos centrales de la Fiesta Nacional de la Lana.
El brillo del cine San Martín perduró hasta comienzos de la década del 70’, pero para entonces ya habían fallecido José Caruncchio (el fundador de la sala) y su hijo Pepe. Problemas de tipo financiero, la competencia muy fuerte de la televisión y dificultades con la distribución, hicieron que la familia se desprendiera del cine. Primero fue alquilado a la empresa Cantera y Brione; finalmente se vendió a los empresarios de la construcción Horacio Álvarez Tapié y Raúl “Bocha” Pamer, que ya en 1976 habían inaugurado otro cine en la ciudad..
Pero los buenos tiempos de esplendor ya no volverían. En agosto de 1981 la sala del San Martín tuvo el último gran momento cinematográfico de su existencia, cuando el importante director argentino Lucas Demare asistió a una función homenaje, con la proyección de su famoso filme “La guerra gaucha”.
Poco después vendría el cierre y un largo lapso de abandono total; cuando en el vestíbulo funcionó una financiera. Más tarde, al igual que tantos otros puntos del país, se convirtió en un templo evangélico pentecostal.
Ahora, hacia fines de este año 2024 la sala recupera su belleza y se prepara para vivir nuevas emociones, como auditorio multieventos recuperando el nombre de Teatro San Martín.
Texto: Carlos Espinosa, periodista de Carmen de Patagones y Viedma, octubre de 2024
Foto actual, reinaugurado ayer viernes
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