Septiembre del año 1925. Cuando un ex oficial de Policía de Río Negro mató a comisario

 

 9/9/1925– Muerte del comisario Hegoburo – Dolorosa impresión ha causado la trágica muerte del comisario de Policía de este Partido (distrito de Patagones) don Santiago Hegoburo, ocurrida en la madrugada del martes.

Los protagonistas: En el trágico suceso, actuó como protagonista y autor principal del hecho, el sujeto Guillermo P. Casal, ex oficial de Policía del Territorio del Rio Negro, y el comisario de Patagones Hegoburo, escribiente de la misma Comisaría Antonio Giella y agente Gregorio Navichini.

El victimario, hace unos meses, fue procesado por el comisario Hegoburo por el delito de extorsión y remitido a Bahía Blanca a disposición del juez del crimen en turno, obtuvo la libertad condicional regresando a Patagones en los inicios del mes pasado.

Algunos antecedentes – Casal solía algunas veces abusar del alcohol y, de temperamento algo impulsivo, era de temer al encontrarlo en esas condiciones por cuanto los que se hallaban próximos a él, estaban expuestos a tener incidentes de los que, sin prevenirse, no saldrían con la mejor parte.

Estas circunstancias y en razón que la libertad condicional acordada por el juez era en extremo limitada, dio motivo a que el comisario, al comprobar de que en distintas ocasiones Casal concurría a ciertos lugares de libertinaje, lo llamara a su presencia para hacerle saber que debía de abstenerse de frecuentarlos por cuanto su desobediencia daría lugar a ponerla en conocimiento del juzgado a efecto de que se le revocara el auto de libertad.

Esta prevención molestó a Casal, en quien aumentó el germen de odio que tenia contra el señor Hegoburo, que se había formado con la idea que este era culpable de la muerte de su señora madre, fallecida por el disgusto que le originó el último proceso que aquel sufriera y del que hacemos mención en párrafos precedentes.

La víspera del hecho – La noche del lunes, Casal bebió en abundancia y acompañado de algunos amigos se dirigió a la casa de tolerancia de este pueblo donde el agente de facción le impidió la entrada, cumpliendo las órdenes de su superior.

-¿Por qué no puedo entrar? – interrogó Casal, al representante de la autoridad

– Por orden de comisario, dijo este.

Y Casal acatando la orden y dispuesto a regresar al centro, agregó: “Lo voy a buscar para matarlo”

Momentos más tarde, siendo cerca de la media noche, Casal llegaba a la confitería “Los Andes” situada en la calle Comodoro Rivadavia y 7 de Marzo, y penetrando a su interior tomó ubicación en una mesa ocupada por dos caballeros con quienes inicio conversación, enterándoles del incidente que acababa de ocurrirle y ratificando su amenaza de matar al comisario, la que, breves minutos después debía cumplir.

Prevención al comisario – Casi enseguida de ocurrir la escena que describimos al principio del párrafo anterior, llegaban a la casa de tolerancia el comisario Hegoburo y escribiente Giella e inmediatamente el agente de servicio, al dar cuenta a su superior de las novedades, lo entera del estado de Casal y de su última manifestación.

Esto dio motivo para que el comisario y su acompañante regresaran de inmediato al centro para tomar, tal vez, medidas represivas contra Casal. Al efecto, ocuparon su automóvil de alquiler que despacharon en la calle Alsina frente a un negocio de bar establecido en esa arteria próximo a la calle Dr. Barajas. Como no encontraran en su interior a la persona buscada, se dirigieron de allí en dirección a la confitería Los Andes, por la calle Comodoro Rivadavia, encontrándose frente a la puerta de calle del hotel Siglo XX con el señor Ramón Galina, con quien departieron breves momentos continuando cada cual su viaje.

El hecho – A estar a los informes que nos han sido suministrados por la Policía, siendo las 0,35 horas del día martes, Casal se retiró del local de la confitería con el propósito de irse a Viedma, y no se sabe si intencionalmente o por qué circunstancia, en vez de dirigirse al muelle, tomó la calle Comodoro Rivadavia hacia Alsina. En la primera de esas calles, a unos quince metros más o menos de la de 7 de Marzo, se encontraba el comisario y el escribiente, recibiendo las novedades del agente de servicio en esa parada, Gregorio Navichi, cuando se cruzaron con Casal.

Fue entonces que el comisario le puso la mano sobre el hombro para darle orden de arresto, que Casal recibió girando rápidamente sobre sus talones y haciendo fuego con un revólver calibre 38, cuyo proyectil fue a herir al comisario en la parte inferior de la mandíbula izquierda, cayendo pesadamente sobre el pavimento.

La bala interesó la medula produciéndole la muerte instantánea.

Al ver caer a su superior, el escribiente Giella, que se había retirado unos metros del lugar del hecho, desenfundó su revólver e inició un tiroteo con Casal, tocándole la peor parte pues mientras este resultaba ileso, aquel recibía una herida de bala en la cara a la altura de la boca.

Mientras esto ocurría con mucha mayor rapidez que la que tarda en describirse, el agente Navichini desenfundó también su revólver, lo que, viéndolo el homicida le dijo mientras hacia un disparo: “También tengo para vos”. Como no diera en el blanco, intentó hacer un segundo disparo, que no salió por habérsele terminado las balas, por cuya razón emprendió la huida en dirección a la calle Bynon, introduciéndose subrepticiamente en el corralón contiguo a la casa del señor Antonio Barbieri, en uno de cuyos galpones se ocultó.

En su huida, el agente Navichini lo persiguió tenazmente haciéndole cinco disparos de revólver sin lograr dar en el blanco, regresando enseguida para informar del hecho a sus superiores.

Las víctimas – La herida recibida por el comisario le produjo una muerte casi instantánea, cayendo al pavimento donde fue encontrado por las primeras personas que al ruido de las detonaciones concurrieron al lugar.

El escribiente Giella se hallaba asido a la puerta del consultorio del doctor Domingo Harosteguy cuyo facultativo no pudo prestar sus servicios por encontrarse ausente, siendo recogido de alli para conducirlo hasta la farmacia Zanon, en donde se le practicó la primera cura, internándosele enseguida en el hospital municipal.

Avisado minutos después de ocurrida la tragedia, el comisario Antonio P. Martinez y oficial inspector Martinez que habían llegado a Patagones en el tren del lunes, concurrieron inmediatamente al sitio donde yacía el cadáver del señor Hegoburo, al que transportaron hasta el local de la comisaria utilizando una escalera por carecerse de una camilla.

En cuanto al matador, la Policía tomó las providencias del caso para evitar su fuga, rodeando la manzana donde se encuentra la casa en la que se había refugiado.

La captura – Siendo aproximadamente las 7 de la mañana, el comisario Martinez, acompañado de varios agentes se presentó al domicilio del señor Barbieri, que en ese momento abandonaba el lecho, y le solicito la entrega de Casal. El señor Barbieri que ignoraba hasta entonces lo ocurrido, hizo una búsqueda en el interior de su casa, encontrando a Casal dormido en una de las dependencias, por la que dio orden de levantarse, entregándolo a la autoridad.

El cadáver – Por resolución del comisario Martinez, el cadáver de Hegoburo fue velado en el local de la Comisaria levantándose la capilla ardiente en una de las oficinas, habilitada al efecto.

Dos agentes de Policía prestaban guardia permanente y ante los despojos mortales desfilo durante todo el martes numeroso público

El arma empleada – A pesar del empeño puesto por las autoridades, no se ha podido encontrar el arma empleada por Casal presumiendo que se trata de un revólver Colt o Smith Wesson considerando la fuerza de las balas en los rastros dejados por estas y que se encuentran incrustadas en las paredes próximas al sitio de la tragedia.

Revisando el corralón lindero a la propiedad de Barbieri, la Policía encontró seis capsulas vacias, calibre 38, que se supone arrojo allí el matador. Tambien se secuestraron los revólveres del escribiente Giella y agente Navichini, los que tenían respectivamente seis y cinco capsulas vacias.

En cuanto al revólver del comisario Hegoburo, le fue encontrado en el bolsillo de atrás del pantalón, por lo que es opinión de la Policía que el muerto no iba revenido ni nunca creyo que el matador cumpliera su amenaza

El sumario – Informado el juez del crimen en turno, doctor Manuel Ureta, comunicó telegráficamente al comisario que suspendiera todo procedimiento hasta su llegada. En efecto, en el tren del miércoles llegó a nuestra ciudad el doctor Ureta y su secretario escribano iniciando de inmediato la instrucción sumarial.

Estado del herido – Según los últimos informes, ha desaparecido la gravedad en el estado del escribiente Giella a quien le fue practicada una operación para extraerle la bala.

Secuestro del arma – A pedido del señor Antonio Barbieri y en presencia de dos testigos, el juez del crimen, doctor Ureta practicó una requisa en la casa de dicho señor, encontrado entre un fardo de lienzos un revólver niquelado, cabo de nácar calibre 38 que, se supone, fue el utilizado por Casal para cometer el delito.

Texto: Jorge Oscar Lima, publicado en Comarca Patagones Viedma un viaje al pasado (en Facebook)

Foto ilustrativa: Carlos Espinosa

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