La leyenda tehuelche sobre la creación de la Patagonia

 

Según cuentan las leyendas, muchas recreadas por distintos autores, cuando la oscuridad era la que dominaba y solo se sabía de la existencia de Kooch, que poseía la deidad suprema de la cultura tehuelche y de la capacidad de crear, lo que hizo a partir de sus lagrimas y suspiros.  Aportó entonces los animales, las nubes, el mar, el viento, los ríos,  montañas y la tierra que ahora llamamos Patagonia, donde habitaban los gigantes hijos de la oscuridad.

La leyenda afirma también que hasta aquí llegó un cisne, seguido por otras especies y en su lomo transportaba a Elal, hijo de un gigante y una nube a la que llamaron Teo. Dice también la leyenda que el gigante había raptado a Teo y con ella tuvo un hijo, lo que provocó la furia del resto de sus nubes hermanas desatando una tormenta que arrasó con todo.

Cuando Kooch se enteró, anunció que su hijo Elal se convertiría también en Gigante y sería más fuerte que él, por tal motivo intentó darle muerte.

 Kooch no pudo asesinar a Elal ya que los animales lograron colocarlo en el lomo del cisne quien lo llevó a la cima del cerro Chalten donde recibió el apoyo del resto de los pájaros quienes le traían alimentos y lo protegieron con sus plumas.

Pasados los días, Elal comenzó a descender, pero pronto salieron a su encuentro “el frío” Kokesquje y la “nieve” Shie, los que tenían el apoyo del viento y todos juntos lo atacaron, aunque Elal pudo ahuyentarlos, al crear el fuego, lo que consiguió golpeando dos grandes rocas.

Basados en estas creencias o leyendas, los tehuelches, también conocidos como Patagones, consideraron a Elal el “sabio” y le adjudicaron otros adelantos para su subsistencia como la creación del “arco” y la “flecha” imprescindibles para cazar.  Entre los fenómenos que le adjudican figuran también la creación de las “estaciones”, haber logrado amansar las fieras y con el agua  modelar pequeñas estatuas de “barro”, creando entonces los hombres; “los tehuelches” a quienes Elal les enseñó los secretos vinculados a la caza, distinguir las huellas de los animales, a seguir sus rastros, elaborar señuelos y construir sus armas y lo más importante a encender el fuego, lo que les sirvió también para combatir el frio, junto con la confesión de ponchos y aprovechar los cueros para sus toldos.

Los tehuelches le atribuyen también a Elal haber echado de la tierra y el sol y están en su lugar por decisión de él y por eso influyen en las mareas, por otra parte se sostiene asimismo que además cuando hombre y animales eran lo mismo, castigó a una pareja de lobos marinos y si no hubiera sido así no existirían ni el deseo ni la muerte.

Según la leyenda también, el sabio Elal decidió que sus trabajos habían terminado y antes de despedirse dio las instrucciones finales, entre ellas que no se le rindan honores y que transmitieran todas las enseñanzas a sus hijos para que nunca mueran los secretos tehuelches.

Llamó luego a su amigo el Cisne, se subió nuevamente en su lomo y emprendió el viaje para atravesar el mar, pidiéndole que le avisara cuando se canse, para hacer surgir de un flechazo una isla en la que se quedarían a descansar para después seguir viaje.

Dice también la leyenda que desde la costa se pueden observar varias islas y en alguna de ellas vive Elal, quien se encuentra sentado frente a una hoguera inextinguible  escuchando las historias que le cuentan los tehuelches resucitados y que llegaron  para quedarse con él.

Dicen que varias de esas islas se distinguen todavía desde la costa patagónica y que, en alguna de ellas, muy lejos, adonde ningún hombre puede llegar, vive Elal, quien sentado frente a hogueras que nunca se extinguen escucha las historias que le cuentan los tehuelches que, resucitados, llegan cada tanto para quedarse con él.

Se afirma entonces que los tehuelches o Patagones fueron pueblos originarios que habitaron la región patagónica, dominando la llanura y la costa atlántica, eran nómades y según consta manejaban la oratoria mucho mas apropiadamente que la escritura y mediante ella transmitieron de generación en generación sus historias y su cultura de la que forman parte sus leyendas, las que según algunos historiadores es también parte de la nuestra.

Texto: Eduardo Reyes, periodista y escritor de Viedma

Enero del 2022

 

 

 

 

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