Inicio Destacados El agua no es tan turbia como parece. El río Negro: ¿De cristalino a contaminado?

El agua no es tan turbia como parece. El río Negro: ¿De cristalino a contaminado?

A principio de este siglo, la ciudad de Santa Fe fue azotada por una gran inundación. La cuenca del río Salado recibió varios cientos de milímetros en precipitaciones y toda esa masa de agua invadió sorpresivamente a la ciudad. Sucedió que un terraplén de contención no terminó de construirse y desde hacía varias décadas la obra estaba “parada”, pensándose que jamás ocurriría nada (tradicional pensamiento argentino).

Las imágenes del estadio del Club Colón provocaron una gran angustia como tantas imágenes devastadoras del momento; toda la zona estaba exageradamente inundada. Inundaciones las hubo muchas, son habituales en Santa Fe…, pero como esta ¡ninguna!


Es de destacar la solidaridad del pueblo argentino que colaboró con todo lo que tenía a su alcance, de la misma manera en la que se colaboró –años después- con la ciudad de La Plata. Lo lamentable en ambos casos es que las soluciones políticas llegaron con posterioridad.


Cuando ocurren estos eventos catastróficos, el daño psicológico se mantiene latente durante años y para las víctimas esto termina siendo un recuerdo muy difícil de olvidar, por más que se hagan las obras necesarias para que no vuelva a ocurrir nuevamente.


La ciudad de Santo Tomé, que es vecina a Santa Fe, incrementó su población a consecuencia del desastre de la capital santafesina. De alrededor de 60.000 habitantes se llegó en poco tiempo a superar los 100.000. Hubo que esperar a que bajen las aguas -como se dice- para que se desvaneciera de a poco el pánico.


En nuestro país se planifica con “parches”, esto no es de ahora (es de siempre). Siempre se espera a que ocurra algo grave para accionar, nunca prevenimos (que es lo que corresponde). Si no hay un profundo cambio de actitud, sobrevendrá otra catástrofe que nos encontrara ingenuamente desarmados para enfrentarla.


Donde vivo (Viedma) hay un río que da nombre también a la provincia (Río Negro). Cuando lo vi por primera vez, me llamó la atención sus aguas cristalinas, muy limpias en comparación con el río Paraná y el Salado de mis pagos, cuyos enormes caudales de aguas son turbias. Sin embargo, un día me crucé con un señor que me dijo: el Currú Leuvú (significa río Negro en lengua nativa mapuche), fue navegable hasta la localidad de General Conesa (160 kilómetros río arriba) ¡y se inundaba mucho Viedma!

Lo cierto es que una represa hidroeléctrica que se construyó en Neuquén (El Chocón- Cerros Colorados) evitó esas inundaciones regulando el caudal del río Negro… dejándolo también innavegable (ya no se usaba para la navegación formal hacía algunas décadas, así que poco importó que dejara de ser navegable para siempre). Esto que me comentó el hombre, me hizo recordar algo –anecdótico- que leí del finado Dr. Arturo Illia (que fue un destacado médico rural y Presidente de los argentinos también)…, “un medicamento te arregla de un lado y te desarregla del otro” (tan claro como el agua…).

Hoy, el río Negro (cuesta abajo) está contaminado, el agua ya no es tan cristalina, se está volviendo turbia lentamente, perdió gran parte de su caudal. Los que luchan para preservarlo de la contaminación son tratados como gente estúpida por parte de la mal llamada “clase política”. Nada aprendieron de Arturo Illía, ni de Raúl Alfonsín (ejemplos de nobleza y honestidad, virtudes que ya no se ven en política). Claro que con el proyecto del traslado de la Capital a Viedma impulsado por el Dr. Raúl Alfonsín me pregunté varias veces… ¿Qué hubiera pasado si Viedma hoy fuese Capital de Argentina?, ¿en qué se hubiera transformado toda esta zona con un muy bello río de agua cristalina?. Conste que para mí el Dr. Raúl Alfonsín es un ejemplo ciudadano…, ejemplo que no supimos imitar, pero la pregunta sigue latente dentro de mí.


El río Colorado que es límite natural entre la región patagónica y la zona húmeda pampeana, es un mísero hilo de agua (lo crucé en mi primer viaje a Viedma con caudal a pleno). ¿Cómo pudo ocurrir esto? me pregunto. Los tiempos actuales son muy diferentes a los tiempos pasados (evidentemente). Esto ya me está asustando por cierto.

Hace pocos días atrás, me invitaron a ver la final de la Copa Sudamericana en un conocido bar/restaurante de Viedma, santafesinos simpatizantes de Colón precisamente, club de fútbol que quería hacer historia en el futbol internacional queriendo vencer a Independiente del Valle (de Ecuador), la final era en la ciudad de Asunción (de Paraguay). La verdad, es que mi mente me llevó al pasado, recordando del estadio “sabalero” (Cementerio de los elefantes), llamado Brigadier López, inundado desconsideradamente por el desborde del río Salado, del terraplén maldito que se terminó de construir después de esa tragedia, y estando al mismo tiempo a pocas cuadras del río Negro… y pensaba…, es tan malo el exceso de agua como la falta de la misma (como ocurre con el río Colorado).


Si gana Colón…, ¡seguro lloverá! (pensaba)…., de pronto en Asunción se largó una torrencial lluvia (he visto pocas lluvias como esta). Al fin de cuentas…., Colón fue derrotado en un campo de juego saturado de agua. Regresé a mi casa (con mis chicos que me habían acompañado)…, algo triste por el resultado. Los santafesinos que emigramos, extrañamos esas lluvias torrenciales del Litoral, las que no son frecuentes en la Patagonia. No nos extrañó para nada observar la enorme precipitación en el estadio Defensores del Chaco.

Los seres humanos somos invasores del medio ambiente, las ciudades se emplazaron en lugares cercanos a los ríos o en las costas de los mismos porque necesitamos del agua para vivir, pero en vez de amigarnos con el medio ambiente…, lo atacamos despiadadamente vertiendo en ellos nuestras desechos.


Don Pedro Romaniuk (especialista en ovnis), decía: “En el futuro habrá que alejarse de las aguas”…, en fin, muchas predicciones hay al respecto. Lo cierto es que aquí las aguas se están alejando de nosotros, o se están contaminando inexorablemente. Romaniuk era amigo de un artista llamado Benjamín Solari Parravicini, una persona fuera de lo común por tener el don de ver el futuro (clarividente). Ambos pronosticaban cataclismos relacionados con el agua. Actualmente, muchos no comprendemos lo que ellos quisieron decir, ¿por habrá dicho esto Romaniuk? (alejarse de las aguas).


También escuché decir que las guerras del futuro…, ya no serán por el petróleo sino ¡por el agua!. Bueno…!, ¡ya no sé qué pensar!. A Ud. querido lector, ¿qué reflexión le surge de todo esto?. La mía es la siguiente: “los políticos deben ser menos políticos y mejores seres humanos…” (varias veces lo dejé por escrito), ellos son responsables de muchos “permitidos anti-ambientales” con sus procederes egoístas.

Soy consciente que mi escrito no es del todo consistente, hay muchas ideas, conectadas ¡si!…, pero no totalmente ordenadas. Cuando Ud. lea esto, tendrá un título…, pero en este preciso momento no lo tengo. Sepa disculpar hoy mi falta de coherencia. ¡Gracias!.

Mario Rubén Sosa, escritor, Viedma

Publicado en Facebook

Foto: Marcelo Minichelli – Viedma

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