Inicio Destacados Interés por cueva donde vivió Antonio Curin, misterioso poblador de la Meseta de Somuncurá

Interés por cueva donde vivió Antonio Curin, misterioso poblador de la Meseta de Somuncurá

La denominada Cueva de don Antonio Curin, ubicada a 125 kilómetros del paraje Chipauquil, donde vivió el primer poblador blanco de la Meseta de Somuncurá, sería declarada de interés histórico y cultural en la provincia de Río Negro si prospera una iniciativa de la legisladora rionegrina María Gemignani.


Refirió que “la siempre recordada Maria Inés Kopp, que fue directora del Museo de Valcheta que hoy lleva su nombre, dejó en amenas pinceladas la descripción del habitante más misterioso y pintoresco de Somuncurá: don Antonio Curin”.

“Cuenta que el primer poblador blanco que vino a vivir en la Meseta de Somuncurá fue Antonio Curin, de origen chileno y lo hizo por el año 1908. Fue un hombre que tuvo muchas yeguadas y mulares. Era soltero y envejeció en la meseta muriendo en el mismo lugar donde vivía. Sabía leer y escribir, siendo instruido. Tenía una letra muy hermosa con la que
escribía un libro diario con sus experiencias más destacadas”.

“Su patrón era Nacianceno Rial que le dio ovejas de Carmen de Patagones y cuando las trajo a la meseta encontró que hay muchos leones (pumas), no dándole el resultado esperado. Devolvió las ovejas y trae yeguarizos, alcanzando a tener hasta 400, entre caballada de andar y mulares”.

“El león desaparece cuando el zorro colorado se extiende por la meseta. En oportunidad de una expedición en esa zona de la meseta, guiados por un nieto de don Germanio Quiñelaf- relata María Inés- por entre cerros se llegó al lugar donde vivió Curin por más de 30 años. Es una cueva muy pintoresca a la que le ha dado forma de habitaciones. Ha
levantado una pared de piedras donde hizo una pequeña ventana y la arcada de una puerta. Muy amplia y cómoda donde tenía hasta su fogón”.

“En la cueva contigua otra habitación con gradas bien realizadas en las cuales podían estar cómodamente sentadas varias personas”. 

“Allí cuenta don Germanio que Curin tenía su catre. Un poco más lejos sobre unos cueros de guanaco, dormían sus perros,  también su caballo“. En ese libro diario relató la llegada de Juan Bairoletto con dos o tres bandoleros más que lo acompañaban y que hicieron noche en el lugar pero que en ningún momento hubo mal trato por parte de ellos. Todos estaban muy bien pertrechados, con sus rifles Winchester y balas 44”.

“Curin -prosigue María Inés- también tenía sus caballerizas al lado de la cueva y muy cerca de allí un gran corral de piedras. Para abastecerse de agua lo hacía de un lugar llamado “La Gotera”, en un zurrón de cuero de guanaco que llenaba de agua para tener para varios días”.

“Muy cerca de la cueva hay una cruz, donde Curin quiso que lo enterraran en el año 1934, cuando le llegó la hora de su muerte, pidiendo que lo hicieran junto a su peón Juan Painecura”.

“Curin hoy solo es un recuerdo y, aunque han pasado muchísimos años, su cruz se mantiene intacta y respetada por todos los pobladores del lugar y su casa de piedras es una de las grandes atracciones de la misteriosa meseta de Somuncurá”.

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