Muchos historiadores y estudiosos consideran que la carga de tradiciones culturales ancestrales, conformadas por supersticiones y creencias, se han mezclado con los aportes de los colonizadores españoles. Por lo tanto, subsisten en las creencias populares de distintas regiones, como también en países vecinos.
Conviene destacar que la expresión o palabra “mito” tiene origen griego y significa “relato” o “algo que se ha contado”. Entre estos aparecen entonces monstruos, bestias, apariciones y una gran variedad de tradiciones populares y nativas, desde “la Pachamama” (madre tierra) en el Norte, al “Cuero Uñudo” en los lagos del Sur patagónico, el temido “gualicho” entre los tehuelches y mapuches, como otros gigantes, “la Pericana” en la región sanjuanina o el “duende sombrerudo” de Catamarca.
Es necesario puntualizar que a diferencia de mitos y leyendas con origen griego o romanos con vinculaciones religiosas, en el país son relacionados con los relatos que han transmitido padres a hijos a lo largo de milenios.
La Patagonia fue hasta pasado el año 1.800 una región prácticamente desconocida, toda, desde su gente, su geografía ignota era una región donde todo era posible, y crecía entones la imaginación con ciudades misteriosas, monstros que habitaban los lagos, duendes y gigantes. Hoy, a pesar que se la conoce mejor los misterios y su encanto son un marco ideal para las legendarias criaturas que la habitan.
De acuerdo a registros de aquella época, los tehuelches creían y teman al “Chélep”, un enano siniestro y atribuían las bolas de boleadoras que encontraban diseminadas en el campo al “Tachwûll”, al que imaginaban un duende de aspecto animal, como un simio que habitaba cerca de la cordillera. Otros duendes malignos temidos eran el “Sechu”, otro horrendo enano identificado como el “Trauco”, carecía de dedos en sus pies que se movilizaba con muñones, y que según la leyenda se trataba de un enano contrahecho de figura repugnante, que atacaba sexualmente a las mujeres y agredía a los hombres con su hacha de piedra.
La leyenda señala que el “Trauco” tenía su pareja, la que se conocía o identificaba como “la Trauca” y entre los más temidos aparecía el “Anchimallèn”, otro diablo infame, enano cavernícola que habitaba en proximidades al Nahuel Huapi.
Existen algunas versiones que el conocido explorador y perito Francisco Pascasio Moreno fue amenazado por el cacique Saihueque con el “Anchimalleguen.” Al respecto existen versiones atribuidas al cura Mascardi que en esas cercanías hubo una batalla entre mapuches y los duendes.
Según esas versiones triunfaron los “duendes” fuertemente armados que no eran otros que “pequeños hombrecitos montañeses” nomas grandes que un “Anchimallèn” o “Anchimalleguen”, una entidad espiritual mítica de los mapuches, con poderes mágicos que aparecen como un fantasma que flota en una esfera de luz. Inicialmente los mapuches la llamaban “Doncella del Sol” que se transformó luego en un duende maligno y grotesco durante la conquista hispana.
En la zona de los lagos neuquinos aparecía o vivía el “Sompalhue”, un ser pequeño también, no más grande que un enano de piel morena, con pelo crespo y que según la leyenda bramaba como un toro.
Lo real y concreto es que en la Patagonia, según mitos y leyendas, habitan un sinfín de tenebrosos personajes como Nahuelito en el lago Nahuel Huapi al que se lo describe como “reptiliano” con cabeza de serpiente, escamas y de hasta 20 metros de largo. El “Cuero” un monstruo que se tiende en la playas y atrapa a los incautos enrollándose en quienes caminan sobre el arrastrándolos al agua para devorarlos.
Otro habitante es el “Ngurruvilu” que significa “zorro-serpiente” en lengua mapuche de larga cola que termina en un afilado gancho con el que atrapa y mata a ocupantes de botes y canoas. Entre los temidos figuran también el “trehuaco” o perro de agua, el “huallipen”, oveja o ternero, los enanos oscuros, señores de las aguas, y los “sompalhue” víboras acuáticas y muchos más.
Pero sin duda, uno de los más temidos era el mito tehuelche al que llamaban “Elêngassên, temible troglodita con caparazón, quien raptaba a las mujeres y que según los mapuches lo fusionaron con otro mito que acuerdo a sus creencias coma gente y denominaban el “pullifucha” y que posteriormente devino en el “Gualicho” o “Walichuf” seres perversos y malignos.
Lo extraño de este tema es que existen menciones en la región a otros personajes como “la Pericana”, una fea y gigantesca vieja de aspecto terrorífico de largos dientes que suele merodear en horas de la siesta y castigar a los niños, que se la ubica mayormente en la región de cuyo.
De igual manera ocurre con el “duende sombrerudo” personaje que suele mencionarse en la zona patagónica, aunque su origen, se afirma, corresponde a la provincia de Catamarca.
Otro mito que se conoce en distintas zonas del pais es el “Lobizón”, ser humano que se convierte en lobo durante las noches de viernes de luna llena, y que se tratarìa, según las creencias, del séptimo hijo varón que sale por las noches para atacar a las personas. La creencia añade que se lo debe matar con una bala de plata bendecida. Tuvo tanta trascendencia su presencia y conocido entonces, que el tema derivó en la ley que establece que el presidente de la Nación apadrina a los séptimos hijos varones, como forma de aplacar la creencia de este mito.
Texto: Eduardo Reyes
Las Grutas — Rio Negro
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