Río Negro: Expedición a Caleta de los Loros, rescate de los restos de un naufragio

La Reserva de Usos Múltiples Caleta de los Loros-Pozo Salado-Punta Mejillón se ubica en la margen Norte del Golfo San Matías, al Este de la provincia de Río Negro. Se extiende a lo largo de un frente de aproximadamente 18 kilómetros de costa. La reserva fue creada con el objetivo de “asegurar la conservación del sector de costa frente a las acciones del hombre y para conciliar la dinámica natural con la actividad humana”.

Hacía muchos años que los dueños de los campos vecinos a la Caleta de los Loros y los pescadores de San Antonio Oeste que iban allí a pescar, conocían la existencia de los restos de un naufragio. El barco estaba totalmente enterrado en la arena, pero durante la década de 1960 sobresalía el palo mayor.

 Como sucede muchas veces con los habitantes de un lugar, la familiaridad con el paisaje y los objetos que lo componen no presenta inquietud ni curiosidad alguna. Están ahí, son parte de su entorno.

Pero a fines de la década del ´60, el periodista Roberto Vacca, recordado por la serie televisiva “Historia de la Argentina secreta”, publicó este naufragio en la revista Siete Días y puso en boca de todos a este pecio. (El camarógrafo de “Historias de la Argentina secreta”  fue, durante siete años, Sergio “Flecha” Pérez, vive en Las Grutas y, tal vez, como lo que decía anteriormente, por formar parte de nuestro entorno, de cruzarlo a diario por la calle, no se miden los aportes que un hombre con esta experiencia puede aportar al quehacer cultural de la ciudad)

La expedición estuvo integrada por:

Roberto Vacca (Periodista de la revista Siete Días.)

Rojas (Fotógrafo de la revista)

Vecinos de San Antonio Oeste:

“Yayo” Leal, Jorge Denughes, Alejandro Izco, Emilio kanje

Arnoldo Falcoff (Buzo profesional del Instituto de Biología Marina de San Antonio Oeste), “Cato” Rojas

Juan Domingo Navarrete y su padre (pescadores), Rubén Centeno (Pescador), Omar Madariaga (Prefectura Naval Argentina).

La curiosidad, ese deseo genuino de averiguar algo o de descifrar aquello que a simple vista no resulta evidente, movilizó a dos buzos sanantonienses, Poul Pedersen y Amanlio Giordano quienes, en 1974, teniendo como punto de partido el artículo de la revista Siete Días bucearon en la Caleta de los loros para inspeccionar el lugar.

Fue así que encontraron en el lugar del naufragio, un caldero de buenas proporciones, una olla de hierro fundido que sobresalía por sobre el banco de arena unos 25 o 30 centímetros. De nuevo en la playa idearon la manera de llevarla a tierra.

En febrero volvieron a la Caleta de los Loros llevando 5 tambores vacíos de 200 litros que ataron a la olla en marea baja. Cuando subió el mar, el poder de flotación de los tambores, extrajo la olla del banco de arena y luego, cuando la marea volvió a bajar y ellos pudieron ingresar, la cargaron en un trailer y la llevaron a San Antonio Oeste.

 Estuvo algún tiempo en el patio de la casa de Amanlio Giordano en la Avda Belgrano 1248, mucha gente pasaba para verlo, luego estuvo en el Club Naútico y por último fue llevada al Museo de San Antonio Oeste que se quemó hace unos años, pero el caldero sigue aun ahí.

 Muchos elementos más fueron encontrados, Pedro Perdersen, hijo de Poul Pedersen e integrante de la expedición para reflotar la olla, comentó lo siguiente:

“Papá tenía la revista, pero no la pude encontrar. Visité la Biblioteca Nacional en CABA pero tampoco tenían ese número. Del INAPL (Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano) contactaron a Roberto Vacca para tratar de conseguir más información y una copia del artículo, pero en ese momento estaba internado y lamentablemente falleció un tiempo después”.

 “Respecto a los elementos que se encontraron en el lugar, traté de armar un listado (seguramente incompleto), pero lamentablemente son todas piezas que desaparecieron o están en manos de privados”.

 “De las diferentes entrevistas que tuve, armé este listado:

Una especie de libro grande con tapas de cuero muy bien conservadas, pero casi sin hojas. (¿Bitácora?).

Gran cantidad de esferas de acero de un centímetro de diámetro y unas pocas eran de 5 cm de diámetro.

Parte de un arma. Le faltaba gran parte del caño (por corrosión) y parte de la culata. Solo estaba el mecanismo percutor similar a los rifles de pedernal.

Barriles pequeños con tapa a rosca (Bronce). Podrían ser barriles de pólvora.

Muchos candados con las letras V.R. grabadas.

(Candado inglés de finales del siglo XIX, forjado a mano con la Cifra de la Reina, acompañado de las iniciales de Victoria, “VR” por “Victoria Regina” (en latín, “Reina Victoria”). Esto indica que el candado fue fabricado en la época de su reinado (1837 – 1901).

Un zapato con hebilla grande y suela de madera.

Muchos flejes de plomo de dos metros de largo por cuatro a cinco centímetros de ancho,

Muchos clavos de bronce, de sección cuadrada de un centímetro de lado y 30 cm de largo. La descripción coincide exactamente con el clavo que Poul Pedersen encontró en una tabla desprendida del pecio, y con la forma de los agujeros de la tabla que encontré en el 2014.

Un reloj de pared y una brújula. En uno de estos artefactos estaba grabado el nombre del barco, pero el entrevistado no recuerda el nombre. Asegura que no era Mary Jane.

Bolsas con anillos.

Muchas piezas de chapa de bronce que se usaba para forrar el casco de los barcos y evitar las incrustaciones.

Trozos de cables de acero forrados con una especie de soga fina alquitranada. Los cables no eran trenzados, sino como si fueran alambres paralelos. Seguramente correspondían a la jarcia fija (obenques)

Frascos y jeringa de vidrio.

Catalejo de bronce con inscripciones.

En el artículo de la revista Siete Días se menciona un reloj del año 1711 pero en ese año no existían este tipo de cronómetro marino. Se le llama cronómetro porque eran relojes de mucha precisión que se utilizaban para establecer la posición del barco. El fabricante de este cronometro (Hewitt & Son) identificaba con un número de serie a cada cronómetro que fabricaban. Por la ubicación de la inscripción 1711, este número corresponde al número de serie y no al año.

Algunos integrantes de la expedición mencionan que no pertenecía al pecio ni fue rescatado en el lugar. Este tipo de cronómetros eran instrumentos muy comunes en los barcos que atracaban en el puerto de San Antonio, a principios del siglo XX.

Las piezas (La denominación técnica que utilizan los arqueólogos es “artefactos”) que encontramos nosotros estaban diseminadas alrededor de la olla. Dentro de la olla no encontramos nada”.

Los habitantes de San Antonio Oeste se vieron sorprendidos por este hallazgo y, no faltaron las mil y una leyendas que se tejieron al respecto, se hablaba de un barco pirata que en una batalla feroz con los españoles habían capturado ese botín, también esa bolsa de anillos encontrada era una posesión preciosa para la gente que hacía lo imposible para poseer uno del que,más temprano que tarde, después, querían deshacerse porque otra de las leyendas que circulaban era que quien poseyera uno sería perseguido por la mala suerte hasta el día de su muerte.

 Por esto, y más allá que todos estos relatos que el imaginario de la gente hace enriquecer noches de largas charlas, es muy importante la investigación realizada por Pedro Pedersen para acercarnos a la verdadera historia.

 HIPÓTESIS DE QUE EL BARCO QUE NAUFRAGÓ EN LA CALETA DE LOS LOROS ES LA GOLETA (2) ELIZA JANE.                                                                                                           Investigación de Pedro Pedersen

Esta hipótesis surge de una referencia hallada en la publicación Thefisheries and fishery industries oftheUnitedStates, donde se transcribe el siguiente relato del Capitán George F. Athearn:

“Me embarqué en el Eliza Jane de New Bedford, el 24 de octubre de 1861, y luego de una dura navegación en las cercanías del Cabo de Horno, en los meses de mayo y junio, y después de perder un ancla y haber salido de varios apuros, subí por la costa este de la Patagonia y naufragué el 5 de agosto de 1862, 60 millas dentro del golfo, al oeste del Río Negro, en una fuerte tormenta del sur. Todos sufrimos mucho la falta de agua antes de arribar al río, cuya travesía la hicimos sin la pérdida de un hombre.

 (La distancia de 60 millas náuticas coincide casi exactamente con la que hay desde Caleta de los Loros hasta la desembocadura del Río Negro, medido sobre la costa)”.

El libro está disponible en formato electrónico.

El Eliza Jane es el único hundimiento registrado en Caleta de los Loros, por esta razón se supone que el caldero hallado pertenece a esta embarcación.

 El Eliza Jane pertenecía a Swift & Perry de esta ciudad, y al capitán Athearn, y había partido desde aquí el 24 de octubre de 1861 en un viaje de caza de lobos marinos. Estaba valuado en $5.000. No estaba asegurado.

Los viajes registrados de la goleta Eliza Jane son 18, donde el último (año 1862) corresponde al supuesto naufragio en Caleta de los Loros.

El caldero encontrado junto al pecio es del tipo try-pot y se usaba para derretir grasa.

Este hecho es curioso porque si el pecio corresponde a la goleta Eliza Jane, en un viaje dedicado a la caza de lobos, seguramente se debía a que se aprovechaba el hecho que, en algunos sitios costeros, convivían los lobos con los elefantes marinos, y estos últimos se cazaban con el solo objetivo de obtener el aceite derritiendo su grasa, ya que la piel no era de utilidad.

A estos viajes se los denominaba “mixtos”, y comenzaron a hacerse frecuentes con posterioridad al año 1820.

Los barcos loberos llevaban un caldero (try-pots) como parte de su equipamiento habitual. El aceite obtenido de los elefantes marinos de los mares del sur competía en calidad con el de la ballena y tenía muy buen precio.

 El auge de la caza de elefantes marinos ocurrió entre los años 1840 y 1870. En esos años, en la zona de puerto Madryn y la costa sur del golfo San Matías se encontraba esta especie de Elefantes marinos, lo mismo que en la costa Norte.

Todo esto pareciera indicar que el capitán Athearn ya conocía las costas patagónicas y la existencia de elefantes marinos, por lo que asumió el riesgo de afrontar todas estas dificultades, a las que un capitán que recorre por primera vez una costa desconocida no hubiera afrontado.

La actividad desarrollada por el capitán Athearn, las características de la goleta Eliza Jane y la zona de Caleta de los Loros tiene varios puntos en común.

El primero es la existencia de lobos marinos en esa zona en el siglo XIX. Alcided’Obrigny describe la costa de la “Ensenada de los Loros” como poblada de mayor cantidad de lobos marinos que Bahía Rosas. (denominada por él como “Bahía Ros”). Refiere que los lobos habían sido muy perseguidos por los habitantes de Carmen y, a partir del año 1821, por barcos norteamericanos y que, debido a la escasez de elefantes marinos, comenzaron la caza de lobos marinos.

Una sola nave, en dos meses, recogió de 15.000 a 20.000 pieles. Para este entonces el precio de las pieles de lobos se había elevado a un franco y 25 céntimos. Esto, según él, expulsó a los lobos marinos hacia el Oeste, poblando la ensenada Ros y Caleta de los Loros.

 Para el año 1823 el precio cayó considerablemente y se dejó de cazar, aunque algunos habitantes del Carmen seguían con esta actividad, ya no por las pieles, sino para extraerles la grasa que hervían para conseguir un aceite de quemar, muy requerido por ser límpido e inodoro. Actualmente no se observan colonias de lobos marinos en Caleta de los Loros.

(1) PECIO: es un término que se refiere a los restos de una nave o artefacto fabricado por el ser humano, que se hunde en una masa de aguaLa palabra proviene del latín pecium, que significa “fragmento o pieza rota”. Los pecios pueden ser objeto de estudio o de explotación por parte de arqueólogos, historiadores, buceadores o caza tesoros.

(2) GOLETA: Una goleta es un tipo de embarcación de vela con dos o tres mástilesSe caracteriza por ser fina, es decir, que corta el agua fácilmente gracias a su trazaLas goletas se usaban principalmente para el transporte de carga, el comercio y la pescaEn la actualidad, las goletas son populares para el turismo, especialmente en la costa de Turquía.

Texto: Patricia Capovilla. Escritora sanantoniense.

Fuentes: “Crónica de un pueblo con sed de progreso”.

Autora: Patricia Capovilla

Testimonio e Investigación Pedro Pedersen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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