De tal forma que se entendían en un lenguaje común, manteniendo conversaciones sobre cuestiones cotidianas o discutiendo sobre temas comunes y de interés general.
Entre muchos de esos cuentos o leyendas aparece el zorro como personaje principal y en la mayoría hace valer su astucia y picardía, aunque no siempre sale airoso y en ocasiones suele pagar cara su osadía. Conviene señalar que en este tipo de narrativa, los personajes como diversos elementos pueden convertirse en animales, humanos, piedras o cerros.
Es importante indicar además que tanto animales como humanos pueden tener poderes sobrenaturales y en este caso algunas acciones tienen como propósito vencerlas.
El libro de Mario Echeverría Baleta “Cuentan los Chonkes, leyendas de la Patagonia tehuelche” contiene un buen número de estos cuentos que nos permite o posibilita conocer con más profundidad aspectos del pensamiento, la cultura y la vida de los habitantes de la Patagonia.
En esa época que nos ocupa, cuando animales y humanos eran iguales, un chonke y un zorro acordaron salir a cazar con el propósito de lograr alimentos para su familia, pero las jornadas fueron improductivas, el chonke preguntó entonces al zorro que hacer y éste respondió que no se le ocurría nada.
El chonke recordó entonces que en la recorrida, había visto un avestruz y le propuso al zorro ir por el aunque dudo del éxito porque no había traído sus boleadoras. El zorro se mostro dispuesto a acompañar al chonke y opinó que algo se les iba a ocurrir por el camino y propuso distraer al avestruz para intentar cazarlo o de lo contrario robarle los huevos.
El plan acordado entonces fue distraerlo para robarle los huevos y en un primer intento se apoderaron de dos, pero la reacción del avestruz fue inmediata y el zorro recibió picotazos y patadas que lo dejaron bastante maltrecho.
Reconoció por tal razón el zorro que fue imprudente y debió aguardar que el avestruz abandone el nido para robarse algunos huevos. Mientras planeaban otra estrategia, el chonke se unió a otros cazadores que perseguían avestruces en tanto el zorro divisó a un grupo de avutardas que anidaban en una isla y allí se dirigió, pero no advirtió que aquí las que empollan son las hembras y los machos custodian, los que le cayeron en bandada propinándole la segunda paliza en el dìa.
Cuando se repuso, observó que a lo lejos se levantaba una columna de humo y hacia allí se dirigió y para su suerte se encontró con dos chonkes que asaban un avestruz y que al verlo lo invitaron a compartir el almuerzo.
Tras las experiencias vividas, el zorro sacó como conclusión que para salir a cazar lo mejor era ir de a dos, que se complementen y sepan hacerlo bien, por ello aceptó complacido un invite que le hizo el puma con ese propósito. El puma le tenía afecto al zorro, al punto que lo llamaba “mi sobrino”, ya que estimaba que ambos coincidían en sus procederes e instintos.
El primer día caminaron mucho y cazaron poco, lejos de sus pretensiones, por lo tanto el puma solicitó al zorro que lleve la pequeña pieza a su mujer y que luego le enviarían mas. El zorro cumplió con una parte pero pretendió además sacar provecho y le dijo a la hembra puma que su marido le encargo que se acueste con ella. Por lo tanto la Puma obediente dijo que si era una orden de su marido eso debían hacer.
El zorro no volvió al encuentro del puma, pero cuando éste regresó a su casa la hembra lo puso al tanto de lo ocurrido lo que enojó al puma por el engaño y prometió darle un escarmiento. Como el zorro no aparecía, el puma hizo correr la noticia que estaba enfermo pero tampoco logró que apareciera, entonces elevó la apuesta y la noticia decía ahora que el puma había muerto.
Ahora si la información atrajo al zorro, que llegó montado en un guanaco, pero ni bien desmontó se dio cuenta que era un engaño y el puma estaba vivo, por lo tanto salió corriendo y no lo pudieron alcanzar.
El zorro pensó otra picardía y al día siguiente lo encontraron sobre un árbol y anticipando que vendría una gran tormenta, que provocaría una inundación, por lo tanto para salvarse se ataría al árbol y convenció a otros animales incluido el puma a que tomen las mismas medidas. Tras atar al resto dijo que él se ataría entre los matorrales y rápidamente desapareció.
El puma, al observar el cielo y advertir que no mostraba siquiera una nube, se dio cuenta que otra vez habían sido engañados por el astuto zorro, que en su huída llegó a casa del carancho a quien le hizo el mismo cuento de la tormenta pero este no le creyó.
No solo eso, sino que el carancho anticipándose a una nueva treta del astuto y pícaro zorro, en un descuido de éste tomo una brasa y se la puso en la cola logrando que al sentir que se quemaba, el zorro emprendió veloz carrera hasta desaparecer.
Texto: Eduardo Reyes, escritor de Viedma
Las Grutas — Río Negro
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