Submarino: El cabo Mario Toconás sufrió dos accidentes: con una moto y trabajando

 

 

El cabo principal Mario Toconás, de 36 años, sufrió dos accidentes en el último tiempo. Uno de tránsito, con una moto. Y otro más reciente en una mano, mientras realizaba tareas en la Armada. De los dos salió adelante y pudo embarcarse en este último viaje del ARA San Juan , donde se especializa en armas submarinas.

En Mar del Plata, lo esperan su mujer, Ruth Gómez, embarazada de cuatro meses, y su hijo Benjamín, de nueve. Pero no están solos: los familiares del matrimonio llegaron de distintas provincias para acompañarlos y seguir cada detalle de la búsqueda. “Todavía estamos enteros. Después te caés, te volvés a levantar y te caés de nuevo. No es fácil. La verdad no se va a saber hasta que encuentren el submarino”, dice Alejandra Aguilera, una de los siete hermanos de Mario, en la Base Naval de Mar del Plata, donde pasan varias horas todos los días.

Los Toconás son nacidos en Jujuy, pero criados en Sierra Grande, Río Negro. Cruzaron el país rumbo Sur porque su padre empezó a trabajar en la mina de hierro de esa ciudad. Pero a Mario siempre le tiró la Armada y se fue a estudiar a Punta Alta y luego a Buenos Aires. Ahí conoció a Ruth, oriunda de Salta, y juntos se instalaron en Mar del Plata, y no se separaron más.

“Él es muy tranquilo, muy familiero, muy reservado. Le gusta estudiar. Vive estudiando. Todo el tiempo se está perfeccionando”, dice Alejandra. Sus intereses y conocimientos iban incluso más allá de los submarinos: se formó como electricista, había aprendido a instalar alarmas en las casas, y hasta hizo cursos de tapicería.

El jueves pasado, cuenta Alejandra, toda la familia se llevó un doble disgusto. Ruth se encontraba en la base naval cuando, de primera mano, y antes de que se informara de forma oficial a la prensa, la Armada les avisó a los familiares ahí presentes que se había registrado un evento “consistente con una explosión” en la zona donde se busca al Ara San Juan. Al escuchar esas palabras, Ruth se desmayó. Enseguida la llevaron a una clínica, y al final de la jornada le dieron el alta.

A Benjamín no le dieron demasiados detalles de lo que está pasando. Sabe que su padre salió a bordo del submarino, que se perdió, y lo están buscando. Nunca lo llevan a la base y se distrae con la compañía que le dan estos días los primos de su edad.

“Estamos cansados física y psicológicamente. Pasan los días y es desgastante. Lloramos y no lloramos. Pero estamos ahí en el medio -dice Alejandra-. No decimos nada cuando nos dan las novedades. Sólo escuchamos. Más de eso no podés hacer. Cuando hablaron de explosión pensamos lo peor. Pero por ahora son todos indicios. Si no lo ves, no sabés si es cierto.”

 

TÉLAM

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